UN ESPACIO Y TIEMPO
DE ORACIÓN EN EL SILENCIO
¡GRACIAS SEPTIEMBRE POR RECUPERARLO!
«Sintamos la bienvenida del lugar (las piedras, las maderas, el aire,
los seres vivos y los metales).
Sintamos la bienvenida del motivo que nos ha acercado hasta aquí y
que habita en nuestra alma. La bienvenida del Espíritu Santo que siempre está.
Sentir es una manera de poner la atención donde estamos, en lo que hacemos.
La atención nos abre, nos posibilita reconocer la Presencia y las bienvenidas.»
Así empezamos nueve personas estrenando el nuevo septiembre que nos posibilita encontrarnos junt@s para lo que realmente quiere nuestro ser. Somos 16 personas las que nos hemos dado permiso este año, para hacer esta andadura en este espacio y en este tiempo.
Nuestro anhelo es comunicar, posibilitar, impulsar que otras personas vayan construyendo, con otr@s puede ser con nosotr@s, su espacio y tiempo de encuentro con Dios.
Han pasado varios días y la intensidad de la vida nos aleja de lo que hemos hecho. No quiero dejar de intentar algún recuerdo para mi significativo. Me quede impresionado por el compartir significativo. Habilitamos, como dinámica del encuentro, varios momentos cortos pero como nos enseña nuestra Teresa, rodeados en una atmósfera de la Presencia. Intenso la vivencia en clave de la relación con Dios (que Dios, que yo, que tipo de relación y en que tiempo vital). No es lo mismo pensar que entender como nos dice la la Santa. Ni es lo mismo entender que comunicar como también nos dijo.
Solo queremos compartir los textos con los que oramos una hora junt@s el primero y a solas, otra hora, en la naturaleza, si así lo queremos en el segundo.
1 y 2 Capt. de las CUARTAS MORADAS (Extracto del Original)
CAPÍTULO 1
Trata de la diferencia que hay de contentos y ternura en la oración y de gustos, y dice el contento que le dio entender que es cosa diferente el pensamiento y el entendimiento. – Es de provecho para quien se divierte (distrae) mucho en la oración.
1. Para comenzar a hablar de las cuartas moradas bien he menester lo que he hecho, que es encomendarme al Espíritu Santo y suplicarle de aquí adelante hable por mí, (…).
2. Como ya estas moradas se llegan más adonde está el Rey, es grande su hermosura y hay cosas tan delicadas que ver y que entender, que el entendimiento no es capaz para poder dar traza (razón) (…). Parecerá que para llegar a estas moradas se ha de haber vivido en las otras mucho tiempo; y aunque lo ordinario es que se ha de haber estado en la que acabamos de decir, no es regla cierta, como ya habréis oído muchas veces; porque da el Señor cuando quiere y como quiere y a quien quiere, como bienes suyos, que no hace agravio a nadie.
3. En estas moradas pocas veces entran las cosas ponzoñosas, y si entran no hacen daño, antes dejan con ganancia. (…).
4. Pues hablando de lo que dije que diría aquí, de la diferencia que hay entre contentos en la oración o gustos, los contentos me parece a mí se pueden llamar los que nosotros adquirimos con nuestra meditación y peticiones a nuestro Señor, que procede de nuestro natural (nosotros mismos, nuestro “ego”), aunque en fin ayuda para ello Dios, que hase de entender (ha de entenderse) en cuanto dijere (en lo que diga) que no podemos nada sin El; mas nacen de la misma obra virtuosa que hacemos y parece a nuestro trabajo lo hemos ganado, y con razón nos da contento habernos empleado en cosas semejantes. (…) En fin, comienzan de nuestro natural mismo y acaban en Dios. Los gustos comienzan de Dios y siéntelos el natural y goza tanto de ellos como gozan los que tengo dichos y mucho más. (…)
5. (…).Los contentos que están dichos no ensanchan el corazón, antes lo más ordinariamente parece aprietan un poco, aunque con contento todo de ver que se hace por Dios; (…).
6. (…)
7.(…). Sólo quiero que estéis advertidas que, para aprovechar mucho en este camino y subir a las moradas que deseamos, no está la cosa en pensar mucho, sino en amar mucho; y así lo que más os despertare a amar, eso haced. Quizá no sabemos qué es amar, y no me espantaré mucho; porque no está en el mayor gusto, sino en la mayor determinación de desear contentar en todo a Dios y procurar, en cuanto pudiéremos, no le ofender, y rogarle que vaya siempre adelante la honra y gloria de su Hijo y el aumento de la Iglesia Católica. Estas son las señales del amor, y no penséis que está la cosa en no pensar otra cosa, (…).
8. (…) habrá poco más de cuatro años que vine a entender por experiencia que el pensamiento (o imaginación, porque mejor se entienda) no es el entendimiento, (…).
9. ¡Oh Señor, tomad en cuenta lo mucho que pasamos en este camino por falta de saber! Y (…), porque no consideran que hay un mundo interior acá dentro; (…) y nos parece que estamos perdidas y gastado mal el tiempo que estamos delante de Dios; y estáse el alma por ventura (por suerte) toda junta con El en las moradas muy cercanas, y el pensamiento en el arrabal (exterior) del castillo (…)Y por la mayor parte (la mayoría de las veces), todas las inquietudes y trabajos vienen de este no nos entender (no entendernos).
10. (…).
11. (…)
12. Conozcamos nuestra miseria, y deseemos ir adonde «nadie nos menosprecia»; (…) porque todos los menosprecios y trabajos que puede haber en la vida no me parece que llegan a estas batallas interiores. (…). Por eso, llevadnos, Señor, adonde no nos menosprecien estas miserias, que parecen algunas veces que están haciendo burla del alma.(…).
13. Y (…) estas miserias (…) como cosa tan penosa para mí, pienso que quizá será para vosotras así y (…)si acertase alguna vez a daros a entender cómo es cosa forzosa, y no os traiga inquietas y afligidas, sino que dejemos andar esta tarabilla de molino (que dejemos de dar vueltas a los pensamientos o imaginaciones) y molamos nuestra harina, no dejando de obrar la voluntad y entendimiento.
14. Hay más y menos en este estorbo, conforme a la salud y a los tiempos. (…) tengamos paciencia. Y porque no basta lo que leemos y nos aconsejan, que es que no hagamos caso de estos pensamientos, (…). Mas es menester y quiere Su Majestad que tomemos medios y nos entendamos, y lo que hace la flaca imaginación y el natural (“ego”) y demonio no pongamos la culpa al alma.
CAPÍTULO 2
Prosigue en lo mismo y declara por una comparación qué es gustos y cómo se han de alcanzar no procurándolos.
1. (…)
2. Los que yo llamo «gustos de Dios» -que en otra parte lo he nombrado «oración de quietud»- es muy de otra manera, como entenderéis las que lo habéis probado por la misericordia de Dios. Hagamos cuenta, para entenderlo mejor, que vemos dos fuentes con dos pilas que se hinchen (llenan) de agua, (…).
3. Estos dos pilones se hinchen de agua de diferentes maneras: el uno viene de más lejos por muchos arcaduces (cubos de la noria) y artificio; el otro está hecho en el mismo nacimiento del agua y vase (se va) hinchendo (hinchando) sin ningún ruido, y si es el manantial caudaloso, como éste de que hablamos, después de henchido este pilón procede (produce) un gran arroyo; ni es menester artificio, ni se acaba (ni se necesita)el edificio de los arcaduces, sino siempre está procediendo agua de allí. Es la diferencia que la que viene por arcaduces es, a mi parecer, los «contentos» que tengo dicho que se sacan con la meditación; porque los traemos con los pensamientos, ayudándonos de las criaturas en la meditación y cansando el entendimiento; y como viene en fin con nuestras diligencias, hace ruido cuando ha de haber algún henchimiento de provechos que hace en el alma, como queda dicho.
4. Estotra fuente, viene el agua de su mismo nacimiento, que es Dios, y así como Su Majestad quiere, cuando es servido hacer alguna merced sobrenatural, produce con grandísima paz y quietud y suavidad de lo muy interior de nosotros mismos, yo no sé hacia dónde ni cómo, ni aquel contento y deleite se siente como los de acá en el corazón -digo en su principio, que después todo lo hinche (hincha), vase (se va) revertiendo este agua por todas las moradas y potencias hasta llegar al cuerpo; que por eso dije que comienza de Dios y acaba en nosotros; que cierto, como verá quien lo hubiere probado, todo el hombre exterior goza de este gusto y suavidad.
5. Estaba yo ahora mirando -escribiendo esto- que en el verso que dije: que ensanchó el corazón; y no me parece que es cosa -como digo- que su nacimiento es del corazón, sino de otra parte aun más interior, como una cosa profunda. Pienso que debe ser el centro del alma, como después he entendido (…).
6. Tornando al verso, en lo que me puede aprovechar, a mi parecer, para aquí, es en aquel ensanchamiento; que así parece que, como comienza a producir aquella agua celestial de este manantial que digo de lo profundo de nosotros, parece que se va dilatando y ensanchando todo nuestro interior y produciendo unos bienes que no se pueden decir, ni aun el alma sabe entender qué es lo que se le da allí. Entiende una fragancia -digamos ahora- como si en aquel hondón interior estuviese un brasero adonde se echasen olorosos perfumes; ni se ve la lumbre, ni dónde está; mas el calor y humo oloroso penetra toda el alma y aun hartas veces -como he dicho participa el cuerpo. Mirad, entendedme, que ni se siente calor ni se huele olor, que más delicada cosa es que estas cosas; sino para dároslo a entender. Y entiendan las personas que no han pasado por esto, que es verdad que pasa así y que se entiende, y lo entiende el alma más claro que yo lo digo ahora; que no es esto cosa que se puede antojar (desear), porque por diligencias que hagamos no lo podemos adquirir, y en ello mismo se ve no ser de nuestro metal (nosotras mismas), sino de aquel purísimo oro de la sabiduría divina. Aquí no están las potencias unidas, a mi parecer, sino embebidas y mirando como espantadas (admiradas) qué es aquello.
7. (…)
8. La voluntad bien me parece que debe estar unida en alguna manera con la de Dios; mas en los efectos y obras de después se conocen estas verdades de oración, que no hay mejor crisol para probarse. Harto gran merced es de nuestro Señor, si la conoce quien la recibe, y muy grande si no torna atrás. Luego querréis, mis hijas, procurar tener esta oración, y tenéis razón; que -como he dicho- no acaba de entender el alma las que allí la hace el Señor y con el amor que la va acercando más a Sí, que cierto está desear saber cómo alcanzaremos esta merced. Yo os diré lo que en esto he entendido.
9. Dejemos cuando el Señor es servido de hacerla porque Su Majestad quiere y no por más. El sabe el porqué; no nos hemos de meter en eso. Después de hacer lo que los de las moradas pasadas, ¡humildad, humildad! Por ésta se deja vencer el Señor a cuanto de él queremos; y lo primero en que veréis si la tenéis, es en no pensar que merecéis estas mercedes y gustos del Señor ni los habéis de tener en vuestra vida. Diréis me (me diréis)que de esta manera que ¿cómo se han de alcanzar no los procurando?(no procurándolos) – A esto respondo que no hay otra mejor de la que os he dicho y no los procurar(no procurarlos), por estas razones: la primera, porque lo primero que para esto es menester es amar a Dios sin interés; la segunda, porque es un poco de poca humildad pensar que por nuestros servicios miserables se ha de alcanzar cosa tan grande; la tercera, porque el verdadero aparejo(preparación) para esto es deseo de padecer y de imitar al Señor y no gustos; la cuarta, porque no está obligado Su Majestad a dárnoslos, y sabe mejor que nosotros lo que nos conviene y quién le ama de verdad; y así es cosa cierta, yo lo sé, y conozco personas que van por el camino del amor como han de ir, por sólo servir a su Cristo crucificado, que no sólo no le piden gustos ni los desean, mas le suplican no se los dé en esta vida. Esto es verdad. La quinta es, porque trabajaremos en balde, que como no se ha de traer esta agua por arcaduces como la pasada, si el manantial no la quiere producir, poco aprovecha que nos cansemos. Quiero decir que aunque más meditación tengamos y aunque más nos estrujemos y tengamos lágrimas, no viene este agua por aquí. Sólo se da a quien Dios quiere y cuando más descuidada está muchas veces el alma.
10. Suyas somos, hermanas; haga lo que quisiere de nosotras; llévenos por donde fuere servido. Bien creo que quien de verdad se humillare y desasiere (digo de verdad, porque no ha de ser por nuestros pensamientos, que muchas veces nos engañan, sino que estemos desasidas del todo), que no dejará el Señor de hacernos esta merced y otras muchas que no sabremos desear. Sea por siempre alabado y bendito, amén.
22- Septiembre- 2018. Hoz de Anero
Texto para el segundo momento; nosotros lo llamamos de Formación siguiendo una dinámica muy de Clara.
SANTA TERESA, MAESTRA DE EXPERIENCIA
Método de recogimiento.(Extracto)
Teresa dice que “la sustancia de la perfecta oración” no está en el pensamiento sino en el amor”. De ahí su famosa definición: “que no es otra cosa oración mental, a mi parecer, sino tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama” (Vida 8,5). “Y así, lo que más os despertare a amar, eso haced” (4ª Moradas 1, 7). Teresa propone su “modo de proceder”, que ella llama “oración de recogimiento”.
Pero recogerse no es ensimismarse. La interioridad no es un refugio para aislarnos del mundo; al contrario, es el lugar donde nos experimentamos como desfondados, remitidos a los otros, al Otro que nos precede y funda. El esfuerzo de recogimiento no se reduce, pues, a las técnicas de concentración o a la lucha metódica contra las distracciones; va dirigido a vaciar el propio interior, a purificar el corazón hasta que reflejela Presencia que lo habita. La llamada a la interioridad es una fuerza de gravedad que procede de más allá de nosotros y nos lleva más allá de nosotros mismos. Se trata de recogerse hasta trascenderse, de entrada en lo más interior de uno mismo y de salida irreprimible más allá de sí mismo, de adentrarse con Dios en el centro más secreto de uno mismo para encontrar allí el secreto originario de Dios y de la persona: Jesucristo, “lleno de gracia y de verdad” (Juan 1,14). Sólo quien se trasciende, quién va más allá de sí mismo, saliendo literalmente de sí, desposeyéndose de toda pretensión de dominio, podrá descubrir la trascendencia.
La trascendencia no es, como a veces se piensa, un estar más allá de las cosas, sino un modo de estar en ellas. Dios no es trascendente a las cosas, sino en las cosas mismas, pues está formal e intrínsecamente en ellas. La trascendencia, por tanto, equivale a ver divinamente las cosas. En esto consiste precisamente la experiencia de Dios.
Según esto, habría que hablar de dos momentos distintos, de un recogimiento activo y de un recogimiento pasivo.
a) Recogimiento activo: “Representar a Cristo dentro de mi”.-
El recogimiento es capacidad de escucha, de ponerse en actitud receptiva, en un clima de silencio y de calma interior.“Representad al mismo Señor junto con vos y mirad con qué amor y humildad os está enseñando” (Camino de perfección 26,1).
La representación interior que propone Teresa es un ejercicio de fe y amor: no consiste en una evocación imaginaria, en reproducir una imagen visual, sino en avivar la fe que percibe sin ver la presencia orante de Cristo. “Se de una persona… que procuraba recoger los sentidos para que entendiesen tan gran bien. Considerábase a sus pies y lloraba con la Magdalena, ni más ni menos que si con los ojos corporales le viera en casa del fariseo; y aunque no sintiese devoción, la fe le decía que estaba bien.
b) Recogimiento pasivo: “Mire que le mira”.-
Toda oración cristiana existe únicamente si se mantiene en el espacio abierto por la oración de Cristo, en cuya oración por excelencia del Padrenuestro, él mismo introduce en ella al orante y, por tanto, la continúa y la amplia. De ahí la advertencia de Teresa: “¿Pensáis que se está callando? Aunque no le oímos, bien habla al corazón… Mirad las palabras que dice aquella boca divina, que en la primera entenderéis luego el amor que os tiene, que no es pequeño bien y regalo del discípulo ver que su maestro le ama” (Camino de perfección 24,5; 26,10).
Se trata, pues, de mantener una atención amorosa. Una mirada en la que el alma se vacía de todo contenido propio para recibir al que mira: “Mirad que no está aguardando otra cosa sino que le miremos” (Camino de perfección 26, 1-3). “Tratad con él como con padre y como con hermano y como con señor y como con esposo; a veces de una manera, a veces de otra, que él os enseñará lo que habéis de hacer para contentarle” (Camino de perfección 28,3).
La mirada es un itinerario hacia la profundidad escondida, en una búsqueda más allá de lo visible. Pues bien, cuando en ese trato amoroso el orante ya no es el que mira, sino el mirado, el que se deja penetrar por la mirada de Cristo, se produce entonces el momento contemplativo de la oración, de recogimiento pasivo.
Esta ciencia de amor que Dios obra en la contemplación es tan simple y tan profunda a la vez, como el lenguaje de una mirada, “como acá si dos personas se quieren mucho y tienen buen entendimiento, aun sin señas parece que se entienden con sólo mirarse; esto debe ser aquí, que sin ver vosotros cómo, de hito en hito se miran estos dos amantes, como lo dice el Esposo a la Esposa en los Cantares” (Vida 27,10). Es lo que San Juan de la Cruz llama “la advertencia amorosa simple y sencilla, como quien abre los ojos con advertencia de amor” (Llama de amor viva 3,33). Una sabiduría, en fin, que pacifica el alma entera y por la cual “se alcanza más que por mucho relatar el entendimiento” (Vida 15,7), mucho más “que cuanto el entendimiento con trastornar la retórica por ventura puede hacer” (Vida 15,9).
Salvador Ros Garcia, OCD
V Centenario
. Pedreña, Marzo 2.015
Retiro Carmelo Ecuménico e Interreligioso.
Extractos de su libro
“La Experiencia de Dios en mitad
De la Vida”
Ed; Espiritualidad Madrid 2010.
Pag de 167 a la 172.



