“TENER ENTERO EN DIOS EL CORAZÓN”

“Paréceme que nunca lo he dado a entender como ahora, porque para buscar a Dios en lo interior (…), es gran ayuda cuando Dios hace esta merced.” (4M 3,3)

Sábado 27 de Octubre. El monasterio, desierto de San Jose de Reigadas, en Hoz de Anero es una buena sombra que cobija el silencio de Dios. Allí, en el Silencio, estamos construyendo un espacio y tiempo de oración. El Capítulo 3 de la 4 Morada ha sido nuestra guía e inspiración.

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«Sintamos la bienvenida del lugar (las piedras, las maderas, el aire, los seres vivos y los metales).
Sintamos la bienvenida del motivo que nos ha acercado hasta aquí y que habita en nuestra alma. La bienvenida del Espíritu Santo que siempre está.
              

Sentir es una manera de poner la atención donde estamos, en lo que hacemos.

La atención nos abre, nos posibilita reconocer la Presencia y las bienvenidas.»
 

Así  empezamos nueve personas estrenando el nuevo septiembre que nos posibilita encontrarnos junt@s para lo que realmente quiere nuestro ser. Somos 16 personas las que nos hemos dado permiso este año, para hacer esta andadura en este espacio y en este tiempo.  

     Nuestro anhelo es comunicar, posibilitar, impulsar que otras personas vayan construyendo, con otr@s      puede ser con nosotr@s, su espacio y tiempo de encuentro con Dios.

   Han pasado varios días y la intensidad de la vida nos aleja de lo que hemos hecho. No quiero  dejar de intentar algún recuerdo para mi significativo. Me quede impresionado por el compartir significativo. Habilitamos, como dinámica del encuentro, varios momentos cortos pero como nos enseña nuestra Teresa, rodeados en una atmósfera de la Presencia. Intenso la vivencia en clave de la relación con Dios (que Dios, que yo, que tipo de relación y en que tiempo vital). No es lo mismo pensar que entender como nos dice la la Santa. Ni es lo mismo entender que comunicar como también nos dijo.

  
    Solo queremos compartir los textos con los que oramos una hora junt@s el primero y a solas,otra hora, en la naturaleza, si así lo queremos en el segundo. 

1o TEXTO

Nos permitimos sentir las bienvenidas
Sintamos la atención al ponerla donde estamos y con quien estamos.

Ello nos posibilita reconocer la Presencia y todas las bienvenidas que solo
pueden venir de El.

Recordarnos que todo nuestro ser desea centrarse en lo que “en lo más
adentro” estamos habitad@s y somos.
Este es un Espacio y Tiempo que quiere posibilitarlo…

. En la experiencia en el Dios Amor
. En el Silencio.

. En la naturaleza.
. En compañía de otras/os.
. En la soledad sonora de Dios.
. En un espacio seguro, confidencial, donde poder cuidar
y cuidarnos.
. Con pequeñas dosis de formación contemplativa.
. Donde posibilitar pequeños tiempos (pero
suficientes) de intercambio de la palabra que vivimos,
que sentimos, que experimentamos.
Palabras cortas, moderadas, para que quepan todas, que no se
conviertan en ruido.
Palabras que contagien de Espíritu. Aquí, en el pensar no está lo
importante. Lo importante está en el prójimo.

Un desierto carmelitano, el monasterio de Hoz de Anero lo es; solo respira
posibilitar tratar en amistad con quien sabemos nos ama.

2º TEXTO

4ª MORADAS (Extracto del Original)

CAPÍTULO 3

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En que trata qué es oración de recogimiento, que por la mayor parte la da el Señor antes de la dicha. – Dice sus efectos y los que quedan de la pasada que trató, de los gustos que da el Señor.

  1. Los efectos de esta oración son muchos: algunos diré, y primero, otra manera de oración que comienza casi siempre primero que ésta, y por haberla dicho en otras partes, diré poco. Un recogimiento que también me parece sobrenatural, porque no es estar en oscuro ni cerrar los ojos, ni consiste en cosa exetrior, puesto que, sin quererlo, se hace esto de cerrar los ojos y desear soledad; y sin artificio, parece que se va labrando el edificio para la oración que queda dicha; porque estos sentidos y cosas exteriores parece que van perdiendo de su derecho porque el alma (nuestro Ser) vaya cobrando el suyo que tenía perdido.
  2. Dicen que «el alma se entra dentro de sí» y otras veces que «sube sobre sí». Por este lenguaje no sabré yo aclarar nada,(…). Hagamos cuenta que estos sentidos y potencias (pensamiento, imaginación) (que ya he dicho que son la gente de este castillo, que es lo que he tomado para saber decir algo), que se han ido fuera y andan con gente extraña, enemiga del bien de este castillo, días y años (…). Visto ya el gran Rey, que está en la morada de este castillo, su buena voluntad, por su gran misericordia, quiérelos tornar a él y, como buen pastor, con un silbo tan suave, que aun casi ellos mismos no le entienden, hace que conozcan su voz y que no anden tan perdidos, sino que se tornen a su morada. Y tiene tanta fuerza este silbo del pastor, que desamparan las cosas exteriores en que estaban enajenados y métense en el castillo.
  3. Paréceme que nunca lo he dado a entender como ahora, porque para buscar a Dios en lo interior (que se halla mejor y más a nuestro provecho que en las criaturas, como dice San Agustín que le halló, después de haberle buscado en muchas partes), es gran ayuda cuando Dios hace esta merced. Y no penséis que es por el entendimiento adquirido procurando pensar dentro de sí a Dios, ni por la imaginación, imaginándole en sí. Bueno es esto y excelente manera de meditación, porque se funda sobre verdad, que lo es estar Dios dentro de nosotros mismos; mas no es esto, que esto cada uno lo puede hacer (con el favor del Señor, se entiende, todo). Mas lo que digo es en diferente manera, y que algunas veces, antes que se comience a pensar en Dios, ya esta gente (sentidos, pensamiento, imaginación) está en el castillo, que no sé por dónde ni cómo oyó el silbo de su pastor. Que no fue por los oídos, que no se oye nada, mas siéntese notablemente un encogimiento suave a lo interior, como verá quien pasa por ello, que yo no lo sé aclarar mejor. Paréceme que he leído que como un erizo o tortuga, cuando se retiran hacia sí, y debíalo de entender bien quien lo escribió. Mas éstos, ellos se entran cuando quieren; acá no está en nuestro querer sino cuando Dios nos quiere hacer esta merced. Tengo para mí que cuando Su Majestad la hace, es a personas que van ya dando de mano a las cosas del mundo. (…)
  4. Alábele mucho quien esto entendiere en sí, porque es muy mucha razón que conozca la merced, y el hacimiento (de hacer) de gracias por ella hará que se disponga para otras mayores. Y es disposición para poder escuchar, como se aconseja en algunos libros, que procuren no discurrir, sino estarse atentos a ver qué obra el Señor en el alma; que si Su Majestad no ha comenzado a embebernos, no puedo acabar de entender cómo se pueda detener el pensamiento de manera que no haga más daño que provecho, (…). Ya puede ser que yo me engañe, mas voy por estas razones:
  5. La primera, que en esta obra de espíritu quien menos piensa y quiere hacer, hace más; lo que habemos de hacer es pedir como pobres necesitados delante de un grande y rico emperador, y luego bajar los ojos y esperar con humildad. Cuando por sus secretos caminos parece que entendemos que nos oye, entonces es bien callar, pues nos ha dejado estar cerca de él, y no será malo procurar no obrar con el entendimiento -si podemos digo- Mas si este Rey aun no entendemos que nos ha oído ni nos ve, no nos hemos de estar bobos, que lo queda harto el alma cuando ha procurado esto, y queda mucho más seca y por ventura más inquieta la imaginación con la fuerza que se ha hecho a no pensar nada, sino que quiere el Señor que le pidamos y consideremos estar en su presencia, que El sabe lo que nos cumple.(…)
  6. La segunda razón es, que estas obras interiores son todas suaves y pacíficas, y hacer cosa penosa, antes daña que aprovecha. (…) dejarse el alma en las manos de Dios, haga lo que quisiere de ella, con el mayor descuido de su provecho que pudiere y mayor resignación a la voluntad de Dios. La tercera es, que el mismo cuidado que se pone en no pensar nada quizá despertará el pensamiento a pensar mucho. La cuarta es, que lo más sustancial y agradable a Dios es que nos acordemos de su honra y gloria y nos olvidemos de nosotros mismos y de nuestro provecho y regalo y gusto. (…) Cuando Su Majestad quiere que el entendimiento cese, ocúpale por otra manera y da una luz en el conocimiento tan sobre la que podemos alcanzar, que le hace quedar absorto, y entonces, sin saber cómo, queda muy mejor enseñado que no con todas nuestras diligencias (…).
  7. Lo que entiendo que más conviene que ha de hacer el alma que ha querido el Señor meter a esta morada es lo dicho, y que sin ninguna fuerza ni ruido procure atajar el discurrir del entendimiento, mas no el suspenderle ni el pensamiento, sino que es bien que se acuerde que está delante de Dios y quién es este Dios. Si lo mismo que siente en sí le embebiere, enhorabuena; mas no procure entender lo que es, porque es dado a la voluntad; déjela gozar sin ninguna industria (trabajo) más de algunas palabras amorosas, que aunque no procuremos aquí estar sin pensar nada, se está muchas veces, aunque muy breve tiempo.
  8. (…)
  9. Por tratar de la oración de recogimiento, dejé los efectos o señales que tienen las almas a quien Dios nuestro Señor da esta oración. Así como se entiende claro un dilatamiento o ensanchamiento en el alma, a manera de como si el agua que mana de una fuente no tuviese corriente, sino que la misma fuente estuviese labrada de una cosa que mientras más agua manase más grande se hiciese el edificio, así parece en esta oración, y otras muchas maravillas que hace Dios en el alma, que la habilita y va disponiendo para que quepa todo en ella. Así esta suavidad y ensanchamiento interior se ve en el que le queda para no estar tan atada como antes en las cosas del servicio de Dios, sino con mucha más anchura. (…) El temor que solía tener a los trabajos, ya va más templado; porque está más viva la fe (…). Como va más conociendo su grandeza, tiénese ya por más miserable; como ha probado ya los gustos de Dios, ve que es una basura los del mundo, vase poco a poco apartando de ellos y es más señora de sí para hacerlo. En fin, en todas las virtudes queda mejorada y no dejará de ir creciendo, si no torna atrás ya (…). Tampoco se entiende que de una vez o dos que Dios haga esta merced a un alma, quedan todas éstas hechas si no va perseverando en recibirlas, que en esta perseverancia está todo nuestro bien.
  10. De una cosa aviso mucho a quien se viere en este estado: que se guarde muy mucho de ponerse en ocasiones de ofender a Dios; porque aquí no está aún el alma criada, sino como un niño que comienza a mamar, que si se aparta de los pechos de su madre, ¿qué se puede esperar de él sino la muerte? (…).
  11. (…)
  12. (…)
  13. (…)
  14. (…) me he alargado mucho en esta morada, porque es en la que más almas creo entran, y como es también natural junto con lo sobrenatural, puede el demonio hacer más daño; que en las que están por decir, no le da el Señor tanto lugar. Sea por siempre alabado, amén.
  15. Octubre 2018 Hoz de Anero

TENER ENTERO EN DIOS EL CORAZÓN

27 Octu 18, ENCUENTRO ANERO 06

La unión mística es recogimiento. Reconstruir el corazón.

Todos hemos tenido la sensación, en más de una ocasión, de sentirnos rotos, divididos, dispersos, disipados en mil cosas. Y entonces decidimos que necesitamos “centrarnos”.

No es fácil moverse por la vida cuando se tienen excesivas obligaciones y deberes, cuando se multiplican las tareas o las responsabilidades, cuando la persona no se siente capaz de prestar la debida atención a una tarea concreta. Es entonces cuando afirmamos que nos sentimos dispersos o que necesitamos centrar nuestra vida, que necesitamos recogernos.

La unión mística se entiende también como una experiencia de “recogimiento”, como el acceso a un nuevo “lugar”: “si acaso algún alma se le entra en el alto recogimiento… trabaja [el demonio] por sacarla fuera y divertirla (dividirla, distraerla) del interior espíritu” (Llama 3,64) Y nótese la oposición entre “recogimiento” y “diversión”. En esta misma línea opone también San Juan de la Cruz, la virtud unida a la derramada, en una clarísima alusión a la idea de la “persona dispersa”: “por el mismo caso que la fuerza del apetito se reparte, queda menos fuerte que si estuviera entero en una sola cosa; y cuanto en más cosas se reparte, menos es para cada una de ellas. Que, por eso, dicen los filósofos que la virtud unida es más fuerte que si ella misma se derrama. Y así, el alma que tiene la voluntad repartida en menudencias, es como el agua que, teniendo por donde derramarse hacia abajo, no crece para arriba” (1 Subida 10,1).

La unión mística consistirá en estar entero, recogido, concentrado, y quien viva “disperso”, no llegará nunca al “sumo recogimiento, que consiste en poner toda el alma… en solo el bien incomprensible y quitarla de todas las cosas aprehensibles” (3 Subida 4,2). La unificación de la conciencia se puede lograr “mediante la concentración en un sonido, en una palabra o, en el ámbito oriental, en un mantra, o también realizando determinados movimientos; siempre se trata de enfocar la conciencia, que generalmente está muy dispersa” (W. Jäger, La ola es el mar).

Cuando dejamos de estar “enteros”, decimos que nos sentimos destrozados, deshechos, rotos, incluso hechos polvo. Frente a todo esto, frente a esta ruina interior, la experiencia de la unión mística será no solo “recogimiento”, sino una nueva sensación de “estar entero”: “de donde entonces le puede el alma de verdad llamar Amado, cuando ella está entera con él, no teniendo su corazón asido a alguna cosa fuera de él; y así, de ordinario, trae su pensamiento con él. […] De donde algunos llaman al Esposo Amado, y no es Amado de veras, porque no tienen entero con él su corazón (Cántico 1,13).

Un corazón roto o dividido, o disperso, no nos permitirá vivir centrados. Pues donde está tu tesoro, allí está también tu corazón (Mateo 6,21). Y entonces, no es Dios el que pierde, somos nosotros los que salimos perdiendo. Reparar y reconstruir las pequeñas ruinas del corazón, y tenerlo centrado en Dios (ese “traer el pensamiento en Él”) es lo único que nos hará libres (al no estar “asidos” a otras cosas). Y nos devolverá un corazón íntegro y entero, capaz sobre todo de amar, capaz de amar sobre todas las cosas.

Del Libro: “Un viaje a la libertad. San Juan de la Cruz.”

(Juan Antonio Marcos, OCD)

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