Encuentro Anual de Formación y Oración
Oración de Teresa, puerta de conocimiento de Dios y de sí misma. Este fue el tema que Maximiliano Herraiz ocd, desarrollo y que una cita de Teresa de Jesús lo prologaba “La Oración es la puerta por la que recibí todas las gracias de Dios, cerrada esta, no sé cómo las haga…”
Una breve reseña de lo que fue el encuentro:
La perspectiva, la distancia, se va alargando por semanas, de lo que fue y vivimos en el encuentro anual del Carmelo Ecuménico e Interreligioso, este año 2019 en AVILA. Ávila es la cuna de una transcendental rama de nuestro árbol genealógico. A ella irrenunciablemente volvemos una y otra vez para lanzarnos al universo desde las raíces de lo que somos.
Este año ha sido gratamente rico, quizás lleno de semillas que sin apenas darnos cuenta se esparcieron…
Veinte personas estuvimos en algún momento, disfrutando del alojamiento tan especial que alberga el CITES. ¡Ya es nuestro querido CITES! A mí me sugiere o evoca, su estructura, la imagen de un capullo comunitario de mariposica que habla Santa Teresa. Un edificio que te lleva hacia dentro, que te saca de adentro, y te vuelve a envolver, en un vaivén que posiblemente terminara cuando una está preparad@.
Semillas que personas nuevas llevaban en sus bolsillos, a lo mejor también sin darse cuenta, solo Dios lo sabe. Semillas de proyectos que albergamos desde nuestro nacer y allí (este año en Ávila) se envolvieron y puede ser que estén a punto de romper los hilos que los aprietan: semilla de un Carmelo Ecuménico e Interreligioso monástico. Semilla de un espacio y tiempo (prolongado en días) en oración en el silencio (podría ser en el desierto de Batuecas, de Hoz Anero o…); pero si, carmelitano ecuménico e interreligioso. Semilla de Una Mesa y Tiempo de oración interreligiosa.

Vísperas interreligiosas, puede ser, que semillas de otros momentos fructificaron ya aquí. Unos laudes impresionantes que pueden convertirse en plantilla, canon, para nuestro futuro orante carmelitano ecuménico e interreligioso. Las eucaristías diarias (libres, como todas las oraciones) en una capilla deliciosa, donde Dios se percibía en todo con facilidad.

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