Teresa de Jesús, magisterio

Tal día como hoy, 27 de septiembre de 1970, Pablo VI proclamaba a Teresa de Jesús doctora de la Iglesia, por medio de la Carta Apostólica Multiformis sapientia Dei.

TERESA DE JESÚS

Teresa de Jesús es doctora por el Libro de su Vida, que es el primero que escribe santa Teresa de Jesús, el más espontáneo y fresco, fiel reflejo de su personalidad y su experiencia humana y sobrenatural. Lo escribe inicialmente en 1562 en una edición ya perdida. Pero vuelve a escribirlo de nuevo, basándose en el texto inicial, en 1565. El libro es una biografía tanto interna como externa, pues además de describir acontecimientos mundanos, también nos relata sus experiencias espirituales y nos enseña a orar. Muy a menudo convierte su relato en una oración.

Doctora es por Fundaciones, otro libro, esta vez casi una novela, adonde dibuja circunstancias y caminos, afanes y diplomacias esta santa del hilo más largo, de la seducción más precisa reflejada en los lunares de sus labios y en el encantamiento natural o en el que le venía de la oración. Pero aquí santa Teresa dibuja, sobre todo, la porfía, el empeño en fundar: El ánimo no desfallecía, ni la esperanza, que pues el Señor había dado lo uno, daría lo otro. 

Cuenta el padre Arturo Díaz L.C., capellán del monasterio de Carmelitas Descalzas de la Encarnación (Ávila), en su libro » ¿Quién decís que soy? Santa Teresa vista por sus carmelitas«, que Santa Teresa tuvo que enfrentar algo similar a lo del obstat sexus cuatrocientos años atrás. Quienes se oponían a sus fundaciones se basaban en su condición de mujer para argumentar contra ella. Le recordaban las palabras de San Pablo: “Las mujeres deben callar en las iglesias” (1Co 14, 34), “no permito que la mujer enseñe” (1Tm 2, 12). Santa Teresa, cuestionada, consulta al Señor en la oración y recibe respuesta: “Diles que no se sigan por sola una parte de la Escritura, que miren otras, y que si podrán por ventura atarme las manos” (Cuentas de conciencia, 16).

En Camino de Perfección el doctorado de santa Teresa se hace de diamante, o de muy claro cristal.

Escrito en plena madurez espiritual de la Santa, después de diez años de intensa vida interior durante los cuales ha gozado de exquisitas gracias místicas, pone en evidencia también un claro dominio en el manejo de la herramienta lingüística y de los recursos literarios por parte de la escritora abulense.

Considerado como la Carta Magna de las Comunidades Carmelitanas Descalzas, surge a requerimientos insistentes de las hijas, hermanas y amigas espirituales de santa Teresa, las doce que convivían con ella en el recién fundado convento de San José de Ávila, en búsqueda infatigable de una espiritualidad más exigente y refinada.

Doctora es santa Teresa por Moradas, ese castillo repartido en habitaciones que conserva alfombras y tapices sólo para una, la más central, adonde el Rey aguarda el encuentro con el alma que llega jadeante, porque viene de recorrer a oscuras el trabajoso laberinto de vivir. Aunque marchita, el alma ha conservado intacto su deseo de llegar al sitio donde el Esposo duerme con todos los ojos abiertos. Moradas es precisamente lo que con mucha insistencia reclama la psicología moderna: ya habéis oído en algunos libros de oración aconsejar al alma que entre dentro de sí, pues eso mismo es. En la última habitación del íntimo castillo, Dios cuenta las madrugadas mientras afila los dedos de la misericordia. Al alcance del hombre, a un paso de su esfuerzo está la verdad del gran recreo: estamos dentro de nosotros, y nosotros buscándonos afuera… 

En la basílica de San Pedro se encuentra una estatua de santa Teresa de Jesús con una inscripción debajo que reza: “S. Teresia Spirit[ualium] Mater”, “Santa Teresa, Madre de los espirituales”. Aquel 27 de septiembre de 1970 san Pablo VI tomó nota de esto y señaló: “Todos reconocían, podemos decir que con unánime consentimiento, esta prerrogativa de Santa Teresa de ser madre y maestra de las personas espirituales. Una madre llena de encantadora sencillez, una maestra llena de admirable profundidad. […] Ahora lo hemos confirmado Nosotros, a fin de que, nimbada por este título magistral, tenga en adelante una misión más autorizada que llevar a cabo dentro de su familia religiosa, en la Iglesia orante y en el mundo, por medio de su mensaje perenne y actual: el mensaje de la oración”.

Teresa de Jesús es doctora también por lo que calla, pero eso es parte de su juego, zalamerías de mujer, guiños de candela y asombro para que no perdamos más tiempo en alcanzar el gozo que buscamos. Doctora es porque aguarda la libertad de nuestras propias experiencias. Ahora, a sus 50 años de doctora, únicamente nos dice: pasaba por aquí… pero no os fiéis, viene a quedarse, viene a barrer las puertas del castillo, viene como viniendo de vuelta. Aunque, a la espera de que cada uno borde el propio, no ha querido enseñarnos todavía el traje de su fiesta.

Hildegarda de Bingen, Catalina de Siena, Teresa de Jesús y Teresita de Lisieux son las cuatro mujeres doctoras de la Iglesia. Tienen el título de “Doctoras de la Iglesia” porque produjeron obras trascendentales, enriquecieron la doctrina y afirmaron la fe.

Hildegarda de Bingen (Alemania, 1098-1179). Fue la menor de diez hijos, y por eso considerada como el diezmo para Dios. La condesa Judith de Spanheim (Jutta) le instruyó en la lectura del latín, en el canto gregoriano y en la cultura religiosa. A los 14 años, maestra y discípula se enclaustraron en un monasterio benedictino de Disibodenberg, donde les dieron asilo. Este monasterio era masculino, pero acogió a un pequeño grupo de enclaustradas. Luego partió definitivamente de allí a un lugar donde no había agua ni nada placentero y fundó un monasterio en la colina de San Ruperto, cerca de Bingen. Fue abadesa, líder monacal, médica, profetisa, compositora y escritora.

Es una de las personas más fascinantes, polifacéticas e influyentes de la Baja Edad Media; tenía una cultura fuera de lo común, fue una escritora prolífica; escribió sobre la redención, la conversión y la reforma del clero. Escribió Libro de las obras divinas y Conoce los caminos. Escribió un libro de ciencias naturales y otro de medicina. Murió a los 81 años. Benedicto XVI le otorgó el título de Doctora el 7 de octubre de 2012 junto a San Juan de Ávila.

Le escribió una carta a Bernardo de Claraval donde le revela que ha tenido visiones de cosas profundísimas. Él le responde a aceptar “este don como una gracia y a responder a él ansiosamente con devoción y humildad”. Posteriormente el abad de Claraval intervino ante el Papa Eugenio en favor de Hildegarda. El Papa mandó informarse de esas visiones y luego declaró que eran fruto del Espíritu Santo, y le pidió que continuara escribiendo sus visiones. Hildegarda tuvo relación epistolar con Federico I Barbarroja y otras personalidades. Enrique II de Inglaterra y Leonor de Aquitania le pedían consejo. Llegó a ser conocida como la Sibila del Rin.

Santa Catalina de Siena (Italia, 1347-1380). Vivió 33 años; fue la vigésimo cuarta hija del segundo matrimonio del viudo Santiago Benincasa; no sabía leer ni escribir y desde pequeña se decidió por servir a Dios en medio del mundo. Logró dictar un libro titulado Diálogos sobre la Divina Providencia con la ayuda de sus amigos, que tomaban nota de sus diálogos con Dios. Desempeñó un papel insólito en la historia de su tiempo. Al Papa ella le ponía el título de “el dulce Cristo en la tierra”. Tuvo un papel muy activo para lograr que el Papa regresara de Aviñón a Roma. Paulo VI le dio el título de doctora de la Iglesia el 4 de octubre de 1970. Junto con Francisco de Asís es patrona de Italia.

Santa Teresa de Lisieux (Francia, 1873-1897). Nació en Alenzón, Normandía. Cuando tenía sólo 4 años su madre muere de un cáncer de mama. Tenía un gran gusto por la lectura y piensa que ella ha nacido para una gloria oculta. Entró en el colegio de las Benedictinas y es perseguida por sus compañeras de más edad que tienen celos porque sabe más que ellas. Ella llora pero no se atreve aquejarse. No le gusta el recreo, tan ajetreado y ruidoso. Su maestra la describe como una estudiante obediente, tranquila y pacífica, y a veces pensativa o incluso triste. Teresa dijo que estos cinco años fueron los más tristes de su vida. Fue carmelita descalza francesa desde los 15 años, por un permiso especial. El hogar de sus padres fue un jardín de virtudes y santidad. Su obra se recoge en varios cuadernos de los que sale la obra Historia de un alma. Se distingue por su doctrina sobre la infancia espiritual o Caminito de infancia. Vivió sólo 24 años.

Pío XI la canonizó y la proclamó patrona universal de las misiones. Fue proclamada Doctora de la Iglesia por Juan Pablo II el 19 de octubre de 1997, día de las misiones.

Tomado de: diarionuevavisión diócesismalaga cervantesvirtual portalcarmelitano

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