Oración Online CEI 03-12-2020

Queridos amigos del Cei, en la oración del día 3.12 celebraremos la festividad de la Inmaculada Concepción de María. Contemplaremos a María desde el Judaísmo, desde el Islam y desde el cristianismo. 

María va al encuentro de Isabel grávida de Cristo, echa uno con Él. Todo el proyecto de amor de Dios al mundo se ha concentrado en ella y ella acoge en su sí todo ese proyecto de Dios haciéndolo suyo. La actitud de María llena de Cristo es servir. Es la actitud que ha tenido ante Dios y la que va a tener ante la humanidad representada en este momento por Isabel. . El encuentro de los dos “primos”, ambas embarazadas del misterio de Dios, hace saltar la alegría y el agradecimiento.

Christian de Cherge, el abad trapense martirizado en Argelia en 1996, sugiere que, entre otras cosas, esta imagen es la clave con la que nosotros, como cristianos, deberíamos encontrarnos con otras religiones, con otras personas en el mundo. El Cristianismo lleva a Cristo en su seno, y otras religiones, llevan también algo divino que señala a Cristo. Y reconoceremos su parentesco, aunque inconscientemente, cuando lo que llevamos haga saltar alguna cosa de gozo en el otro y esa reacción ayude a hacer surgir el “Magníficat” fuera de nosotros; y, como María, queramos permanecer con ese otro para ayuda mutua.

Oración on line: día 3.12.2020, jueves, a las 5,30h pm. puntualmente. La sala se abrirá a las 5,15 pm.La duración será aproximadamente de 1,15h.


Día: 03 dic 2020

Hora 05:30 PM Madrid

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ID de reunión: 83713636409
Código de acceso: 8CiBPK

Magnificat

Proclama mi alma
la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios,
mi salvador;
porque ha mirado la humillación
de su esclava.
Desde ahora me felicitarán
todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho
obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.
Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de la misericordia
–como lo había prometido a nuestros padres–
en favor de Abrahán
y su descendencia por siempre.”

Lucas 1,39-56

Entonces llamó a un arcángel que San Gabriel se decía,
y «Y cuando uno de los ángeles dijo, «¡María!, Dios te anuncia la buena nueva de una Palabra procedente de El, cuyo nombre es el Mesías Jesús, hijo de María; que será muy honrado en este mundo, y en el más allá será de los allegados a Dios. Hablará a la gente en la cuna y cuando sea adulto, será de los justos.» «¡Señor!» dijo María, »¿cómo puedo tener un hijo si no me ha tocado ningún mortal?» ‘Aun así». dijo, «Dios crea lo que El quiere. Cuando decide algo, simplemente dirá ¡sea’, y será».» (Corán 3:45‑47.)

««Se quedó encinta y se retiró con él a un lugar distante. Y los dolores del parto la llevaron junto al tronco de la palmera. Ella dijo: ¡Ojalá hubiera muerto y se me hubiera olvidado completamente antes de esto. Pero él ‑por debajo de ella‑ le llamó: «!No te aflijas! Tu Señor ha puesto a tus pies un arroyo. ¡Sacude hacia ti el tronco de la palmera, y ésta hará caer sobre ti dátiles frescos y maduros! ¡Come, pues, bebe y sosegate! Y si vieras a algún mortal, dile: He hecho voto de silencio al Misericordioso. No hablaré, pues, hoy con hombre alguno. » Volvió con él a su gente llevándolo en brazos, y ellos dijeron: «¡María!, seguramente has cometido algo sospechoso. ¡Hermana de Aarón!, tu padre no era un hombre malvado, ni tu madre una ramera.» Ella (María) señaló al niño, pero ellos dijeron: ¿¡Cómo vamos a hablar a uno que aún está en la cuna, a un niño!? Dijo él: «Soy el siervo de Dios: Dios me ha dado La Escritura y me ha hecho profeta. Me ha bendecido donde quiera que me encuentre, y me ha ordenado hacer la oración y ofrecer el Zakat (1) mientras viva. Que sea bondadoso con mi madre. No me ha hecho arrogante ni desgraciado. La paz sea conmigo el día que nací, el día que muera y el día en que sea resucitado a la vida». » (Corán 19:22‑21)

El Verbo quiso de mí

Para no ser sólo Dios,

el Verbo quiso de mí

la carne que hace al Hombre.

Y yo le dije que sí,

para no ser sólo niña.

Para no ser sólo vida,

el Verbo quiso de mí

la carne que me hace a la Muerte.

Y yo le dije que sí

para no ser sólo madre.

Y para ser Vida Eterna

el Verbo quiso de mí

la carne que resucita.

Y yo le dije que sí

para no ser sólo tiempo.

Pedro Casaldáliga

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