Queridos amigos, el sábado pasado Franz Jalics, S.J. (1927-2021), partió al encuentro del Padre Bueno. Fue promotor de la oración contemplativa, que inició mientras fue secuestrado por la dictadura argentina. Gran ser humano y gran místico.
Hoy vamos a orar con un texto de Franz que nos abre a la experiencia que tuvo durante la dictadura argentina.» La certeza de que este mundo es relativo y que sólo a través de la muerte logramos la resurrección me abrió las puertas a la contemplación.»
También Juan de la Cruz, nos ayudará a entrar en la oración contemplativa. Juan de la Cruz pretende llevar a la persona, a su madurez espiritual, y ésta se logra por el desapego.
Para S. Juan de la Cruz el paso de la oración meditativa a la contemplación es la «advertencia amorosa”. Ella es una mirada simple que predispone a la persona para recibir la Presencia de Dios en la que el alma se pacifica y fortalece, y nuestras obras son expresión de vida. Esta advertencia supone, además, una experiencia de sequedad, tanto en las cosas materiales como en la vida espiritual, pero sin dejar de anhelar a Dios, aunque no lo pueda comprender ni imaginar. De este anhelo surge la advertencia amorosa, y con ella se abre la puerta de la oración contemplativa
Oración on line: día 18.2.2021 jueves, a las 5,30h pm. puntualmente.
La sala se abrirá a las 5,15 pm. La duración será aproximadamente de 1,15h.
Unirse a la reunión Zoom
https://us02web.zoom.us/j/83713636409?pwd=dlhDZ1BJUC90MS92Y3BXZDBNSlFuUT09
ID de reunión: 837 1363 6409
Código de acceso: 8CiBPK

“Aprenda el espiritual a estarse con advertencia amorosa en Dios, con
sosiego de entendimiento, cuando no puede meditar, aunque le parezca que no hace nada. Porque así, poco a poco y muy presto, se infundirá en su alma el divino sosiego y la paz”. (San Juan de la Cruz)
«En 1945 viví el infernal bombardeo de Nuremberg. Ante una muerte inminente fui presa del pánico, y de una ira irrefrenable. Súbitamente me inundó un sentimiento de infinita paz. Supe de la Presencia de Dios. Sentí que carecía de importancia el hecho de que fuera a morir o no, pues las cosas están bien así como están. Supe que nada verdaderamente importante puede suceder con la muerte.
Supe que sólo aquellos que están totalmente vacíos pueden reconocer la Presencia de Dios. Comprendí por qué el hijo pródigo debió perderlo todo, verse confrontado con la nada y con su total miseria para que pudiera creer en la presencia del Padre.
Pasadas unas semanas quedó ese atisbo, esa nostalgia por lo absoluto, por el Cristo resucitado que todo lo contiene, y es la conciencia de nuestro verdadero hogar.»
Franck Jalics
