Así fue una mañana al mes en el Silencio; 17 de Septiembre

Un pequeño grupo de personas iniciamos un nuevo periodo anual en el Silencio Contemplativo. Llevamos 5 años donde la mayoría de los meses del años hacemos los movimientos necesarios para habilitar un Tiempo y un Espacio para ello.

Somos unas 25 personas las que en algún momento participamos en estos tiempos y espacios para una experiencia personal y comunitaria en Dios. Una experiencia en un soporte carmelitano, ecuménico e interreligioso. El texto de Bienvenida con la que comienzo encuentro de este mes desarrolla el contenido de él y de los próximos.

Dejar constancia en estas notas de los textos que hemos utilizado y una breve sentéis del programa del encuentro. Este encuentro tiene do grandes bloque de silencio; el primero se caracteriza por estar juntos, comunitario y el segundo con libertad personal para la soledad en el gran jardín o bosque del recinto. Cada parte, a su inicio se leen en alto alguno de los textos y al final del silencio se habilita un espacio de 10 ó 15 mit de compartir, no se busca dialogar o debatir.

Naturaleza, un entorno que alimenta la «experiencia»

Bienvenida y un pequeño programa

Bienvenidas, nos expresa la vida momento a momento. En este espacio donde palpita la relación con Dios quizás se perciba mejor. Sintamos nos pues Bienvenidas a lo que el Espíritu trae.

     Iniciamos un nuevo periodo de Oración en el Silencio, muy propio del Carmelo y del CEI .  Juan de la Cruz habla de estado de principiantes en la relación con Dios. Uno de los nombres que utiliza en ello es oración de meditación. En la oración de meditación las personas somos quien actúan, se esfuerzan; hacemos, pensamos, razonamos, imaginamos, sentimos con nuestra mente y corazón. El cuerpo es un mero observador que sustenta y lo recoge. ¡Pero anhelamos…! El anhelo profundo de nuestro Ser es la relación con Dios, EN DIOS; vivir cual matrimonio espiritual al que aluden nuestros místicos, ser con Dios “un solo cuerpo y espíritu”. Aquí, en estas estancias aludiendo a Teresa de Jesús, solo Dios es el que actúa, nosotros desapareciendo, quien “contemplamos” cual oración contemplativa.

Hoy usaremos textos de Juan de la Cruz , de Teresa Guardan, del místico sufí Asutari, también de Ernesto Cardenal y del libro de la Sabiduría del A.T. que nos impulsan a la experiencia y nos aportan elementos de compresión de ella.

     Queremos durante los cuatro primeros encuentros de año, además de facilitar experiencia en Dios, facilitar información del “proceso de oración”. Experiencia de oración y formación es la manera de hacer del CEI.  Un fin de semana de enero o febrero facilitaremos un RETIRO en el Monasterio de Suesa para amasar con más tiempo la experiencia en el Silencio Contemplativo.

Vamos a recordarnos aquí y ahora la sintonía en la que queremos vivimos este Espacio y Tiempo en el Silencio, de encuentro en el “Dios “Amor, en la Naturaleza:

     En el Silencio y la soledad Sonora.

    En un Espacio seguro, confidencial, donde cuidar y cuidarnos.

    En donde disponer de pequeñas dosis de formación contemplativa.

    En donde habilitar pequeños tiempos, suficientes para compartir nuestra experiencia en la oración, con palabras cortas, moderadas, que quepan todas. Palabras que contagien de Espíritu.

Espíritu de Oración, Contemplativo, Carmelitano, Ecuménico e Interreligioso de este viejo monasterio de Hoz de Anero gracias por tu existencia.

las piedras y la naturaleza entrelazadas guardan la vibración de la Oración

TEXTOS PARA LA PRIMERA HORA

1ª Parte (Extracto):Tratadillo Meditación -Contemplación”.

        Del libro “Llama de amor viva B. canción 3.29-67” de


S. Juan de la Cruz

29  Advirtiendo, pues, el alma que en este negocio es Dios el principal agente y el mozo de ciego que la ha de guiar por la mano  a donde ella no sabría ir, que es a las cosas sobrenaturales, que no puede su entendimiento ni voluntad ni memoria saber cómo son; (…)los ciegos que la podrían sacar del camino son tres, conviene a saber: el maestro espiritual, y el demonio, y ella misma. (…)

30 (…) En cuanto al primero (el maestro espiritual) para guiar al espíritu, aunque el fundamento es el saber y disc

reción, si no hay experiencia de lo  que es puro y verdadero espíritu, no atinará a encaminar al alma en él, cuando Dios se lo da, ni aun lo entenderá.

32  Y, para que mejor entendamos esta condición de principiantes, es de saber que el estado y ejercicio de principiantes es de meditar y hacer actos y ejercicios discursivos con la imaginación. En este estado, necesario le es al alma que se le dé materia para que medite y discurra, y le conviene que de suyo haga actos interiores y se aproveche del sabor y jugo sensitivo en las cosas espirituales, porque, cebando el apetito con sabor de las cosas espirituales, se desarraigue del sabor de las cosas sensuales y desfallezca a las cosas del siglo. Mas, cuando ya el apetito está algo cebado y habituado a las cosas de espíritu en alguna manera, con alguna fortaleza y constancia, luego comienza Dios, como dicen, a destetar el alma y ponerla en estado de contemplación, lo cual suele ser en algunas personas muy en breve, mayormente en gente religiosa, (…) . Lo cual es cuando ya cesan los actos discursivos y meditación de la propia alma y los jugos y fervores primeros sensitivos, no pudiendo ya discurrir como antes. (…)

Y como quiera que naturalmente (de natural) todas las operaciones que puede de suyo hacer el alma no sean sino por el sentido, de aquí es que ya Dios en este estado es el agente y el alma es la paciente; porque ella sólo se ha como el que recibe y como en quien se hace, y Dios como el que da y como el que en ella hace, dándole los bienes espirituales en la contemplación, que es noticia y amor divino junto, esto es, noticia amorosa, sin que el alma use de sus actos y discursos naturales, porque no puede ya entrar en ellos como  antes.

33 De donde en este tiempo totalmente se ha de llevar el alma por modo contrario del primero. Que si antes le daban materia para meditar y meditaba, que ahora antes se la quiten y que no medite, porque, como digo, no podrá, aunque quiera, y, en vez de recogerse, se distraerá. Y si antes buscaba jugo y amor y fervor, y le hallaba, ya no le quiera ni le busque, porque no sólo no le hallará por su diligencia, mas antes sacará sequedad, porque se divierte (distrae) del bien pacífico y quieto que secretamente le están dando en el espíritu, por la obra que él quiere hacer por el sentido; y así, perdiendo lo uno, no hace lo otro, pues ya los bienes no se los dan por el sentido como antes. Y por eso en este estado en ninguna manera la han de imponer en que medite ni se ejercite en actos, ni procure sabor ni fervor, porque sería poner obstáculo al principal agente, que, como digo, es Dios, el cual oculta y quietamente anda poniendo en el alma sabiduría y noticia amorosa sin especificación de actos, (…).

34 (…).

La cual noticia amorosa, si, como digo y así es la verdad, se recibe pasivamente en el alma al modo de Dios sobrenatural, y no al modo del alma natural, síguese que para recibirla ha de estar esta alma muy aniquilada en sus operaciones naturales, desembarazada, ociosa, quieta, pacífica y serena al modo de Dios; (…) el alma no ha  de estar asida a nada: no a ejercicio de meditación, no a sabor alguno, ahora sea sensitivo ahora espiritual, no a otras cualesquier aprehensiones, porque se requiere el espíritu tan libre y aniquilado acerca de todo, que cualquiera cosa de pensamiento o discurso o gusto a que entonces el alma se quiere arrimar, la impediría, inquietaría y haría ruido en el profundo silencio que conviene que haya en el alma, (…) “que habla Dios al corazón en esta soledad”, que dijo por Oseas (2, 14), (…). 

35 Por tanto, cuando acaeciere que de esta manera se sienta el alma poner en silencio y escucha, aun el ejercicio de la advertencia amorosa que dije ha de olvidar para que se quede libre para lo que entonces la quiere el Señor. Porque de aquella advertencia amorosa sólo ha de usar cuando no se siente poner en soledad, u ociosidad interior u olvido o escucha espiritual; lo cual, para que lo entienda, siempre que acaece es con algún sosiego pacífico y absorbimiento interior. 

36 Por tanto, en toda sazón y tiempo, ya que el alma ha comenzado a entrar en este sencillo y ocioso estado de contemplación, que acaece cuando ya no puede meditar ni acierta a hacerlo, no ha de querer traer delante de sí meditaciones ni arrimarse a jugos ni sabores espirituales, sino estar desarrimada en pie, desasido el espíritu desasido del todo sobre todo eso, (…), no dejándoles dar paso de operación propia, para que pueda recibir por contemplación lo que se me comunicare de parte de Dios; porque ya hemos dicho que la contemplación pura consiste en recibir. 


Un camino, una opción; El Sentido

Texto 19 de “Vida en el Amor” * de Ernesto Cardenal

Texto 19  (Extracto)

(La) realidad no la percibimos por los sentidos, sino en la oscuridad de la fe. Esta realidad es como una corriente de luz que corre, oscura, en los alambres eléctricos. (…)

La voz de Dios uno la quiere clara, y no lo es. No lo es porque no puede ser clara para los sentidos. Pero es profunda. Es una voz honda y sutilísima e inexplicable. Es como una honda angustia en el fondo del ser, allí donde el alma tiene su raíz. Es una voz en la noche. Vocación quiere decir llamada y una voz en la noche. Una voz llama y llama. Uno oye y no ve. La queremos clara como el día y es profunda como la noche. Es profunda y es clara pero con una claridad oscura como la de los rayos X. Y llega hasta los huesos.

Porque la voz del amado es existencial y no verbal. No resuena en los oídos, ni en nuestra mente, sino más hondo, allí donde Él habita, en lo más hondo de uno. La llamada es un descontento, un desencanto de todo. No es con palabras sino con hechos, con circunstancias, con realidad. No es superficial, y por eso nos parece que no es clara, porque solemos vivir en lo más superficial de nosotros mismos, donde nos comunicamos unos a otros con palabras; sino que es profunda, porque Dios habita en el fondo del ser. Y su voz es un silencio.

La llamada de Dios —la vocación— es doble. Dios lo llama a uno diciéndole: «Ven y sígueme». Es un llegar y es un seguir. Es hallar y un seguir buscando. Porque, como dice san Gregorio de Nisa, «hallar a Dios es buscarlo incesantemente». La llamada de

Dios es una llamada constante, a lo desconocido, a la aventura, a seguirlo en la noche, en la soledad. Es una llamada incesante a ir

más allá, más allá. Porque Dios es dinámico, y no es estático (como su creación también es dinámica) y llegar a El es avanzar siempre. El llamado de Dios es como un llamado a ser explorador, una invitación a la aventura.

*Editorial Trota

Texto; Libro de la SABIDURÍA  9,13-17

13 Porque, ¿qué persona conoce los planes de Dios? ¿Quién comprende lo que Dios quiere?                                                                   14 Los pensamientos de los mortales son frágiles y nuestros razonamientos son inseguros;     15 porque el cuerpo mortal oprime el alma y la tienda terrestre abruma la mente que  reflexiona.                                                                    16 A duras penas adivinamos lo que hay en la tierra y con trabajo encontramos lo que está a nuestro alcance: ¿quién podrá rastrear las cosas del cielo?                                                                                    17 ¿Quién conocerá tu designio, si tú no le das la Sabiduría enviando tu santo espíritu desde el cielo?

TEXTOS PARA LA SEGUNDA HORA

EXTRACTO 1 Parte del Articulo: Teresa Guardans

Palabra y silencio, los dos pilares del conocimiento *

La aportación de la mirada contemplativa a la comprensión de la realidad                            

* Articulo del Libro “la Experiencia Contemplativa” de Olga Fajardo.  Ed. Kairós

 (…) Contemplar es, esencialmente, conocer; un conocimiento peculiar que no aporta datos, no suma, no añade: transforma. Es un «saber desinteresado   –escribía María Zambrano– que viene a resultar el más profundamente interesado de todos, pues que, en realidad, no es un añadir nada, sino simplemente convertir el alma, un hacerla ser, ya que el que contempla se hace semejante al objeto de contemplación». 1 ¿En qué consiste? ¿Cómo se ejercita? ¿Por qué y para qué cultivarlo? (…)

Un mundo hecho de palabras y silencio  

Cada especie animal crea su propia realidad: percibe un mundo a la medida de sus necesidades. (…)

         Para cualquier especie, la realidad es como un panel de emisión de señales dirigidas a una determinada estructura de supervivencia que de acuerdo a las señales recibidas, señales relacionadas con la procreación, la alimentación, la defensa (…) Una amplia información genética que instruye sobre cómo relacionarse con los congéneres (…)

(…) parece que la vida –en la especie humana– da con una solución que agiliza inmensamente la adaptabilidad: dejar gran parte del libro de instrucciones en blanco. El cachorro humano nace en gran medida desprogramado o, mejor dicho, programado para aprender. Llega a un mundo de palabras que moldean poco a poco su percepción. (…)

Para la especie humana, el mundo ya no viajará en los genes, sino a través de las palabras, a través de la cultura, de los modelos culturales. Bastará con cambiar el sentido de las palabras, bastará con hablar sobre la realidad para poder modificar interpretaciones, hábitos, modos de vida. Aunque las transformaciones culturales también requieran su tiempo, (…)

«lo genético no determina lo humano, sólo funda lo humanizable. Para ser humano hay que crecer humano entre humanos. (…) se es humano sólo de las maneras de ser humano de las sociedades a que se pertenece» 2 (H. Maturana). La adquisición del habla equivale a la adquisición de un mundo con sentido; (…)  la criatura humana cobra entidad frente a un mundo que percibe a través del filtro de palabras y conceptos. O a través del silencio de estos, (…). Esa criatura archiva sus aprendizajes, éxitos y fracasos, las reacciones de sus congéneres hacia su persona, en la memoria individual que va a regir su conducta, sus reacciones, su personalidad. A esa estructura psíquica   capaz de aunar necesidades, comprensión, experiencia y respuestas la llamamos «ego». El ego es la estructura básica al servicio de la supervivencia que, en función de unas expectativas, unos miedos y unas esperanzas, curva la visión del mundo al servicio de ese ser viviente que pasa a ocupar el lugar central. (…) el habla tiene su otra cara: la posibilidad (…). La opción de bajar el volumen a tantas suposiciones y mirar, interrogarnos (¿qué es lo que aquí existe?), mantenernos a la escucha. Ahí es donde nos damos la oportunidad de obtener noticia de la realidad. Ahí es donde el conocer humano deja de moverse por rutas familiares que él mismo ha creado y adopta una actitud atenta al uso de la existencia. Es en ese pararse, en ese silencio, donde germina la admiración, el asombro, la fascinación, el respeto, pues es ahí donde le ofrecemos a la realidad la oportunidad de mostrarse, de hacerse presente.

         Actitud receptiva, no de datos, sino de presencia. (…)

De ahí que sea muy común entre contemplativos la vivencia de recepción, de don, de noticia (…) En palabras de Maria Corbí:  

«El conocimiento que nace del silencio no es concepto, palabra, representación, sino intuición o, mejor, presencia inmediata, co-presencia, unidad lúcida con lo que se conoce. No es interpretación ni representación de la realidad; ni es tampoco una respuesta metafísica a los enigmas de la existencia, ni una formulación. Es un conocimiento que está libre de pensamientos y de palabras y que, por tanto, no está encadenado a los mecanismos de la razón. Brota del misterio silencioso de uno mismo, que es el misterio del cosmos, y vuelve –sin palabras– a ese mismo misterio. Es un reconocimiento que, produciéndose en uno mismo, trasciende el ego». 4 (…).

(…) Cuando «pienso», la comprensión se mueve y avanza partir de los aprendizajes asumidos por el sujeto; es relación entre un sujeto y un mundo

desarrollado a su medida. «Mirar», en cambio, es invitación a dejar de proyectar para poder recibir la presencia de lo que existe. Mas allá de la realidad hecha a la medida de los sujetos, más allá del mundo de correspondencias de sujetos y objetos, contemplar es atender como quien otea hacia la lejanía (o hacia las profundidades) buscando reconocer aquello que no ve, manteniéndose en interrogación, en actitud abierta, profundamente   interesada. (…)

El sentir gobernado desde el «yo» es el sentir reactivo, que reaccione ante placer o dolor, satisfacción o insatisfacción; esa es su misión. El sentir de la mirada contemplativa es lucidez sensitiva, descargada del peso de la costumbre, de las expectativas; libre de una visión o comprensión de la realidad fijada por el hábito. Mirada desde lo hondo que ve y siente una realidad que ha dejado de estar frente a frente, «ve» porque «es» lo visto: «el que contempla se hace semejante al objeto de contemplación», nos decía María Zambrano más arriba. Silenciando al yo, ha hecho espacio a la realidad. «Aquí, junto al mar, soy la naturaleza sintiéndose a sí misma», 10 escribe Joan Maragall.

(…) A la inversa, cuanto más plena es la atención contemplativa, más sumida en el instante. Pura percepción del valor del momento, un re-conocimiento que conmueve, genera asombro; «toque» interior que invita a mirar y a admirar, a indagar, a interesarse, a comprometerse con la realidad desde la disciplina que sea, desde la vida misma. Son las dos caras del conocer de esos vivientes hablantes que somos los seres humanos. (…) En uno, la comprensión facilita la actuación. En el otro, invita a valorar, a amar, a respetar, «eso que ahí se muestra». «Conocer y saber», distinguía María Zambrano. (…)                                                                                     Habrá a quien tanta teoría le parezca, quizás, innecesaria. Pero poder dar un fundamento «razonable» a la mirada contemplativa ayuda. Pues desde ese anclaje deja de ser una experiencia peculiar de algunos iluminados, o de personas especialmente «sensibles», o fruto del azar; podemos comprender su aportación propia e insustituible, analizar las claves de su desarrollo y explorar los modos más adecuados para su cultivo en el entorno contemporáneo. Muy expresamente he evitado, de momento, servirme de ejemplos del mundo de la mística, pero también desde la base de las dos vías de conocimiento, podemos dar razón de su fundamento y explicarnos el parentesco entre experiencias contemplativas en el entorno tan distintos como pueden ser el arte, la ciencia, la mística, el compromiso ético, etcétera. Porque –se cultive o no– esa posibilidad está siempre ahí, constitutiva del conocer humano. (…)

Hay infinidad de testimonios de experiencias (…), escribe Jane Goodall, (…) siguiendo y estudiando a los chimpances:

«Aquella tarde fue como si una mano invisible hubiera retirado una cortina […] como si en un instante de “visión” hubiera conocido la infinitud. Cuando después de tratar de recordar la experiencia, me pareció que el yo había estado totalmente ausente: yo y los chimpancés,… ». 11

Ese día comprendió que «hay más de una ventana por la que los humanos nos asomamos a la vida». Cuenta cómo hasta ese día había observado a los chimpancés desde la ventana de la ciencia occidental, intentando recomponer, una base de un meticuloso registro y análisis crítico, las piezas de su compleja conducta social, conocer mejor el funcionamiento de sus mentes, su lugar en la naturaleza, etcétera.  

«[…] pero además, los humanos podemos mirar el mundo que nos rodea a través de otro tipo de ventana, como la que han utilizados los místicos y santos de Oriente […] Aquellos maestros contemplaron las verdades no sólo con su mente, sino también con su corazón y su alma. […] Tumbada boca arriba contemplaba cómo el cielo se iba oscureciendo. Que triste seria,  pensé, que perdiéramos el sentido del misterio, la capacidad de admirar y sentir ese profundo y sobrecogedor respeto». (…)

                       

Texto de Al-Sustari, (1212-1269)

Sufí granadino, peregrino y juglar del Amor

…. y entonces, su alma estará en sus manos y comenzará la gran presencia del Amigo:

“Mi amado no tiene igual,

 y no le veda censor:

 acercose y acercome

 quien presente no se ausenta.

Pláceme lo que hace y le atribuyo,

Por Él veo y por Él oigo,

estando mi alma en sus manos.

Con su gracia me alimenta:

por Él es mi vida grata.

¿No he de alegrarme,

hermanos, por este prodigioso secreto?”

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