Así fueron las mañas en el Silencio: textos elegidos en Octubre y Noviembre

Textos del sábado 26 Noviembre

Bienvenida     Noviembre 2022

Recordemos que somos siempre bienvenid@s en la experiencia en Dios, podemos fiarnos de ello y sobre manera cuando nuestro “entendimiento no va entiendo” en alusión al texto de San Juan de la Cruz. Si, hoy el titulo de este nuestro encuentro en el silencio podría ser “La contemplación como camino y herramienta de la fe.”. Queremos seguir facilitando, así lo repetimos, elementos de compresión en el camino de la oración que pueden ayudar a poner algunas palabras a nuestra experiencia. Experiencia de balanceoen el Silencio orante de “la meditación y/o/a la contemplación”. Este encuentro de 5, es nuestra 3 mañana de sábado, que concluirán en un retiro en Suesa, el fin de semana 11 y 12 de febrero próximo. Es una oportunidad de poder experimentar un mayor tiempo “en el silencio contemplativo”, de forma segura, cálida y acompañada. Donde seguir haciendo la experiencia personal e intransferible de cada un@. La hermana carmelita misionera Beatrice D´cunha lo facilitara con todo su bagaje carmelita, ecuménico e interreligioso.

El tratadillo que San Juan de la Cruz inserto en la tercera canción de su libro “Llama de amor viva” es nuestro principal soporte carmelita en estas 5 mañanas. Hoy volvemos constatar que dicho texto supura hasta la última gota experiencia en Dios, contagiosa y sabia. De una manera sorprendente y contemporánea Ernesto Cardenal en los distintos textos de su libro “Vida en el amor” mantiene la intensidad del encuentro fundido en Dios. Mónica Cavalle con un extracto de un artículo suyo nos facilita palabras de formación, desde la razón y el corazón. El místico hindú Kabir deja un texto breve, poético, que lo cubre todo. ¡Describo todo esto y surge la sorpresa! lo que nuestras manos colaboran más allá de nosotr@s.

Parece importante dejar, copiar dos apartados de las bienvenidas anteriores uno como melodía de nuestros encuentros y el otro nuevo, que alude a nuestro estado y nuestro anhelo:

El deseo y clima en el que realizamos este Espacio y Tiempo es: Un encuentro en el “Dios Amor”: en la Naturaleza, en el Silencio y la soledad Sonora. En un Espacio seguro, confidencial, donde cuidar y cuidarnos. En donde disponer de pequeñas dosis de formación contemplativa. En donde habilitar pequeños tiempos, suficientes, para compartir nuestra experiencia en la oración, con palabras cortas, moderadas, que quepan todas. Palabras que contagien de Espíritu.

Juan de la Cruz nos recordaba y nos recuerda, el estado de principiantes en la relación con Dios. Uno de los nombres que utiliza en ello es oración de meditación. En la oración de meditación las personas somos quien actúan, se esfuerzan, entienden; hacemos, pensamos, razonamos, imaginamos, sentimos con nuestra mente y corazón. El cuerpo es un mero observador que sustenta. ¡Pero anhelamos…! El anhelo profundo de nuestro Ser es la relación con Dios EN DIOS; vivir cual matrimonio espiritual al que aluden nuestros místicos, ser con Dios “un solo cuerpo y espíritu”. Aquí, en estas estancias, aludiendo a Teresa de Jesús, solo Dios es el que actúa, nosotr@s “desapareciendo”, nos fundimos en oración contemplativa.

Casa de la comunidad Trinitaria de Suesa, estamos, siempre estamos, nunca nos ausentamos, hoy nos damos cuenta, pero no podemos dejar de estar siempre en el regazo de Dios.

sala orante del monasterio Trinitario de Suesa

3 Parte: “Tratadillo Meditación -Contemplación”.(Extracto)

del Libro “Llama de amor viva» B canción 3.29-67

                              S. Juan de la Cruz

48 «¡Oh, -dirás- (…) cuando el entendimiento va entendiendo, no se va llegando a Dios, sino antes apartando. Y así, antes se ha de apartar el entendimiento de sí mismo y de su inteligencia para allegarse a Dios, caminando en fe, creyendo y no entendiendo. Y de esa manera llega el entendimiento a la perfección, porque por fe y no por otro medio se junta con Dios; y a Dios más se llega el alma no entendiendo que entendiendo. Y, por tanto, no tengas de eso pena, que si el entendimiento no vuelve atrás,  (…)  adelante va, pues que se va vaciando de todo lo que en él podía caer, porque nada de ello era Dios, pues, como habemos dicho, Dios no puede caber en él. Y en este caso de perfección, el no volver atrás es ir adelante, y el ir adelante el entendimiento es irse más poniendo en fe, y así es irse más oscureciendo, porque la fe es tiniebla para el entendimiento. (…)

49 «¡Oh, -dirás- que, si el entendimiento no entiende distintamente, la voluntad estará ociosa y no amará, que es lo que siempre se ha de huir en el camino espiritual! La razón es porque la voluntad no puede amar si no es lo que entiende el entendimiento». Verdad es esto, (…) Pero en la contemplación de que vamos hablando, por la cual Dios, como habemos dicho, infunde de sí en el alma, no es menester que haya noticia distinta, ni que el alma haga actos de inteligencia; porque en un acto la está Dios comunicando luz y amor juntamente, que es noticia sobrenatural amorosa, (…) entendimiento, porque es noticia de contemplación, (…) sin distinción alguna de cosa particular entendida.(…)

Por tanto, digo que, en lo que es hacer el alma actos naturales con el entendimiento, no puede amar sin entender; mas en los que Dios hace e infunde en ella, como hace en la que vamos tratando, es diferente, (…); y así puede inflamar la voluntad con el toque del calor de su amor, aunque no entienda el entendimiento, (…)

50 De esta manera, muchas veces se sentirá la voluntad inflamada o enternecida o enamorada sin saber ni entender cosa más particular que antes, ordenando Dios en ella el amor, (…)

De donde no hay que temer la ociosidad de la voluntad en este caso; que si de suyo deja de hacer actos de amor sobre particulares noticias, hácelos Dios en ella, embriagándola secretamente en amor infuso, o por medio de la noticia de contemplación, o sin ella, como acabamos de decir, los cuales son tanto más sabrosos y meritorios que los que ella hiciera, cuanto es mejor el movedor e infusor de este amor, que es Dios.

51 Este amor infunde Dios en la voluntad, estando ella vacía y desasida de otros gustos y afecciones particulares de arriba y de abajo. Por eso, téngase cuidado que la voluntad esté vacía y desasida de sus afecciones, que, si no vuelve atrás, queriendo gustar algún jugo o gusto, aunque particularmente no le sienta en Dios, adelante va, subiendo (poniendo) sobre todas las cosas a Dios, pues de ninguna cosa gusta. Y a Dios, aunque no le guste muy en particular y distintamente, ni le ame con tan distinto acto, gústale en aquella infusión (noticia) general oscura y secretamente más que a todas las cosas distintas, (..).

Y así, no hay que tener pena, que, si la voluntad no puede reparar en jugos y gustos de actos particulares, adelante va; pues el no volver atrás abrazando algo sensible, es ir adelante a lo inaccesible, que es Dios, y así no es maravilla que no le sienta. Y así, la voluntad para ir a Dios, más ha de ser desarrimándose de toda cosa deleitosa y sabrosa, que arrimándose; y así cumple bien el precepto de amor, que es amar sobre todas la cosas, lo cual no puede ser sin desnudez y vacío de todas ellas.

52 Tampoco hay que temer en que la memoria vaya vacía de sus formas y figuras, que, pues Dios no tiene forma ni figura, (…) porque, cuanto más se arrimare a la imaginación, más se aleja de Dios (…)

Texto nº24 de “Vida en el Amor” *                           Ernesto Cardenal

Queriendo ir hacia el Creador tendemos hacia las criaturas como la mariposa que choca contra un vidrio. Porque la creación es transparente y el resplandor de Dios penetra a través de ella.

Nos proyectamos hacia afuera atraídos por la belleza que vemos en las cosas, sin darnos cuenta de que ellas no son sino el reflejo de la belleza real. Y la belleza real está dentro de nosotros. Y así, paradójicamente, mientras más nos proyectamos hacia la belleza, más nos alejamos de ella, que está en la dirección opuesta de donde la vemos: está en nuestro interior.

Pero uno no se une con Dios y después deja todas las cosas: uno primero deja todas las cosas y después se une con Dios.

Dios no se puede unir al alma hasta que el alma consienta, como el enamorado no puede unirse con su amada por mucho que la ame, mientras la amada ame a otros. Pero Dios se une al alma en el mismo momento en que el alma lo ama. La unión es automática. El alma al dejar de amar a las criaturas queda suspendida no en el vacío —pues no hay vacío— sino en el abismo insondable de Dios. Y el alma automáticamente es abrazada por Dios.

Y como no puede echarse vino en un recipiente si no se vacía primero, así el alma no puede ser llenada por Dios si antes no está vacía de todo.

Pero antes de recibir el abrazo de Dios uno tiene que pasar por aquel angustioso desgarramiento que es desprenderse de todo. Todos los deseos y las apetencias del alma tienen que desprenderse de todas las cosas a las que están tenazmente aferrados como ventosas, y sólo entonces los brazos del alma quedan libres y sólo entonces es el abrazo de Dios.

El amor impulsa siempre al amante a la unión con el amado, y por eso Dios que ama al alma desde toda la eternidad se une inmediatamente con el alma, sin esperar un instante más, desde el momento mismo en que ya no hay un obstáculo que lo separe de aquello que El ama y que lo ama. El desprendimiento del alma puede realizarse lentamente a través de años, o puede realizarse en un solo instante. Pero Dios irrumpe en el alma violentamente en el mismo instante en que el alma ha quedado sola, horrorosamente sola, desprendida de todo el universo creado, suspendida en esa especie de vacío entre la creación y Dios. Entonces el alma es inundada por Dios, pues como dice san Juan de la Cruz, no existe vacío en el universo y vaciarse de todo es llenarse de Dios. Pero basta que exista todavía un solo apego en el alma, un solo afecto de algo que no es Dios, para que Dios no pueda entrar dentro del alma. Porque si hay un solo afecto todas las ventosas del alma estarán aferradas a ese afecto, pues el alma no puede estar sin abrazar, y entonces no estará libre para abrazar a Dios. Uno tiene primero que pasar por la agonía de quedar sin nada, sin nada creado, para caer en Dios. Uno primero tiene que morir.

Mientras uno no se entrega sin reservas a Dios, Él tampoco se entrega sin reservas. El sacrificio es supremo. Pero el premio es también supremo: es cambiar la multitud de bellezas particulares, finitas y fugaces, por la Belleza absoluta, infinita y eterna. (…)

*Editorial Trotta

ExtractoContemplación y compromiso»* 

2ª Parte: Una aproximación no dualista.    de Mónica Cavallé 

* Articulo del Libro “la Experiencia Contemplativa” de Olga Fajardo.  Ed. Kairós                   

Características de la contemplación  

La convicción relativa a la superioridad y excelencia de la contemplación ha sido históricamente predominante. (…) ¿qué tiene la contemplación,…(para que) hayan sido unánimes al otorgar una condición tan elevada y poderosa al mero mirar, …?   Responderemos describiendo algunas características de este mirar;

    1 …    la naturaleza de la contemplación, (…) se trata de una mirada que nos saca de la cadena de medios y fines, de la cadena de la supervivencia, de la cotidianeidad inercial en la que hacemos unas cosas para alcanzar otras. Los seres humanos, como nos decía Aristóteles, somos seres carentes, necesitados. Necesitamos muchas cosas para vivir: (…)

Pero hay otro tipo de mirada. Es aquella que surge de la admiración, del asombro, del pasmo, del mero interés, de la interrogación por la naturaleza de las cosas, de la devoción o de la gratitud. Se trata de una mirada radicalmente distinta; de una mirada gratuita y libre, (…), a lo que las cosas son en si mismas, y no simplemente a lo que son para nosotros en función de nuestros necesidades, temores o deseos. (…)

        2  Es, además, una mirada que deja de dar todo por supuesto, que se asombra. De nuevo, Aristóteles: «Los hombres comienzan y comenzaron siempre a filosofar movidos por la admiración […]». 17 (…) No es un mero asombro sobre como son las cosas (¡y vaya si son increíbles!), sino, más aún, es asombro de que las cosas sencillamente sean, de que todo esto sea, de que cualquier cosa sea. Es una mirada radical, pues mira más allá de lo dado y atiende al fundamento de las cosas mismas; y es una mirada total, porque no se asombra ante esto o lo otro, sino ante el todo del ser. (…) este asombro nos saca de la inercia diaria, de la anestesia de la normalidad. Entraña un despertar de la mirada cotidiana que da todo por supuesto. (…)

Hay quienes tienen más propensión a este asombro (…) A veces se necesita una experiencia limite, de ruptura, para adquirir esta disposición, para que se despierte en nosotros este asombro básico. En ocasiones, este despierta de golpe, cuando algo agrieta nuestra inercia aletargada.  (…) Estas sacudidas (experiencias “místicas” puntuales) nos sacan del raíl de la cotidianeidad. Irrumpe en ellas algo que ya no se ajusta a lo dado, al rompecabezas de lo hasta entonces familiar, a la cadena ininterrumpida de medios y fines. Y lo hace de la mano de una nueva mirada: (…) una mirada que no sabemos bien si describirla como ausente o como muy presente; pues ya no está enfocada en la inmediatez, en el siguiente objetivo, sino en el enigma mismo de la vida. Ya no solo mira la epidermis de las cosas, sino también el misterio que las traspasa y que es irreductibles a ellas. 

3. …. otra característica de la contemplación: (…) no busca nada.(…) la contemplación, la actividad espiritual por excelencia, es la mirada que ya no busca precisamente porque descansa en lo que es. (…) el termino griego theoria se corresponde con la palabra latina contemplatio. Aludía originalmente al hecho de mirar, de atender, de ser un espectador. La actitud teórica era la actitud frente al mundo que se caracterizaba por un dirigirse a la realidad con el único objetivo de que esta se mostrase tal y como es, (…). La motivación de la teoría era el amor a la realidad, el deseo de escuchar la voz de las cosas, (…)

4. … otra característica de esta mirada es que únicamente ella nos pone en contacto con lo significativo, con lo valioso, con el sentido. (…) La contemplación nos pone en contacto con el fundamento (el alfa y omega de la vida), con la dimensión gratuita e incondicional de la realidad, la única que revela la verdad, el bien, la belleza, la plenitud ontológica y el sentido de las cosas. Esta dimensión se nos desvela al contemplar, es decir, al amar la verdad por sí misma, el bien por sí mismo, la belleza por sí misma, al afirmar la vida por sí misma.

5. … la contemplación … es la fuente de la visión verdadera, de la intuición, del conocimiento íntimo de las cosas.   (…)

La intuición es la mirada del «corazón» (símbolo tradicional del núcleo de nuestro ser) que nos pone en contacto directo con las cosas, que nos permite captar la realidad internamente, tal como es. El conocimiento directo que proporciona esta mirada (contemplativa) es muy distinto del conocimiento filtrado por la memoria y el pensamiento discursivo.  Confundir ambos modos de conocimiento ha dado lugar a una filosofía cerebral, (…) enredándonos en la trampa del lenguaje. La razón tiene que desarrollarse hasta su final, pero tiene limites, necesita ser iluminada por la intuición superior. Esta última nos previene de las astucias de la razón, pues todo, hasta lo más pernicioso, puede ser justificado «racionalmente».  Esta relevancia de la intuición tendió a relegarse progresivamente en la filosofía occidental moderna y contemporánea.  (…)   La inteligencia da vueltas alrededor de una cosa, es decir, es un conocimiento que se basa en comparar, recordar, reorganizar, poner lo conocido en relación con otras cosas conocidos. (…). La inteligencia es el instrumento del saber científico; tiene un valor instrumental, pero no permite captar la esencia de las cosas. (…)

6. … otra característica de la contemplación: la visión… nos revela que el sujeto no está separado del objeto y, más genéricamente, que la realidad es «no- dual». (…)

7. La contemplación, … es también la fuente del conocimiento de nuestra propia naturaleza, de nuestro sí mismo. (…)

 Algunos desarrollos de la psicología … se están abriendo a la práctica del mindfulness, de la «atención plena», (…) ciertamente, si se asumieran con radicalidad los presupuestos que dan sentido a la práctica meditativa, se produciría una revolución en los cimientos mismos de la psicología, (…)

Implicaría retomar, … el supuesto de las tradiciones sapienciales (espirituales, religiosas, filosóficas …) de que habitualmente estamos dormidos, de que pocas veces nos encontramos frente a frente con la realidad desnuda. … y confundimos nuestra identidad con el yo objetivado (supuesto Yo), pensado, el que definen los otros y la cultura, y el que define cada cual para sí mismo, actuamos, literalmente, en un estado de hipnosis o de trance, como si fuéramos lo que nuestros padres y la cultura nos han dicho que somos, y lo que nosotros mismos nos decimos que somos y que deberíamos ser. Solo cuando salimos de ese trance podemos tener una experiencia absolutamente directa e inmediata de nosotros mismos, más allá del filtro subjetivo de imágenes, ideas, creencias, hábitos, memorias de nuestra historia personal, etcétera. Solo entonces podemos alcanzar una visión despierta del mundo.

                                                         

Poema de Kabir

      

  (1440 – 1518), poeta y místico hindú.

La luna brilla en mi alma,

pero mis ojos no son capaces de verla.

El tambor de la Eternidad suena dentro de mí,

pero mis oídos sordos no son capaces de oírlo.

Mientras la persona disputa por el Yo y el Mío,

su obra es el vacío.

Cuando ha muerto todo el amor del Yo y del Mío,

entonces la obra del Señor se realiza.

Kabir (1440-1518). Nunca se definió ni como hindú, ni musulmán, sufí o bhakta, pero es uno de los poetas místicos más venerados de la India.

Según Kabir “Dios es el aliento de todo cuanto respira” y “Quien ha hallado el amor y la renuncia, jamás conoce la muerte”.

Textos del sábado 29 Octubre

BIENVENIDA         Octubre 2022

                Tomamos conciencia de que Dios siempre nos da la Bienvenida.  Este espacio y lugar es la vocación carmelita quien lo impulsa como una baldosa en el camino, en el Silencio Contemplativo para lo que convenga hoy a cada Un@. Hemos empezado el curso con una intención, además de seguir haciendo experiencia; facilitar elementos de compresión en el camino de la oración que puede ayudar a poner algunas palabras a nuestra experiencia. Lo llamaremos el balanceo de la oración de “la meditación y/o/a la contemplación” en el huerto del Silencio. Habilitaremos 4 o 5 sábados para ello, que concluirán en un retiro en Suesa el fin de semana 11 y 12 de Febrero próximo. Lo facilitara la Hermana carmelita misionera Beatrice, cuya misión es facilitar la oración “en el silencio Contemplativo” desde nuestras identidades carmelita, ecuménica e interreligiosa (no es casualidad que haya nacido en la India, haya vivido 20 años en Japón y varios en Roma…).

Estamos siguiendo las palabras de Juan de Cruz a modo de tratadillo que inserto en la explicación de la tercera canción del libro “Llama de amor viva”. Hasta la última gota supura experiencia en Dios contagiosa y sabia.  Tras su estela, la frecuencia de vibración de Ernesto Cardenal, con sus textos, sigue siendo un gran adaptador a la cultura de hoy del impacto de Dios en la vida. En la segunda parte de la mañana acudimos a un texto de Jabier Melloni para que nos de elementos de compresión, que nosotros llamamos formación. El Sufi Rumi puede ayudar a posibilitar la sintonía del encuentro en el Silencio contemplativo.

No nos olvidamos del deseo y clima en el que realizamos este Espacio y Tiempo y por ello lo seguimos señalando: Un encuentro en el “Dios Amor, en la Naturaleza:   En el Silencio y la soledad Sonora.                                                                                                             En un Espacio seguro, confidencial, donde cuidar y cuidarnos.                                                        En donde disponer de pequeñas dosis de formación contemplativa.

En donde habilitar pequeños tiempos, suficientes, para compartir nuestra experiencia en la oración, con palabras cortas, moderadas, que quepan todas. Palabras que contagien de Espíritu.

“Juan de la Cruz nos recuerda el estado de principiantes en la relación con Dios. Uno de los nombres que utiliza en ello es oración de meditación. En la oración de meditación las personas somos quien actúan, se esfuerzan; hacemos, pensamos, razonamos, imaginamos, sentimos con nuestra mente y corazón. El cuerpo es un mero observador que sustenta y lo recoge. ¡Pero anhelamos…! El anhelo profundo de nuestro Ser es la relación con Dios EN DIOS; vivir cual matrimonio espiritual al que aluden nuestros místicos, ser con Dios “un solo cuerpo y espíritu”. Aquí, en estas estancias aludiendo a Teresa de Jesús, solo Dios es el que actúa, nosotros desapareciendo, quien “contemplamos” cual oración contemplativa.” Seguimos haciendo nuestra experiencia acompañad@s y a solas, ¡y que mejor que en una casa de peregrinación tan bendecida como esta!

sala de usos múltiples

2 Parte:

“Tratadillo Meditación -Contemplación”. (Extracto)

Libro “Llama de amor viva B” canción 3.29-67

                                               S. Juan de la Cruz

37 No es posible que esta altísima sabiduría y lenguaje de Dios, cual es la contemplación, se pueda recibir menos que en espíritu callado y desarrimado de sabores y noticias discursivas, (…).

38 Quita, ¡oh alma espiritual!, las motas y pelos y niebla, y limpia el ojo, y luciráte el sol y verás claro. Pon el alma en paz, sacándola y libertándola del yugo y servidumbre de la flaca operación de su capacidad, que es el cautiverio de Egipto, donde todo es poco más que juntar pajas para cocer tierra (Ex. 1, 14; 5, 7-19), y guíala, ¡oh maestro espiritual!, a la tierra de promisión que mana leche y miel (Ex. 3, 8, 17), y mira que para esa libertad y ociosidad santa de hijos de Dios llámala Dios al desierto, (…), que es su poco entender, su bajo sentir, su pobre amar y gustar, para que Dios le dé el suave maná, cuyo sabor, aunque tiene todos los sabores y gustos(…), cuando el alma va llegando a este estado, procura desarrimarla de todas las codicias de jugos, sabores, gustos y meditaciones espirituales, (…), poniéndola en toda enajenación (no saber) y soledad posible; porque, cuanto más esto alcanzare, y cuanto más presto llegare a esta ociosa tranquilidad, tanto más abundantemente se le va infundiendo el espíritu de la divina sabiduría, que es amoroso, tranquilo, solitario, pacífico, suave y embriagador del espíritu, en el cual se siente robado y llagado tierna y blandamente, sin saber de quién ni de dónde, ni cómo. La causa es porque se comunicó sin su operación propia.

39 Y un poquito de esto que Dios obra en el alma en este ocio santo y soledad es inestimable bien, a veces mucho más que el alma ni el que la trata pueden pensar. Y, aunque entonces no se echa tanto de ver, ello lucirá a su tiempo. (…) 

40  Pero los bienes que esta callada comunicación y contemplación deja impresos en el alma, sin ella sentirlo entonces, como digo, son inestimables; (…) porque, siendo Dios el que lo hace, hácelo no menos que como Dios.             

43(…). Porque ¡cuántas veces está Dios ungiendo al alma contemplativa con alguna unción muy delgada de noticia amorosa, serena, pacífica, solitaria, muy ajena del sentido y de lo que se puede pensar!; con la cual no puede meditar ni pensar en cosa alguna, ni gustar de cosa de arriba ni de abajo, por cuanto la trae Dios ocupada en aquella unción solitaria, inclinada a ocio y soledad; y vendrá un maestro (director) espiritual que no sabe sino martillar y macear con las potencias como herrero, y, porque él no enseña más que aquello y no sabe más que meditar, dirá: «Anda, dejaos de esos reposos, que es ociosidad y perder tiempo; sino toma y medita y haced actos interiores, porque es menester que hagáis de vuestra parte lo que en vos es que esotros son alumbramientos y cosas de bausanes (paja)».                                                                                           

44 (…) así, no entendiendo los grados de oración ni vías del espíritu, no echan de ver que aquellos actos que ellos dicen que haga el alma, y que el quererla hacer caminar con discurso está ya hecho, pues ya aquella alma ha llegado a la negación y silencio del sentido y del discurso; y que ha llegado a la vía del espíritu, que es la contemplación, en la cual cesa la operación del sentido y del discurso propio del alma, y sólo Dios es el agente y el que habla entonces secretamente al alma solitaria, callando ella; (…).  

46(…) 

Procuren ellos desembarazar el alma y ponerla en soledad y ociosidad, de manera que no esté atada a alguna noticia particular de arriba o de abajo, o con codicia de algún jugo o gusto, o de alguna otra aprehensión, de manera que esté vacía en negación pura de toda criatura, puesta en pobreza espiritual, que esto es lo que el alma ha de hacer de su parte, como lo aconseja el Hijo de Dios (Lc. 14, 33), diciendo: “El que no renuncia a todas las cosas que posee, no puede ser mi discípulo.” Lo cual se entiende no solo de la renunciación de las cosas temporales según la voluntad, mas también del desapropio de las espirituales. (…)

47 Dios está como el sol sobre las almas para comunicarse a ellas. Conténtense los que las guían en disponerlas para esto según la perfección evangélica, que es la desnudez y vacío del sentido y espíritu, y no quieran pasar adelante en edificar, que ese oficio sólo es “del Padre de las lumbres, de adonde desciende toda dádiva buena y perfecta” (Sant. 1, 17). Porque “si el Señor”, como dice David (Sal. 126, 1), “no edifica la casa, en vano trabaja el que la edifica.” Y pues él es el artífice sobrenatural, él edificará sobrenaturalmente en cada alma el edificio que quisiere, (…).    

Texto nº20 de “Vida en el Amor” *                           Ernesto Cardenal

El placer es un falso dios que nos dice: entrégate a mí y yo te saciaré. Pero no nos sacia nunca porque nuestra alma es mayor que el placer. No se contenta con un placer que no sea infinito. Somos ánforas rotas. Ni con una belleza que tenga límites. Y toda belleza que no es Dios tiene un límite. «En toda perfección vi un límite», exclama el salmista. De ahí ese íntimo sentimiento de tristeza, esa dulzura dolorosa de las cosas bellas.

Los animales sí se sacian con la creación y no desean más.

Pero el ser humano sólo se sacia con infinito.

Todo instinto en la naturaleza exige racionalmente ser satisfecho, y toda necesidad natural tiene que ser satisfecha. El ser humano nace con un instinto de infinito, con un instinto de Dios, y este instinto tiene que ser satisfecho. Es la «sed de ilusiones infinita», de la que habla Darío.

Todo apego a las criaturas es frustración. Una frustración tan honda como la de un dictador privado del poder. Porque es un apego a algo que no nos pertenece, que injustamente queremos dominar y que nos es arrebatado.

Pero cuando uno ha gustado de Dios ya no desea los placeres de las criaturas. Igual que en un banquete tendrías repugnancia del pan engusanado que comías con avidez y con deleite en el campo de concentración.

Ese fulgor de la verdad, de lo real y de lo auténtico que resplandece en todos los seres, y por lo cual nos atraen todas las cosas, es el fulgor de Dios (Él es infinitamente eso, pues Él es la Verdad), y ese dulce fulgor de bondad que resplandece en todos los seres y el deslumbrante fulgor de la belleza con que nos atraen todas las cosas, son también el fulgor de Dios.

De Él toman su luz todas las estrellas y todas las hermosas cabelleras que hay en el mundo. Él está presente en todas las cosas, inflamándolas sin consumirlas, como el fuego de la zarza que vio Moisés.

En presencia de todo lo bello, de una mujer bella, por ejemplo, debes pensar en la belleza infinita de tu Amado que es el creador de toda la hermosura de la tierra, y alegrarte desinteresadamente por la gloria que esa hermosura le tributa  a tu Amado, sin querer poseerla tú y quitársela a tu Amdo, puesto que tu Amado es para ti y tú eres para tu Amado. Alégrate por toda esa belleza porque ella es un canto de gloria para tu Amado, y por lo tanto es un canto de gloria para ti. Porque tú eres para tu Amado y tu Amado es para ti.

La tierra es bella en todas partes: Nicaragua como Venecia, Kentucky como el Sahara. Todos los panoramas del mundo son bellos: el mar, el desierto y los bosques, la estepa, los lagos, las montañas, el trópico y el ártico. Porque en todas partes está Dios rodeándonos de belleza y de poesía, metiéndonos por los ojos y por todos los sentidos de nuestro cuerpo la belleza visible que Él ha creado y que es un reflejo y un resplandor de su belleza invisible.

Toda tu tierra es bella y todos sus rincones están llenos de encanto y todos sus seres son seductores, pero ¿cómo no vamos a renunciar a esa seducción por poseerte a Ti que eres mucho más que todo eso? Y si la tierra nos seduce tanto ¿cómo no vamos a arder por verte cara a cara?

Iría a pie hasta el fin del mundo si supiera que voy a encontrarte allí. Pero Tú estás dentro de mí y no en el fin del mundo.

Estás dentro de mí y en tus ojos están concentrados todos los ojos de las muchachas que yo he amado y los ojos de las que me han amado y mucho más, y todas las miradas de amor que ha habido en el mundo y mucho más, y tus ojos están fijos en mí desde toda la eternidad, y desde toda la eternidad me están mirando.

*Editorial Trotta

Extracto 2ªParte: La dimension contemplativa del ser humano* Javier Melloni

* Articulo del Libro “la Experiencia Contemplativa” de Olga Fajardo.  Ed.  Kairós

(…) podemos identificar tres grandes vías que se corresponden con los tres centros del ser humano: el cuerpo, el corazón y la mente.  (…)nos constituyen como humanos para trascenderlos y para trascendernos. La contemplación es el «otro» lado de cada instante, el umbral siempre abierto que esta allá mismo donde nos hallamos y al que accedemos por los mismos medios que disponemos en nuestro ser y hacer cotidianos. La posibilidad de completud está al alcance de nosotros en cada momento(…)

Las tres vías que propician la contemplación.

                   La vía de la percepción    

La percepción es la conciencia del cuerpo, la captura de la realidad a través de los sentidos. Ver, oír, palpar, oler y gustar pertenecen al reino de la supervivencia, pero también son vías de trascendencia (…) La contemplación acontece cuando la persona deja de estar a la defensiva o a la ofensiva frente a un objeto o a otro sujeto y se abre plenamente en actitud admirativa y de ofrenda. (…)

         La vía perceptiva comienza por un soporte muy sencillo, (…) la respiración. (…) ancla en el presente.  Solo podemos respirar el aire de cada «ahora». (…) Lo que convierte la atención y la concentración en contemplación es experimentar el flujo de vida que se produce en el acto de respirar. (…)

La siguiente pauta de atención se dirige a la postura. (…) El propio cuerpo es la postura. Se trata de lograr la alineación correcta de la columna vertebral, eje que nos ancla en la tierra (…), a la vez que nos eleva; así puede venir la relajación (…)

A continuación, se da una bifurcación de acentos. Unas corrientes se centran en la atención a las sensaciones internas, tanto fisiológicas como emocionales: (…).La otra línea de la bifurcación busca el vacío de la mente (…)

Tanto en la escucha de las sensaciones internas como externas, la herramienta básica es mindfulness la  «atención plena», un término que se ha consagrado en los últimos años (…).La contemplación, en tanto es teofánica (presencia de Dios), no está al servicio del ego, sino que lo pone radicalmente en cuestión. Escribe Thich Nhat Hanh, monje vietnamita contemporáneo… :

«La atención plena es la energía de la atención. Es la capacidad que hay en cada uno de nosotros de estar presentes al ciento por ciento ante lo que está ocurriendo en nuestro interior y a nuestro alrededor. Es el milagro que nos permite llegar a estar plenamente vivos en todo momento. Es la base esencial para curarnos y transformarnos nosotros mismos y nuestro entorno». 11

La atención plena no se restringe al tiempo de la meditación. Se extiende a todas las horas del día y a todo el ámbito de la vida. Prosigue Thich Nat Hanh:

«Cortar leña es una meditación. Llevar cubos de agua es una meditación. Sé plenamente consciente las veinticuatro horas del día y no sólo durante la hora que te dedicas a meditar formalmente, a leer un texto sagrado y a recitar oraciones. Ejecuta cada acto con plena atención. Cada uno de ellos es un rito, una ceremonia. (…)». 12   

(…) La vía de la percepción accede, pues, a la contemplación (…)sosteniendo la atención a todo lo que nos rodea de un modo no utilitario, sino rindiéndonos y haciéndonos plenamente presentes. El cuerpo solo vive en el presente. Es la mente la que recuerda o la que se anticipa. Por ello, la contemplación solo se da en el presente (…).

          La vía del corazón

(…) la corriente afectiva se dirige hacia la trascendencia como el Tú supremo de donde brota el propio yo, el totalmente Otro del que proviene la propia identidad. Tal es la experiencia contemplativa que brota de la tradición bíblica, tanto judía como cristiana, así como en el islam y en las corrientes afectivas de todas las tradiciones. Es bien conocida la definición que da Teresa de Ávila sobre la oración: (…). Así lo expresaba Juan de la Cruz:  

«¡Oh fuente cristalina,

si en esos tus semblantes plateados,

formases de repente

los ojos deseados,

que tengo en mis entrañas dibujados!». 15    

La via amoris avanza a través de la contemplación de un rostro (plasmado exteriormente o recreado interiormente) o por medio de unas palabras (externas o internas). La cuestión del soporte es muy importante: palabras e imágenes sirven como escala, las cuales son captadas a un nivel cada vez más profundo. Lo que convierte la oración en contemplación es la desaparición del soporte y la unión que se alcanza entre el orante y Dios. (…)

Anthony de Mello establecía la siguiente escala de la oración:

         «Primero, yo hablo y tú escuchas.

Luego, yo escucho y Tú hablas.

después ninguno habla y los dos escuchamos.

Finalmente, nadie habla, nadie escucha. Sólo hay silencio». 17 

La transición entre el tercer y cuarto estadio supone un cambio cualitativo. Nos adentra en el silencio de la unión, (…)

Escribe el maestro Eckhart:  

«Separad de Dios todo cuanto lo está vistiendo y tomadlo desnudo en el vestuario donde se halla desvelado y desarropado en sí mismo. Entonces permaneceréis en él». 20   

En definitiva (…), «amada en el amado transformada» como dice san Juan de la cruz al final de su Cántico espiritual , (…)

          La vía cognitiva  

(…) en la vía cognitiva o indagativa se progresa a través de la pregunta: ¿Quién soy yo? ¿Quién es el yo que piensa, ve o siente? (…). Consuelo Martín expresa con claridad lo que significa detener el flujo del pensamiento: «Cuando la verdad se contempla, se es la Verdad y ahí empieza todo». 21 En este silenciamiento se «ve», y este «ver» es el que abre al campo de la conciencia no-dual donde el yo separado se va percibiendo en el Yo Supremo del que emanan todos los yoes individuales. Lo propio de la vía medi-tativa-indagativa es llegar al verdadero discernimiento: captar que no hay dos realidades (yo-tú, sujeto-objeto, Dios-mundo), sino una única Realidad(…). 

La corriente que tal vez haya llegado más lejos en este camino es la Advaita Vedanta de la tradición hindú.

(…) Ramana Maharshi (1880-1950), uno de los mayores exponentes de esta corriente, dice: «No hay ningún todo aparte de Dios para que él lo penetre. Sólo él es». 23 Es decir, no es que Dios esté en todo, sino que Dios es todo. Solo Dios es. (…).

Este dejarse tomar, esta total rendición de la mente es la que se alcanza (…) lo que se esconde tras su pequeño yo. Cuando esto es descubierto, cuando se «ve» esto, es porque ya no hay separación entre Dios y uno mismo.  (…). De nuevo Ramana:  

«La muerte de la mente sumergida en el océano de la Auto-conciencia es el eterno Silencio. El “Yo” real es el Supremo Espacio del Corazón que es el gran océano de Felicidad». 24  

(…) El corazón no es el órgano de la afectividad, sino el centro del ser, la morada del ser en nuestro ser:   «Tu mente no puedes conocer al Ser, que es la perfecta experiencia indivisa y el Uno sin segundo. Sólo lo puede conocer el Corazón, libre del pensamiento y que es el Ser mismo». 26    

                Recapitulaciones  

Como hemos tratado de mostrar, cada una de las vías se basta a sí misma para alcanzar el fin de la contemplación, que nos es otro que abismarse en la plenitud del Ser. Esta plenitud se identifica y se nombra en cada vía con términos diferentes, según la tradición religiosa que subyazga, pues cada camino está basado en un modo de comprender la última realidad. Es más, la práctica misma de cada vía condiciona el modo de comprenderla y de vincularse con ella.

Existe una sentencia latina que dice: Lex orandi, lex credendi, esto es, el modo de orar –o de contemplar– condiciona el modo de creer. Quien tenga experiencia en este campo comprobará que así es. (…)

Cabe hacer una última consideración: estas tres vías se han presentado separadas y distinguidas unas de otras con una intención pedagógica, pero también es cierto que se hallan mucho más integradas y que en los estadios avanzados no se puede distinguir dónde acaba una y comienza la otra.

Sea como sea, a través de la contemplación el ser humano se eleva por encima del reino de la necesidad, de la competitividad y de la depredación para introducirse en un modo de existencia donde se vive inmerso en el Ser, con la consciencia de que existir no es una conquista, sino el don permanente que subyace a todo lo que es. (…)

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