Así fue: la mañana en el Silencio, Diciembre. Los textos

Bienvenida   Diciembre 2022

Sintámonos de nuevo Bienvenidas. Este espacio y tiempo hoy se hace Navidad, donde en el Silencio. se llenan todas nuestras células de Sentido, de Dios.  Repetiremos algunas frases con ideas e informaciones ¡qué puedan percibirse nuevas como día nuevo es hoy!:

        “Este espacio y lugar es la vocación carmelita quien lo impulsa como una baldosa en el camino, en el Silencio Contemplativo para lo que convenga hoy a cada Un@.”

        “Queremos seguir facilitando elementos de compresión en el camino de la oración que puedan ayudar a poner algunas palabras a nuestra experiencia.”

        “Habilitamos 5 sábados desde septiembre, que concluirán en un retiro en Suesa el fin de semana del 11 y 12 de Febrero próximo. Lo impartirá la hermana carmelita misionera Beatrice D´Cunha, dedicada a facilitar la oración “en el silencio Contemplativo” desde nuestras identidad carmelita, ecuménica e interreligiosa (no es casualidad; nacida en la India, vivio 20 años en Japón, varios en Roma…y ahora en España es una oportunidad). Una oportunidad de poder experimentar un mayor tiempo “en el silencio contemplativo”, de forma segura, cálida y bien acompañada. Donde seguir haciendo la experiencia personal e intransferible de cada un@.”

        “Juan de la Cruz nos recordaba al comienzo de estos encuentros y nos recuerda hoy, el estado de principiantes en la relación con Dios. Uno de los nombres que utiliza en ello es oración de meditación. En la oración de meditación las personas somos quien actúan, se esfuerzan, entienden; hacemos, pensamos, razonamos, imaginamos, sentimos con nuestra mente y corazón. El cuerpo es un mero observador que sustenta. ¡Pero anhelamos…! El anhelo profundo de nuestro Ser es la relación con Dios EN DIOS; vivir cual matrimonio espiritual al que aluden nuestros místicos, ser con Dios “un solo cuerpo y espíritu”. Aquí, en estas estancias, aludiendo a Teresa de Jesús, solo Dios es el que actúa, nosotr@s “desapareciendo”, nos fundimos en oración contemplativa.

Hoy terminamos El tratadillo “Meditación-contemplación” que San Juan de la Cruz insertó en la tercera canción de su libro “Llama de amor viva” será nuestro texto de apoyo carmelita. Seguimos acompañándonos con otro texto de Ernesto Cardenal. Mónica Cavalle en su texto de formación, nos deja palabras para encajar la acción y la contemplación. Y en esta Navidad vamos habilitar palabras de otra mujer, Mª Paz López Santos.

Como siempre remarcar “El deseo y clima en el que realizamos este Espacio y Tiempo: Un encuentro en el “Dios Amor”; en la Naturaleza, en el Silencio y la soledad Sonora. Un Espacio seguro, confidencial, donde cuidar y cuidarnos. Donde disponer de pequeñas dosis de formación contemplativa. Donde habilitar pequeños tiempos, suficientes, para compartir nuestra experiencia en la oración, con palabras cortas, moderadas, que quepan todas. Palabras que contagien de Espíritu.”

¡“Casa de Ejercicio de Pedreña” compañera de tantas personas en la experiencia de Dios!. Un Lugar donde un verso de San Juan de la + sobre el campo “vestidos los dejo de hermosura” encaja sin igual. Todo al servicio de facilitar la experiencia; del meditar al contemplar, del yo al nosotros, de hij@s de Dios a vivir en/desde su regazo.

4Parte:“Tratadillo Meditación -Contemplación”. (Extracto)

    Del Libro “Llama de amor viva B” canción 3.29-67

                                               S. Juan de la Cruz

53  No entendiendo, pues, estos maestros (directores) espirituales las almas que van en esta contemplación quieta y solitaria, por no haber ellos llegado a ella, ni sabido qué cosa es salir de discursos de meditaciones, como he dicho, piensan que están ociosas, y les estorban e impiden la paz de la contemplación sosegada y quieta, que de suyo les estaba Dios dando, haciéndoles ir por el camino de meditación y discurso imaginario, y que hagan actos interiores; (…). Lo cual no pudiendo ellas hacer ni entrar en ella como antes [porque ya pasó ese tiempo, y no es su camino],(…).

54 (…) Porque le ha costado mucho a Dios llegar a estas almas hasta aquí, y precia mucho haberlas llegado a esta soledad y vacío de sus potencias y operaciones para poderles hablar al corazón, que es lo que él siempre desea, tomando ya él la mano, siendo ya él el que en el alma reina con abundancia de paz y sosiego, haciendo desfallecer los actos naturales de las potencias, con que trabajando toda la noche no hacían nada (…).

55 (…) estos (maestros) espirituales no quieren que el alma repose ni quiete, sino que siempre trabaje y obre, de manera que  no dé lugar a que Dios obre, y que lo que él va obrando se deshaga y borre (…).

56 Pero éstos por ventura yerran por buen celo, porque no llega a más su saber. (…).

57 (…). Pues que está cierto que, habiendo aquel alma de ir adelante, aprovechando en el camino espiritual, a que Dios la ayuda siempre, ha de mudar estilo y modo de oración y ha de tener necesidad de otra doctrina ya más alta que la suya y otro espíritu. Porque no todos saben para todos los sucesos y términos que hay en el camino espiritual, (…)

63 El segundo ciego (recordamos que en el camino contemplativo S. Juan + nos advierte, en este tratadillo. de tres ciegos que nos quieren guiar en ello. El 1º era el director espiritual) que dijimos que podría empachar al alma en este género de recogimiento es el demonio, que quiere que, como él es ciego, también el alma lo sea. El cual en estas altísimas soledades, en que se infunden las delicadas unciones del Espíritu Santo (…)   procúrale poner en este enajenamiento (trance con Dios) algunas cataratas de noticias y nieblas de jugos sensibles, a veces buenos, para cebar más el alma y hacerla volver (…) obra del sentido, y que mire en aquellos jugos  y noticias buenas que la representa y las abrace, a fin de ir a Dios arrimada a ellas. Y en esto facilísimamente la distrae y saca de aquella soledad y recogimiento, en que, como habemos dicho, el Espíritu Santo está obrando aquellas grandezas secretas.   (…)

Porque, como ella en aquella soledad y quietud de las potencias del alma no hacía nada, parécele que estotro es mejor, pues ya ella hace algo. Y aquí es grande lástima que, no entendiéndose el alma, por comer ella un bocadillo de noticia particular o jugo, se quita que la coma Dios a ella toda (,,,)    

65 ¡Oh, pues, almas! Cuando Dios os va haciendo tan soberanas mercedes que os lleva por estado de soledad y recogimiento, apartándoos de vuestro trabajoso sentir, no os volváis al sentido. Dejad vuestras operaciones, que, si antes os ayudaban para negar al mundo y a vosotros mismos que érades principiantes, ahora que os hace ya Dios merced de ser el obrero, os serán obstáculo  grande y embarazo. Que, como tengáis cuidado de no poner vuestras potencias en cosa ninguna, desasiéndolas de todo y no embarazándolas, que es lo que de vuestra parte habéis de hacer en este estado solamente, junto con la advertencia amorosa, sencilla, que dije arriba (…)

66 El tercer ciego es la misma alma, la cual, no entendiéndose, como habemos dicho, ella misma se perturba y se hace el daño. Porque, como ella no sabe obrar sino por el sentido y discurso de pensamiento, cuando Dios la quiere poner en aquel vacío y soledad donde no puede usar de las potencias ni hacer actos, como ve que ella no hace nada, procura hacerlo, y así se distrae y se llena de sequedad y disgusto el alma, la cual estaba gustando de la ociosidad de la paz y silencio espiritual en que Dios la estaba de secreto poniendo a gesto. Y acaecerá que Dios esté porfiando por tenerla en aquella callada quietud, y ella porfiando también con la imaginación y con el entendimiento a querer obrar por sí misma; (…)

Texto 3 de “Vida en el amor” *      

Ernesto Cardenal

Las tardes y las noches son quietas y solitarias porque Dios las ha hecho para la contemplación. Los bosques, y los desiertos, y el mar, y el cielo estrellado, han sido hechos para la contemplación. Y todo el mundo ha sido hecho para eso.

Las urracas y chocoyos hablan de Dios, y es Dios quien les enseñó a hablar. Todos los animales que cantan al amanecer, están cantando a Dios. Los volcanes, las nubes y los árboles, nos hablan a gritos de Dios. Toda la creación nos grita estridentemente, con un gran grito, la existencia y la belleza y el amor de Dios. La música nos lo grita en los oídos y los paisajes nos lo gritan en los ojos.                                                                                                                                   «Encuentro cartas de Dios dejadas caer en la calle, y todas ellas están firmadas por Dios», dice Whitman. Y la hierba verde es un pañuelo oloroso con las iniciales de Dios en una esquina, como dice Whitman, que El ha dejado caer intencionalmente para que lo recuerden. Así es como entienden los santos a la naturaleza, y así es como la entendió Adán en el paraíso (…).                                                                                                                

En toda la naturaleza están las iniciales de Dios, y todas las criaturas son cartas de amor de Dios para nosotros. Son llamaradas de amor. La naturaleza toda está inflamada de amor, creada por el amor para encender el amor en nosotros. Y no tienen otra razón de ser todos los seres y no tienen otro sentido; y no nos pueden brindar otra satisfacción ni darnos ningún otro placer más que éste: el encender en nosotros el amor de Dios.

La naturaleza es como una sombra de Dios, un reflejo de su belleza y un resplandor. El lago quieto y azul tiene un resplandor de Dios. Sus huellas digitales están en cada partícula de materia. En cada átomo está una imagen de la Trinidad, una figura de Dios Trino y Uno: iy por eso tu creación nos vuelve locos, Dios mío!

Y todo mi cuerpo ha sido hecho también para el amor a Dios. Cada una de mis células es un himno al Creador y una constante declaración de amor.

Como el martín-pescador ha sido hecho para pescar y el chupa-flor para chupar las flores, así el ser humano ha sido hecho para la contemplación, y para amar a Dios.

Dios está en todas partes, no sólo dentro del alma. Pero también está dentro del alma, y uno se ha dado cuenta de su presencia en el alma, y quiere gozarla, y por eso se retira uno a la soledad y el silencio: porque no quiere que ninguna otra criatura se refleje en el alma, y quiere que solamente haya en ella el reflejo de Dios, como el reflejo del cielo en el lago quieto.

Dios se refleja en la soledad y la paz, como el cielo en el lago en calma. Y basta que el alma se aquiete y se purifique para que en su superficie se comience a reflejar el rostro de Dios. Y el rostro de Dios es el Hijo del Hombre, el que se imprimió en el velo de la Verónica. Y es un rostro que asoma más opacamente también en toda la creación.

Somos sólo espejos de Dios, creados para devolver a Dios. El agua puede estar todavía turbia, pero aun así reflejar el cielo.

*Editorial Trotta

EXTRACTO 3 Parte “Contemplación y compromiso”* 

Una aproximación no dualista.  de Mónica Cavallé   

 

* Articulo del Libro “la Experiencia Contemplativa” de Olga Fajardo.   Ed. Kairós

Contemplación, acción y compromiso  

La contemplación como fuente del compromiso  

Hemos visto cómo en la contemplación tiene lugar un autodescen-tramiento. (…)

 En efecto, la contemplación equivale, de hecho, al compromiso total.

        … en primer lugar, la practica contemplativa nos revela que un yo aislado es una ficción.

Un yo que olvida el tú, que no vivencia agudamente su hermandad esencial y su interdependencia con todos los seres humanos y con todas las formas de vida, en ningún caso es un yo despierto. No hay contemplación sin conciencia de esta interdependencia, y, por consecuencia, sin solidarizarnos activamente con el mundo que nos rodea.

en segundo lugar, La contemplación es la fuente del compromiso, porque solo desde ella es posible ser «responsable» … forma latina del verbo responder: …  responder total y adecuadamente a cada situación y reto presentes. En la contemplación no estamos identificados con nada, ni apegados a nada (a nuestra autoimagen, a nuestras concepciones sobre cómo son y pueden ser las cosas, etcétera), y por ello tenemos soltura y, por tanto, disponibilidad y flexibilidad plena para responder a lo que cada momento y situación requiere, a los retos de la existencia. …

        en tercer lugar, La contemplación es la raíz del compromiso, porque únicamente desde la contemplación la acción es del todo y para el todo. No podemos responder adecuadamente … cuando nos vivenciamos como un yo autoclausurado, condicionado, arraigado en el pasado, en el miedo y en el deseo, identificado con sus opiniones personales, con sus ideas particulares sobre cómo tendrán que ser las cosas, confundido con sus emociones (…) afirmaba Nisargadatta, «una persona que cree saber lo que es bueno para las demás es peligroso». 27(…)

        En la práctica contemplativa comprendemos, asimismo, desde la conciencia plena de la unidad de la vida, que nuestra transformación transforma el mundo. (…) Confiamos en que ofreceremos nuestros mejores dones a los demás y a la vida si somos fieles a nuestro propio corazón, a lo que es para nosotros una fuente de sentido y de contentamiento profundos –ese corazón que no puede entrar en conflicto con el bien de la totalidad porque es el único corazón de todo lo que es-. Evitamos, de este modo, la trampa de la utilidad: la que nos lleva a confundir el compromiso con el activismo inquieto, con la enajenación «ayudadora», con la reactividad ante las urgencias y demandas inmediatas (…)

        por último, La contemplación es indisociable del compromiso, porque nos permite entender que el cambio no equivale, sin más, a la transformación visible. La contemplación no solo no es distinta de la acción, sino que es la forma más elevada de acción, la acción por excelencia. Es la acción más activa –como afirmaba Aristóteles–, por más que parezca todo lo contrario desde una consideración superficial. (…)

        El cambio verdadero, la verdadera transformación, no es visible; son visibles sus frutos. Y, con respecto a estos últimos, no podemos conocer el modo, el tiempo y la manera en que irrumpirán y se desplegarán, ni siempre van a hacerlo en formas que podemos controlar y comprender.  

El activismo que desconfía de la contemplación. 

El activismo que desconfía de la contemplación identifica acción con movimiento visible, con cambio visible e inmediato. Confunde la acción con sus frutos (o con algunos de sus frutos posibles). E identifica el compromiso con la implicación exclusiva en este tipo de acción visible. (…)

        El activismo disociado de la contemplación es reflejo del yo dualista, del yo autoclausurado que se cree el centro y que considera que lo que el haga o deje de hacer resulta decisivo. (…)

        Por último, el activismo que elude la contemplación está en la base del pseudocompromiso sentimental y reactivo. (…) Cuando no hemos aceptado, afrontado y comprendido nuestro propio sufrimiento, sigue en nosotros no resuelto. (…)

        Por ejemplo, hay quienes se hallan en un estado crónico de enfado con el mundo, porque este no es como ellos creen que debería ser, (…). Pasan por alto que hay una diferencia decisiva entre actuar desde nuestro sentido de la justicia y reaccionar desde la ira. Si reaccionamos desde la ira, responderemos sin serenidad y discernimiento, y cometeremos una injusticia con el fin de equilibrar otra. Habremos asumido la creencia errónea de que necesitamos este tipo de pasiones para actuar con firmeza, cuando lo único que ha de movilizarnos es nuestro sentido de la justicia, de la verdad, de la belleza y del bien; un sentido con el que nos pone en pleno contacto la contemplación.  

La contemplación sin compromiso  

Si la acción y el compromiso sin contemplación son parciales y, en ocasiones, peligrosos, la contemplación sin compromiso es ficticia; tampoco supera la conciencia dualista. La contemplación sin compromiso es mero ensimismamiento. (…)

        La mirada contemplativa ve plenamente el árbol, la piedra, el rostro, el dolor… en todos sus matices, en su maravillosa singularidad; no es una mirada difusa o evanescente. Ve lo más profundo en la epidermis del mundo, lo ilimitado en lo limitado, lo más evasivo para nuestra mente objetivadora en lo inmediato, lo universal en lo singular. 

Es cierto que en el camino contemplativo suele haber una fase aparentemente dual: (…). Pero esta fase es una transición, pues al reconocernos como una nada(…), desaparece el límite ilusorio entre yo y los demás, entre el yo y las cosas, y nos descubrimos siendo uno con todo lo que es, experimentando la más perfecta intimidad con todas y cada una de las expresiones de la vida. (…)

Conclusión  

        (…) La contemplación genuina es no-dual. No hay dilema, por tanto, entre contemplación y acción, entre mística y compromiso.

         La contemplación es el corazón mismo de la acción, la fuente del genuino compromiso.

        Cuando habitamos en esta conciencia no-dual, la disyuntiva entre la contemplación y la entrega a las actividades de la vida desaparece:

Permanecemos en el centro sereno del Ser, estado, a su vez, totalmente implicados en la actividad. Esta acción, en muchas ocasiones, precisará ser contundente, firme y enérgica, pero surgirá siempre desde un trasfondo de quietud.

         Luchamos por la paz desde la paz, y no esperando que esta venga a través de nuestra acción. (…)

        Entendemos que el silencio no es la cesación de la palabra, sino su trasfondo. Que es compatible la quietud interior y la acción diligente; el contentamiento interior y la denuncia; la serenidad y el enfado enérgico puntual ante una situación que requiere nuestra firme intervención –lo que no equivale a instalarse en el enfado–, pues hay una «ira que surge sin ira» (Chuang Tzu).

(….) Entendemos que podemos iniciar acciones instrumentales orientadas a la consecución de objetivos concretos –el tipo de acciones que constituyen buena parte de nuestro día a día– y, simultáneamente, convertir cada momento de dichas acciones en un fin en sí mismo, en un acto   contemplativo, en una ofrenda, si ponemos en nuestras obras, a cada instante, nuestra mejor presencia, sabiendo que esto es lo único que nos compete, y permanecemos desapegados de los resultados de estas y de nuestro «yo hacedor». 

Todo esto son paradojas, si bien en ningún caso hay disonancia o incompatibilidad entre las notas que hacen posibles esos acordes. (…)

        (…) no se trata de elegir entre Marta y María, pues el compromiso activo y el servicio son necesarios. El problema no es que Marta estaba ocupada en lugar de estar sentado a los pies de Jesús, sino que, como afirma el Evangelio, «Estaba inquieta y preocupada por muchas cosas». Actuaba desde la inquietud y desde la preocupación, cuando su servicio dinámico y diligente podría haber sido, en si mismo, un acto de serena contemplación.  (…)

RECONSTRUIR LA NAVIDAD

MARI PAZ LÓPEZ SANTOS

Hace unos días me llamó la atención el anuncio publicitario de una conocida marca de construcciones para niños. Se acercan las fiestas navideñas y, a modo de eslogan, animaban a «reconstruir la Navidad».

No soy muy permeable a los anuncios publicitarios ni de la televisión ni de cualquier otro medio. Me agotan. Pero en esta ocasión el mensaje reconstruir la Navidad se hizo hueco en mí y he estado unos días dándole vueltas; viendo cómo podía concretar el escueto anuncio publicitario en lo que es para mí la Navidad.

Creo en aquella Navidad, la primera, que se construyó en el silencio de una noche de Belén, en la periferia de los que no importaban.

Una construcción que no era de ladrillos ni de pequeñas piezas de plástico de las del juego de niños del anuncio, sino de duro camino y obediencia a la burocracia imperial, de puertas cerradas y establo abierto, de rechazo y acogida, de espera y esperanza; de visitas de los nadies y respeto de los que esperaban el suceso.

Creo en la primera Navidad, desde el primer lloro del Niño que acababa de nacer y sería la Palabra en la que creer.

¿Cómo hemos llegado a tanta frivolidad desde algo tan sencillo, silencioso e intenso? Por un método muy utilizado en el mundo actual: la deconstrucción, es decir, “deshacer analíticamente algo para darle una nueva estructura”, esto en palabras del diccionario de la Real Academia. En palabras como para andar por casa, se podría decir que deconstruir es convertir algo que es, en otra cosa que no es pero que, desde la conveniencia de un sistema que quiere acapararlo todo, parezca que sigue siendo lo que es pero que, una vez deconstruido, ya no es. ¡Algo así, sencillito!

La demoledora máquina de deconstrucción es muy poderosa. Afecta costumbres, ideas,  tradiciones, culturas milenarias, religiones, etc. y en general al sentido común, tan echado en estos tiempos.

Navidad no es el perfume más caro, no. Ni la cena de empresa en la que los que no se aguantan durante el año, se emborrachan juntos. Navidad no es la cena obligada en la que hay que colocar a los comensales con cuidado para que los diferentes pareceres no acaben en choque de trenes. Navidad no es la orgía del consumo mezclada con sentimentalismo emocional. Navidad no es llenar las plazas y calles más importantes de las ciudades con luces a modo de atractivo turístico o reclamo político. Navidad no es el insoportable machaque publicitario en los medios de comunicación. Esto no es Navidad. Esto es la socialmente “deconstruida Navidad”.

Mi pensamiento volvió al anuncio que originó la reflexión y me retó sin más preámbulos: ¿Qué es para mí la Navidad?

Fui al evangelio de Lc 2,1-20, para centrarme. Es un relato complejo donde suceden cosas preocupantes, a gente sencilla, que no le quedó otra que obedecer un decreto del emperador, ponerse en marcha con la dificultad de un embarazo a término y no tener un sitio donde descansar y ser ayudados. Un establo fue su refugio, no es el sitio ideal, pero se apañaron. Fueron visitados por quienes acampaban al raso, los pastores, y figuraban bajo mínimos en la escala social. “Se les presentó el ángel del Señor, y la gloria del Señor les envolvió con su luz. Ellos se asustaron. El ángel les dijo: “No tengáis miedo, pues os anuncio la gran alegría, que lo será para todo el pueblo. En la ciudad de David os ha nacido un salvador, el mesías, el Señor. Esto os servirá de señal: encontraréis un niño envuelto en pañales acostado en un pesebre”.

Es una fiesta cristiana a la que creyentes y no creyentes estamos invitados, es una invitación a la Vida con sentido.

¿Cómo reconstruir la Navidad? Sabiendo elegir más allá de lo que marca el “César-Consumo”, sin duda nuestras decisiones y elecciones ayudarán a reconstruir la Navidad. Pero lo realmente importante es reconstruir el sentido de la Navidad desde dentro, en el interior de cada uno, comprendiendo que la libertad de abrir las puertas al Niño que llega no nos la puede arrebatar nadie y que el mensaje que trae para quien quiera acogerle es para siempre. Esta relación modifica los esquemas y ayuda a fortalecer a quien no quiera ahogarse en los vaivenes del mundo.

Aquella Navidad vino envuelta en silencio, sencillez, precariedad, desamparo y compañía solidaria. Y sigue siendo tan actual que no es difícil adentrarse en ella acercándose donde reine el silencio, la sencillez, la precariedad, el desamparo y la compañía solidaria.

Miremos y acompañemos a quienes viven con los mínimos, lejos de las personas queridas con las que no podrán compartir, tratados como delincuentes y privados de los derechos fundamentales; las personas mayores que estos días sufren de soledad con tristeza especial y los que tampoco tendrán un sitio que no sea la calle para vivir y celebrar.

En estas y otras muchas realidades la Navidad sigue construida como la primera.

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