TEXTOS del Sábado 25 Nov. de la Mañana «en el Silencio Contemplativo»

Esta casa-albergue nos ofrece su bienvenida a nuestro caminar. Dejémonos sentir el agradecimiento, el que conecta nuestro corazón al del Misterio. “Sólo tenemos un corazón con el cual podemos amar a Dios, a los seres humanos y a nosotros mismos.” nos dice Franz Jalics en el texto de hoy. Teresa de Jesús nos convoca a dejarnos acompañar para que todo ello se dilate en un mirar infinito donde todo, todo, está y terminara bien, como Juliana de Norwich vislumbro que Dios la decía. (¡para que no se nos olvide! Quien quiera la charla de Xabier Melloni dio sobre Juliana, pedirnos el enlace para escucharla, es parte de la formación que nos está dando a todas las personas que participamos en  grupos de Contemplación). Esta misma sintonía sostiene el texto de Al-Hallaj.

Hoy queremos introducir un nuevo soporte en nuestro camino de contemplación utilizando las enseñanzas de Teresa y su texto, la oración con imágenes o con Iconos. Esta es una senda muy rica sobre todo en la iglesia oriental, llena de mucha potencialidad para el caminar espiritual.

 Queremos volver a señalar dos soportes importantes en este caminar; la atención al cuerpo, posibilitar su relajación, donde la respiración y el cuidado de la postura es  esencial.

La atención a la mente, a la dinámica rumiante y racional, con la introducción personal de un mantra, invocación o frase corta, soporte donde descansar la mente y donde “no lograr nada”.

Nos afianzamos en las claves que sostienen este Espacio y Tiempo en el Silencio Contemplativo en el que abandonarnos en el Dios Amor: … Naturaleza inspiradora, Silencio del que “surgen todos los sonidos”, Soledad donde está la mayor compañía.  Un Espacio seguro, confidencial, donde cuidar y cuidarnos; donde disponer de pequeñas dosis de formación contemplativa; donde habilitar pequeños tiempos, para compartir nuestra experiencia en la oración, con palabras cortas, moderadas, que quepan todas. Palabras donde se deslice el Espíritu, donde lo importante es experimentar como así lo vivió Jalics “a Dios, a los seres humanos y a nosotr@s mism@s. Estas relaciones están ligadas entre sí en forma indivisible.”.

Recordamos que queremos seguir construyendo, cerca de casa, un retiro en el silencio contemplativo de fin de semana. Donde no hay  “nada que conseguir”  solo la oportunidad de un tiempo más prolongado y un espacio sostenido, donde a solas y acompañad@s  andar  nuestra experiencia en Dios. Conocemos bien quien lo facilitara; la Hna Beatrice D`Cunha, carmelita misionera que junto con J. Melloni están sosteniendo-construyendo este Camino de Contemplación donde diferentes grupos somos alimentados. Sera en Febrero 2024 del 9 viernes, llegada a vísperas, hasta el 11 después de comer. Estamos Invitad@s.

Sala común «en el Silencio Contemplativo»

CAPÍTULO 26: En que va declarando el modo para recoger el pensamiento…  muy provechoso para los que comienzan oración.

  1. (…)  Procurad luego, hija, pues estáis sola, tener compañía.  Pues ¿qué mejor

que la del mismo maestro que enseñó la oración que vais a rezar? Representad al mismo Señor junto con vos y mirad con qué amor y humildad os está enseñando. Y creedme, mientras pudiereis no estéis sin tan buen amigo. Si os acostumbráis a traerle cabe (junto a) vos (…), no le podréis -como dicen- echar de vos; no os faltará para siempre; ayudaros ha en todos vuestros trabajos; tenerle heis ( a él) en todas partes: ¿pensáis que es poco un tal amigo al lado?.

   2. ¡acostumbraos, acostumbraos! Mirad que sé yo que podéis hacer esto, porque pasé muchos años por este trabajo de no poder sosegar el pensamiento en una cosa, y eslo (lo es) muy grande. Más sé que no nos deja el Señor tan desiertos, que, si llegamos con humildad a pedírselo, no nos acompañe; y si en un año no pudiéramos salir con ello, sea en más. No nos duela el tiempo (…).

   3. No os pido ahora que penséis en Él ni que saquéis muchos conceptos ni que hagáis grandes y delicadas consideraciones con vuestro entendimiento; no os pido más de que le miréis. (…) Pues nunca, hijas, quita vuestro Esposo los ojos de vosotras.(…) Mirad que no está aguardando otra cosa, (…), sino que le miremos. (…). Tiene en tanto que le volvamos a mirar, que no quedará por diligencia suya.

    4. (…) Si estáis alegre, miradle resucitado, que sólo imaginar cómo salió del sepulcro os alegrará. (…)

    5. Si estáis con trabajos o triste, miradle camino del huerto; ¡qué aflicción tan grande llevaba en su alma! (…) O miradle atado a la columna. (…) O miradle cargado con la cruz, que no le dejaban ni respirar. Miraros ha Él con unos ojos tan hermosos y piadosos, llenos de lágrimas, y olvidará sus dolores para consolar los vuestros, solo porque os vais vos con Él a consolar y volváis la cabeza a mirarle.

    6. «¡Oh Señor del mundo, (…) no sólo queráis mirarle, sino que os holguéis de hablar con Él, no oraciones compuestas, sino de la pena de vuestro corazón, que las tiene Él en muy mucho-, (…). Juntos andemos, Señor. Por donde fuereis, tengo de ir. Por donde pasareis, tengo de pasar».

    9.(…) procurad traer una imagen o retrato de este Señor que sea a vuestro gusto; no para traerle en el seno y nunca le mirar, sino para hablar muchas veces con Él, que Él os dará qué le decir. Como habláis con otras personas, ¿por qué os han más de faltar palabras para hablar con Dios? (…) porque deudo (familiar) y amistad se pierde con la falta de comunicación.

  10. También es gran remedio tomar un libro de romance bueno, aun para recoger el pensamiento, para venir a rezar bien vocalmente, y poquito a poquito ir acostumbrando el alma con halagos y artificio (actividad gustosa) para no la amedrentar.  (…) Y tórnoos (vuelvo) a certificar que, si con cuidado os acostumbráis a lo que he dicho, (…) su Majestad hará que no dejéis de salir buenas discípulas, ni os dejará si no le dejáis. Mirad las palabras que dice aquella boca divina, que en la primera entenderéis luego el amor que os tiene, que no es pequeño bien y regalo del discípulo ver que su maestro le ama.

Capítulo 27. En que trata el gran amor que nos mostró el Señor en las primeras palabras del “paternóster” (…)

1. “Padre  (madre)* nuestro que estás en los cielos, (…)

2. ¡Oh Hijo de Dios y Señor mío! ¿cómo dais tanto junto a la primera palabra? (…) ¿cómo nos dais en nombre de vuestro Padre (madre) todo lo que se puede dar, pues queréis que nos tenga por hijos, que vuestra palabra (no) nos puede faltar? (…) Si nos tornamos a Él, como el hijo pródigo, hanos de perdonar, hanos de consolar en nuestros trabajos, hanos de sustentar como lo ha de hacer un tal Padre (madre), que forzado ha de ser mejor que todos los padres del mundo, porque en Él no puede haber sino todo bien cumplido; y después de todo esto hacernos participantes y herederos con vos.

4. ¡Oh buen Jesús, qué claro habéis mostrado ser una cosa con él (Jn. 10,30) y que vuestra voluntad es suya y la suya vuestra! (…) ¡Bendito seáis Señor mío, que tan amigo sois de dar, que no se os pone cosa delante!

6. (…)   Buen Padre os tenéis, que os da el buen Jesús; y procurad, hijas mías, ser tales que merezcáis regalaros con Él y echaros en sus brazos. (…)

7.  (…)  entre tal Hijo y tal Padre forzado ha de estar el Espíritu Santo que enamore vuestra voluntad y os la ate tan grandísimo amor.

*Padre-Madre” expresión utilizada por el papa Juan Pablo I y por distintas místicas como Juliana de Norwich

Imágenes a modo de Iconos que utilizamos

             

iAquí me tienes, aquí me tienes, oh, secreto mío, mi confidente!

iAquí me tienes, aquí me tienes, oh, mi destino y mi sentido!

Te llamo; pero no! Eres tú quien me llama hacia ti.

¿He sido yo quien te ha invocado o acaso has sido tú?

 iOh, consciencia de mi ser más íntimo! iOh, albur de mis anhelos!

Tú, mi lengua, mi palabra, mi fe.

 iOh, todo de mi todo, mi vista, mi oído!

iOh, totalidad de lo que soy, de cada parte y fracción!

iOh, todo de mi todo y todo lo que recubre el todo! El todo de tu todo arropa mis pensamientos.

iOh, tú, a quien he entregado mi espíritu extasiado!

iOh, tú, límite del ruego y la esperanza! iOh, mi huésped! iTú, sustento de mi espíritu, mi senda, mi vida en este mundo!

Dime nada más: «yo te he rescatado!» iOh, mi oído, vista

¿Por qué esta obstinación en alejarte? ¿Por qué este abandono?

Aunque te ocultes a mis ojos en lo invisible, el corazón siempre te ve a través de la distancia.

* EDITORIAL Fragmenta; traducción de  Halil Bárcena

a) Estuve enfermo y me visitaste

… Jesucristo habla del paralelismo de la relación Dios-persona (Mt 25, 3-44). El que visita a un enfermo, visita a Jesucristo. El que alcanza comida a un hambriento, se la regala al Señor. (…) Así él identifica las relaciones que tenemos hacia las personas con las que tenemos con él. Sostiene que todo lo que vivenciamos en las relaciones humanas sucede al mismo tiempo con Dios.

Si queremos saber cómo nos relacionamos con Jesucristo, lo podemos deducir fácilmente a partir de nuestras relaciones humanas. Cada uno trata a Dios como trata a sus semejantes.

La relación con Dios muchas veces está sometida a grandes ilusiones, porque opinamos que nuestra relación con Dios depende solamente de nuestra intención. Si queremos amar a Dios, entendemos que lo amamos realmente. Esto también, en un principio, lo pensamos en las relaciones con las personas.  (…) Ante la evidencia de la realidad aceptamos que el subconsciente perjudica nuestras relaciones con los seres humanos.

Lo mismo sucede frente a Dios, aunque nos guste creer que nuestro subconsciente no juega ningún papel en nuestra relación con él. Nos hacemos la ilusión de que solamente nuestra libre intención determina nuestra relación con Dios. Nuestra intención de amar a Dios, en primera instancia, nos hace creer que lo amamos realmente. (…) El subconsciente determina tanto nuestra relación con Dios, como influye también en la relación con los seres humanos.

La única forma de reconocer con seguridad nuestra relación con Dios es reunir y revisar todas nuestras relaciones humanas. Lo que existe en estas relaciones, también existe en nuestra relación con Dios. (…) Mientras menosprecie a una sola persona, desprecio también a Dios. (…) Mientras yo esté furioso con una sola persona, estoy furioso con Dios. Mientras ignore o envidie a una sola persona, ignoro o envidio también a Dios. Mientras tenga miedo a una sola persona, le tengo miedo a Dios. (…) Esta identificación de las relaciones entre las personas y Dios es la única forma de saber cómo la fe está o no plenamente arraigada en la vida. Muchas personas valoran más su amor a Dios que sus relaciones con los seres humanos. Esto es un engaño claro. (…) Muchas veces me han preguntado: «¿Cómo puedo trasladar mi fe a mi vida?». Detrás de esta pregunta se esconde la impresión de que se tiene una fe grande, pero que no puede concretarse en hechos. Yo siempre he contestado: «No necesitas transferir tu fe a la vida cotidiana. Puedes deducir de tu vida cotidiana cómo es de grande tu fe».  (…) El camino no será más fácil, pero por lo menos se excluye la ilusión de vivenciar la fe pero todavía no el amor al prójimo.

b) La salida de una crisis

Esta verdad fundamental se convirtió en una vivencia decisiva para mí a través de un episodio aparentemente cotidiano. Yo era profesor de teología y director espiritual (…) sufrí una crisis de fe. (…) Me di cuenta de que ya no podía creer en Dios. Era la sensación de que no existía nada salvo el mundo visible. El concepto del mundo ateo me parecía el único válido. (…) Toda mi vida estaba cuestionada. La crisis duró mucho tiempo y yo estaba dispuesto a renunciar a la fe y al sacerdocio, pero todavía no tenía la seguridad de que Dios realmente no existía. Pasaron tres años sin que nada cambiara decisivamente mi forma de pensar. Día a día me confrontaba con mi crisis. (…) No me sentía por eso deshonesto, porque estaba realmente buscando la verdad; (…) Un hecho aparentemente insignificante me llevó a la pista correcta. (…) De repente me di cuenta de que ese compañero se había acercado a nosotros con un problema y que yo no lo había tomado en serio. (…) Me pregunté si en mi relación con Dios no estaba pasando algo parecido. ¿Acaso estaba tan sumido en mis pensamientos y mis actividades que ya no dejaba que Dios se acercase a mí, y por eso ya no podía creer en él? (…) me di cuenta de que esta comprensión me abría la puerta para aclarar mi crisis de fe. Pensé que si me esforzaba por comprometerme más con los demás, podría darse un cambio en mi fe en Dios. Me esforcé durante un año por relacionarme más abiertamente con las personas y dejar que se acercaran más a mí. Después de un año la crisis había desaparecido. De una vez por todas había comprendido la conexión que existe entre Dios y las personas y esto se convirtió en el hilo conductor para toda mi vida. (…) Desde entonces estoy convencido de que la tarea principal de la educación religiosa y de la catequesis es transmitir esta unidad de relación entre Dios y las personas. Hasta que no se haga carne esta realidad, la fe cristiana será una teoría ineficaz.

Nos comportamos frente a Dios de la misma manera que tratamos a las personas. El paralelismo es matemáticamente exacto, sin excepción. En sentido más estricto incluso tenemos que hablar de un componente más. La relación con nuestros semejantes, que debe equipararse con la relación con Dios, corre también en forma paralela a la relación que tenemos con nosotros mismos. Si rechazamos al prójimo, rechazamos también a Dios y por lo tanto también a nosotros mismos. (…) Sólo tenemos un corazón con el cual podemos amar a Dios, a los seres humanos y a nosotr@s mism@s. Estas relaciones están ligadas entre sí en forma indivisible.

*»Ejercicios de Contemplación» Edt. Sígueme

Deja un comentario