Queridos amigos del Carmelo Ecuménico e Interreligioso, CEI. Los textos que nos van a ayudar a entrar en el silencio contemplativo van a girar en torno al templo vacío, que estamos llamados a ser.
El Maestro Eckhart en un sermón titulado “El templo vacío», pronunciado en 1326, menciona que “Dios quiere tener el templo vacío, para que allí dentro no haya nada que no sea Él”.
La idea de templo en Eckhart se refiere al interior de la persona y en esto coincide con S. Pablo, que en 1ª Corintios 3,16 dice: “¿No sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros?’”.
Eckhart afirma que sólo es posible dirigirse hacia el interior del ser, cuando éste se abandona y se desprende de su yo psicológico, es decir, cuando la persona se desnuda de toda imagen o ídolo, que ocupe el lugar que sólo es para Dios, pues es la única manera de que la divinidad entre en ella y de que el ser humano habite en la divinidad.
Cuando este templo se vacía de todos los impedimentos personales y de la ignorancia, logra su armonía. El espacio vacío, en un lenguaje simbólico y místico, se refiere a estar vacío de sí mismo, sin pretender nada, para estar lleno de Dios. “Dios no pide otra cosa de ti, sino que salgas de tu modo de ser creatura y que dejes a Dios ser Dios en ti” (Eckhart, 2011c: 73).
Eckhart insiste en que el hombre ha de salir de sí mismo para encontrar su vida; paradójicamente tal salida constituye también su entrada.
Anselm Grün escribe: «Hay un espacio en mí, sobre el cual nadie tiene poder. Es el espacio donde Dios habita en mí. Allí entro en contacto con mi verdadero yo”.
En esta oración nos unimos a nuestros hermanos musulmanes, que desde el día 11de marzo al 9 de abril celebran El Ramadán. La palabra Ramadán deriva de ramada, que en árabe quiere decir “quemar” y, en este sentido, el significado profundo del mes sagrado es la purificación del alma, la quema o renuncia al pecado y a todo aquello que no sea acorde con las enseñanzas del Corán. Es un mes bendecido, durante el cual el Arcángel Gabriel reveló el Corán al Profeta Muhammad. El Corán consta de 114 capítulos y se considera que son las palabras directas de Dios.
El Ramadán es un periodo de ayuno entre la comunidad musulmana, que se ordena en el libro sagrado: “¡Oh, los que creéis! Se os ha ordenado que ayunéis, de la misma manera que fue ordenado a quienes os precedieron. Quizás así seáis temerosos de Dios”. Supone un tiempo de recogimiento, mayor acercamiento a Dios y purificación mediante la autodisciplina y el autosacrificio, y lo hacen rezando y recitando el Corán y dando limosna a los necesitados. Durante estos días tienen prohibido tomar alimentos, líquidos, fumar ó mantener relaciones sexuales desde la salida del sol hasta el ocaso.
Oración on line:
Día 7.3.2024 jueves, a las 5,30h pm. puntualmente. La sala se abrirá a las 5,15 pm.
La duración será aproximadamente de 1,15h.
Unirse a la reunión Zoom
https://us02web.zoom.us/j/83713636409?pwd=dlhDZ1BJUC90MS92Y3BXZDBNSlFuUT09
ID de reunión: 837 1363 6409
Código de acceso: 8CiBPK
Textos orantes:
Del evangelio de San Juan 2,16:
“Quitad eso de ahí: no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre”
Maestro Eckhart, O.P. Turingia, 1260 – Aviñon, 1328. Teólogo y místico dominico.
“El templo, en el que Dios quiere dominar según su voluntad, es el alma del ser humano, que ha formado y creado exactamente a su semejanza, según leemos que Nuestro Señor dijo: “¡hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza” (Gen. 1, 26).
Y eso es lo que ha hecho. Tan semejante a sí mismo ha hecho el alma del ser humano que ni en el reino de los cielos, ni entre todas las magníficas criaturas de la tierra, que Dios ha creado de forma maravillosa, no hay ninguna que se le asemeje tanto como el alma de la persona.
Esa es la razón por la que Dios quiere tener el templo vacío, para que allí dentro no haya nada que no sea Él. Por eso le agrada mucho ese templo, que le es tan semejante, y se encuentra tan bien en su interior, cuando está solo”.
Rûmî, Yalal al Dîn, místico sufí, Afganistán 1207 – Turquía 1273), entregado a la universalidad del amor divino.
“Hay una soledad más preciosa que la vida,
hay una libertad más preciosa que el mundo.
Infinitamente más precioso que la vida y el mundo,
es ese momento en que uno está a solas con Dios”.

