“Que bien sé yo la fonte que mana y corre,
aunque es de noche”. (S. Juan de la Cruz)
¡Qué bien supo la Fuente que mana y corre,
aunque de noche era!
Qué bien supo la Fuente en la dolida
tiniebla de esta noche volandera,
la Fuente verdadera,
de solo Dios nacida.
¡Qué bien supo la fuente, la escondida,
aunque de noche era.
Qué bien supo el secreto
donde nos crece sed honda y divina;
y el corazón inquieto con su avidez camina
al hontanal que nunca se avecina.
Qué bien supo la sed que no perece,
de las corrientes aguas sin ribera,
y el alma la adolece
con soledad de vida verdadera…
Aunque de noche era.
Aunque de noche oscura
era el paraje inculto de esta vida.
Y dentro, en la espesura,
la Fuente, la escondida,
cantando su canción de bienvenida.
¡Qué bien supo su voz enamorada,
su origen y su vera,
su hartura nunca hallada,
su música callada,
aunque de noche era.
Qué bien supiste, Juan, el ignorado
no sé qué, que se alcanza por ventura,
dejando tu cuidado
bajo la noche oscura
entre las azucenas olvidado.
¡Qué bien supiste amar con la imprudente
prudencia del amor, la sin manera!
¡Qué bien supiste arder de sed ingente
y hallar en solo Dios la eterna Fuente!
¡Aunque de noche era!
