– Buenos días, Madre Teresa.
– Buenos días tengas, hijo, como cada día ¿no?
– No, no; claro que no. ¿O es que ahí no cuentan los cumpleaños?
– ¡Ah, bueno! Es verdad. 28 de marzo. ¿Cuántos años llevo aquí?
Hijo, en esta vida de cielo, el tiempo es solo
un soplo del Espíritu, que inflama el corazón;
un canto nunca aprendido a Cristo Jesús
y una alabanza sin medida al Buen Dios.
¿Qué os mueve a felicitarme a mí?
– Nuestro tiempo, madre, sigue necesitando,
y cada día más, de escaladas a lo intemporal,
a lo infinito, a lo interior; como tú hacías
y nos dejaste escrito. Felicitarte hoy es,
para nosotros, como una miradita a través
de una rendija a la Vida, que tú vives ya
y nosotros aspiramos. ¿Que te vamos a enseñar nosotros?
– Claro, claro, hijo. Pero aquí, ya sabes; aquí no cumplimos años.
Lo que sí hay es un abrazo del Padre.
Y alguna palabrita cariñosa. Siempre dice algo especial,
cuando nos dice: «Gracias por todo lo que viviste en la tierra
para mí». ¡Es tan agradecido..!
– Madre Teresa. Hoy todos tus hijos carmelitas te leemos,
te comentamos, te rodeamos con amor desde este
destierro. Y seguro que tu magisterio es hoy más fecundo
que por los años 1580. ¿Qué nos dices desde ahí para hoy?
– ¡Qué tontitos sois! La recitais y no acabáis de asimilarla.
Desde que se la oí a mi frailecico, ya no necesité otra
palabra. «Una palabra habló el Padre, que fue su Hijo,
y esta habla siempre en eterno silencio, y en silencio
ha de ser oída del alma».
– Ya, ya. ¡Qué corte, una vez más, Madre Teresa!
Ahí, la cantareis gozándola y será imposible cansarse.
Él lo llena todo. Pero hoy, de tu boca y desde ahí,
nos despierta mucho más.
– Mira, hijo. Si no llega a engolosinaros la Palabra,
no hay dar un paso. Y, cuanto más se saborea un dulce,
más y más nos invita y atrae. La oración…
– Perdón, Madre. La oración es tu arma definitiva,
como decimos hoy, aquí. Pero nos cuesta decidirnos a usarla…
¡Estos tiempos, Madre; se enredan con tantas preocupaciones!
No queda tiempo para nada…
– Pues, hijos míos, así son estas cosas.
Y a fe mía que están bien así. Veo a la Palabra bajar
y a la oración subir y aquí se produce el milagro:
Dios y el Universo se funden en un encuentro
insondable de Amor.
– Muchas gracias sean dadas a Dios, Madre Teresa.

Uba buena manera de comenzar… la palabra de Teresa de Jesús