Oración CEI on line 3.6.2021

Queridos amigos del Cei, el próximo domingo celebraremos la festividad del Corpus Cristi. La oración contemplativa tendrá como hilo conductor el Evangelio de S. Juan 6, 51, de S. Marcos 14,16; 22-25 y un texto de la Misa sobre el mundo de Teilhard de Chardin.Javier Melloni escribe: “El Cristo naciente está albergado en cada interior humano. Hay semillas de divinidad por doquier. Jesús de Nazaret vino a despertarnos y desde entonces estamos amaneciendo a pesar de nuestro adormecimiento”.

La Eucaristía es Parusía, significa la presencia viva de Cristo. Decía Teilhard de Chardin en “El medio divino”: “No hay más que una misa y comunión. En el fondo, sólo hay un acontecimiento que se desarrolla en el mundo: la Encarnación, realizada en cada uno por la Eucaristía. Todas las comuniones de una vida constituyen una sola comunión y sigue diciendo “al final tendremos una auténtica liturgia cósmica, en la que el cosmos se convierta en hostia viva”.

Unirse a la reunión Zoom:

https://us02web.zoom.us/j/83713636409?pwd=dlhDZ1BJUC90MS92Y3BXZDBNSlFuUT09


Oración on line: día 3.6.2021, jueves, a las 5,30h pm. puntualmente. La sala se abrirá a las 5,15 pm.
La duración será aproximadamente de 1,15h.

ID de reunión: 837 1363 6409
Código de acceso: 8CiBPK

Textos Orantes:

Juan 6, 51.

“Yo soy el pan vivo bajado del cielo, dice el Señor;

quien coma de este pan vivirá para siempre”.

Marcos 14, 16; 22-25

“Los discípulos se marcharon, llegaron a la ciudad, encontraron lo que les había dicho y prepararon la cena de Pascua.

Mientras comían, Jesús tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio, diciendo:

 -Tomad, esto es mi cuerpo.

Cogiendo una copa, pronunció la acción de gracias, se la dio y todos bebieron.

Y les dijo:

-Esta es mi sangre, sangre de la alianza, derramada por todos. Os

 aseguro que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día que

 beba el vino nuevo en el Reino de Dios”.

Teilhard de Chardin,  de “La Misa sobre el mundo”

Recibe, Señor, esta Hostia total que la Creación, atraída por tus gracias, te presenta en esta nueva aurora.

Sé que este pan, nuestro esfuerzo, no es en sí mismo más que una degradación inmensa.

Este vino, nuestro dolor, no es todavía ¡ay!, más que un brebaje disolvente.

Mas Tú has puesto en el fondo de esta masa informe –seguro estoy de ello, porque lo siento- un irresistible y santificante deseo que nos hace gritar a todos, desde el impío hasta el fiel: “¡Señor, haz de todos nosotros uno!”.

Que las criaturas sean no sólo de tal modo solidarias entre sí, que ninguna pueda existir sin todas las demás para rodearla, sino que estén de tal forma suspendidas en un mismo centro real que una verdadera Vida, sufrida en común, les proporcione, en definitiva, su consistencia y su unión.

Tú que concentras en tu unidad exuberante todos los encantos, todos los gustos, todas las fuerzas, todos los estados; a Ti era a quien llamaba mi ser con un ansia tan amplia como el Universo: “¡Tú eres realmente mi Señor y mi Dios!”

A tu Cuerpo, con todo lo que comprende, es decir, en el Mundo convertido, por tu poder y por mi fe, en el crisol magnífico y vivo en el que todo desaparece para renacer, me entrego para vivir y para morir en tu servicio, Jesús.

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