Queridos amigos del Cei, el hilo conductor de la oración de este jueves va a ser la identificación del hombre en Dios.
El yo humano se adentra en el Tú divino y al perderse el alma en el Amado se reencuentra consigo misma, así como el Amado, perdiéndose en el alma, se reencuentra consigo mismo. Hay una plena reciprocidad entre Dios y nosotros.
La unión mística es la presencia escondida de Dios en el centro del alma. Místico es el que tiene un encuentro personal con la presencia de Dios, que conoce por experiencia propia; conoce que su ser y existencia están sostenidos por el «amor ágape». “Dios es amor y el que permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él” (1 Jn 4,16).
Juliana de Norwich en una de sus visiones describe: “No vi ninguna diferencia entre Dios y nuestra sustancia, sino como si todo fuera Dios. Sin embargo mi inteligencia aceptaba que nuestra sustancia está en Dios, es decir, que Dios es Dios, y nuestra sustancia es criatura de Dios”.
Hadewich de Amberes expresa la unión inseparable de Dios y el ser humano en el fondo del alma: “El alma es una realidad sin fondo en que Dios se satisface a sí mismo y en el que procura satisfacerse cada vez más plenamente, mientras ella se satisface en él»
El Maestro Eckhart expresa: “ el fondo de Dios y el fondo del ser humano son un mismo y único fondo”. Entendemos fondo como centro y también corazón.
Teresa de Jesús, fruto de una locución interna que recibió de Cristo, escribe: “Alma, buscarte has en mí, y a Mí buscarme has en ti”.
S. Juan de la Cruz dice que la dimensión más profunda de la existencia humana, a la que llama el “centro del alma”, alberga la presencia del Dios Trinitario, y afirma que “el Verbo, Hijo de Dios, juntamente con el Padre y el Espíritu Santo, esencial y presencialmente está escondido en el íntimo ser del alma”.
Hoy nos guiará en la oración:
– un texto del manuscrito “A”, el cielo en la tierra, de Santa Isabel de la Trinidad (1880-1906) mística francesa de la orden de los Carmelitas Descalzos.
– una oración de Abdu-l´Bahá, (1844-1.921) hijo y sucesor de Bahá’u’lláh, fundador de la Fe Bahá’í.
Nos unimos a nuestros hermanos bahá’ís, que desde el 26 de Febrero al 1de Marzo celebran «Ayyam-i-ha», días intercalares, que se dedican a la preparación espiritual, que preceden al ayuno de 19 días, que tienen a continuación. Los días intercalares son para la convivencia y la realización de obras caritativas.
La Fe Bahá’í se rige por 19 meses de 19 días; los intercalares, 4 ó 5 en caso de año bisiesto, son para completar el año de 365/366 días.
El ayuno de 19 días recuerda nuestra cuaresma, que empezaremos el miércoles de ceniza, 2 de Marzo, de modo que coincidiremos con ellos, durante 19 días.
Oración on line: día 24.2.2022, a las 5,30h pm puntualmente. La sala se abrirá a las 5,15pm.
La duración será aproximadamente de 1,15h.
Unirse a la reunión Zoom
https://us02web.zoom.us/j/83713636409?pwd=dlhDZ1BJUC90MS92Y3BXZDBNSlFuUT09
ID de reunión: 837 1363 6409
Código de acceso: 8CiBPK
Textos orantes:
Santa Isabel de la Trinidad, mística carmelita, (Julio 1880 – Noviembre 1906). De su manuscrito “A”, el cielo en la tierra. Julio 1.906
“… Nada puede engrandecer tanto nuestra alma como llegar a identificarse, en cierto sentido, con Dios. Por esta causa, Él la exige el tributo de su amor, pues el amor tiene esa propiedad: iguala, en cuanto es posible, al amante con la persona amada.
El alma, en posesión de este amor, parece idéntica a Jesucristo, porque su amor recíproco hace que todo sea común entre ellos: “Os he llamado amigos porque os he dado a conocer todo lo que he escuchado a mi Padre». (Juan 15,15). Para conseguir este amor, se necesita una entrega total del alma. Su voluntad debe estar dulcemente perdida en la voluntad divina para que sus tendencias y facultades sólo se muevan dentro de este amor y obren únicamente por él. Todo lo hago con amor. Todo lo sufro con amor.
Es entonces cuando el amor llena al alma tan plenamente, la absorbe y la protege de tal modo, que ella descubre en todas las cosas el secreto de crecer en el amor. Hasta en sus relaciones sociales y en medio de las preocupaciones de la vida, ella puede exclamar con todo derecho: “Ya sólolo en amar es mi ejercicio” (Juan de la Cruz, Cántico Espiritual)”
Oración de Abdu-l´Bahá, (Mayo 1844-Noviembre 1.921). Hijo y sucesor de Bahá’u’lláh, fundador de la Fe Bahá’í.
¡Oh amado de mi alma y mi corazón!
No tengo amparo sino Tú.
Al amanecer no hablo más que en tu conmemoración y alabanza.
Tu amor me envuelve y Tu gracia es perfecta.
En Ti está mi esperanza.
Oh Dios, en todo instante dame nueva vida
y confiéreme lo hálitos del Espíritu Santo en todo momento,
a fin de que permanezca constante en Tu amor,
alcance la felicidad, perciba la manifiesta luz,
y me halle en el estado de máxima tranquilidad y sumisión.
Verdaderamente Tú eres el Dador, el Perdonador, el Compasivo”.

