Queridos amigos del Carmelo Ecuménico e Interreligioso, CEI. La oración de hoy nos lleva a contemplar la bondad que somos, a confiar en la verdad de que en el interior de todo corazón humano hay tesoros de bondad sin explotar; hay un deseo profundo de querer ser bueno, de obrar el bien, porque en cada ser humano hay siempre una sed de verdad y bondad, la sed de Dios.
Jesús de Nazaret pasó por el mundo haciendo el bien y curando a los oprimidos, porque Dios estaba con él” (Hechos 10,38). El camino del Reino de Dios no es una cuestión de creencias y de normas, sino de bondad del corazón, que se descubre en el amor, un amor que es compasión, servicio, gratuidad, fraternidad.
Teresa de Lisieux escribe: “La bondad es mi única estrella guía. A su luz, navego por una ruta recta, tengo mi lema escrito en mi vela: Vivir en el Amor”.
Las raíces de un árbol permanecen escondidas en la tierra, donde hacen su trabajo almacenando alimento y obteniendo agua y nutrientes de la tierra para ayudar a que el fruto crezca. De la misma manera, las raíces de la bondad permanecen escondidas en lo profundo del corazón amoroso de una persona, dando origen al fruto de la bondad. El apóstol Pablo nos dice que la bondad es fruto del Espíritu Santo.
Karma Tenpa, monje budista dice: «Recuerda la bondad que hay en ti. Todo el amor, la bondad y la comprensión, que necesitamos, ya están en nosotros de forma latente, en el nivel de nuestra naturaleza de buda, la naturaleza esencial de nuestra consciencia. Nuestra práctica consiste tanto en ser conscientes de nuestro corazón bondadoso y alimentarlo, como en observar de cerca las raíces del sufrimiento y ver cómo cerramos nuestro corazón, cuando ponemos al ego al volante y a la sabiduría compasiva en el maletero”.
Hoy nos ayudarán a entrar en el silencio contemplativos:
Un texto del diario de Etty Hillesum (Holanda 1914-Auschwitz 1943), judía, que encontró a Dios durante el holocauto. Eligió voluntariamente la deportación solidarizándose con los perseguidos. En todos sus escritos afirma: “Me doy cuenta que donde quiera que haya seres humanos, hay vida”.
Una oración de Nizâmî, siglo XII, poeta y místico sufí originario de Azerbaijan.
Oración on line:
Día 5.10.2023 jueves, a las 5,30h pm. puntualmente. La sala se abrirá a las 5,15 pm.
La duración será aproximadamente de 1,15h.
Unirse a la reunión Zoom
https://us02web.zoom.us/j/83713636409?pwd=dlhDZ1BJUC90MS92Y3BXZDBNSlFuUT09
ID de reunión: 837 1363 6409
Código de acceso: 8CiBPK
Del diario de Etty Hillesum, (Holanda 1914 – Auschwitz 1943)
“Dios mío, confías a mi custodia tantas cosas preciosas.
Esperemos que tenga buen cuidado de ellas y las administre con discernimiento.
Me gustan los contactos humanos.
Diríase que la intensidad de mi atención consigue sacar de ellos lo mejor y más profundo que tienen.
Se abren a mí y cada ser se convierte en una historia, una historia que me cuenta la vida misma.
Amo tanto al prójimo, porque amo en cada persona un poco de ti, Dios.
Te busco por todas partes en los seres humanos y a menudo encuentro un trozo de ti. Intento desenterrarte de los corazones de los demás”
Nizâmî, siglo XII, sufí originario de Azerbaijan, uno de los más importantes poetas místicos.
“Tú que vas en ayuda de quien te llama, imploro Tu auxilio.
Asísteme, Tú que asistes a los demás.
Por el llanto de los niños,
por los oprimidos ancianos,
por los errantes que tienen de almohada el camino,
por los pecadores que Te requieren nombrándote “Señor”, “Señor”.
Por Tus profetas que conocían los misterios,
por los pobres ante quienes se cierran las puertas;
por aquellos que permanecen lejos de hogar y familia,
por Tu gracia sin medida dispensada;
por ese acto de fe que el monje formula;
por el amparo que Dios, el Bienhechor concede;
por los elegidos que prefieren la soledad;
por toda obra buena que Tú has aceptado;
por todas las invocaciones que te son gratas,
yo te suplico: ten piedad de mi corazón sangrante”

