Queridos amigos del Carmelo Ecuménico e Interreligioso, Cei. Este jueves día 19 de Octubre, vamos a orar con el mismo tema que hemos tenido en el Retiro del Desierto de Batuecas: «En el desierto tengo sed de Ti”. El desierto nos ayuda a desvelar la fuente, que nos reconecta con nuestra verdadera identidad. La sed no sólo nos habla de sequedad y de noches; nos habla también del anhelo profundo, que nos habita. La sed nos remite a la Fuente, Fuente que es Dios mismo, nuestro origen y nuestra meta.
El Sal 41 dice: «Como la cierva busca corrientes de agua, mi alma te busca, Dios mio, tengo sed de Ti». Necesitamos que tu lluvia nos empape, Señor, y convierta nuestro desierto, en vergel.
Sta. Teresa de Jesús le escribe a sus hijas: “La Sed, me parece a mí quiere decir, deseo de una cosa, que nos hace tan gran falta, que, si nos falta, nos mata” (C 19).
Dice San Agustín: “Dios tiene sed de que el hombre tenga sed de Él”. Sí, Dios Padre tiene sed de nuestra fe y de nuestro amor; Él calma nuestros deseos más profundos, como un Padre bueno y misericordioso y desea para nosotros la Vida nueva, y esta Vida es Él mismo, la Vida Eterna».
En las palabras de Jesús en la Cruz: «Tengo Sed”, resuena la sed de toda la humanidad. En medio de esta noche, vamos alumbrados y guiados por esta Sed, que ha querido compartir con nosotros y conducirnos a la Fuente, a ese manantial que salta dentro de nosotros, que sacia nuestra sed y que nos llena de Agua Viva.
Hoy nos unimos nuestros hermanos Bahá’ís, que el día 16 de Octubre han conmemorado el nacimiento del Bab (1819), que significa “la Puerta”. Fue el precursor directo de su fe. Así mismo, el día 17 han celebrado el nacimiento de Bahá’u’lláh (1817) en Teherán, fundador de la fe bahá’í. Es una celebración de gran importancia en la que los fieles realizan lecturas de textos religiosos, cantos, comida familiares.
Hoy nos ayudará a entrar en el silencio contemplativo:
Del Evangelio de Jn 4,10.14.; Un texto contemplativo sobre la búsqueda de la Fuente de la Vida, del P. Francisco Brändle, OCD; Una oración de Abdu’l-Bahá, hijo de Bahá’u’lláh.
Oración on line:
Día 19.10.2023 jueves, a las 5,30h pm. puntualmente. La sala se abrirá a las 5,15 pm.
La duración será aproximadamente de 1,15h.
Unirse a la reunión Zoom
https://us02web.zoom.us/j/83713636409?pwd=dlhDZ1BJUC90MS92Y3BXZDBNSlFuUT09
ID de reunión: 837 1363 6409
Código de acceso: 8CiBPK
Textos para orar:
-Evangelio de (Jn 4,1014): “El que beba del agua que yo le dé, no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le dé se convertirá en él en fuente de agua que brota para la vida eterna”.
-Texto contemplativo del P. Francisco Brändle, OCD; sobre la búsqueda de la Fuente de la Vida.
“Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo” (Sal 41,3). Este verso del salmo con el que quise vivir mi oración, me recordó de inmediato lo que al llegar a este lugar hace unos cinco años, junto con otros cuatro que iniciamos este camino del desierto “carmelitano” de Batuecas nos parecía era el objetivo de este lugar: “Buscar la “fuente” de la que brota la vida verdadera, la que supera el vivir sensible, exteriorizado al que nos vemos sometidos en nuestra sociedad, y así descubrir la unidad que nos hace sentir en comunión con el Misterio divino, con todos los seres humanos y con toda la creación”. Eso me parecía era tener sed del Dios vivo. La fuente es el signo más elocuente de la vida que brota y se entrega, y en ella se puede saciar con verdad la sed. Así la fuente era el símbolo más propio para el Dios vivo, del que como gracia sentimos tener sed. Era así el modo de vivir una verdadera vida contemplativa, que viene asociada a la noticia amorosa, escondida, general que brota de la sed que me lleva a la fuente escondida, la fuente eterna.
-De Abdu’l-Bahá (1844-1921) hijo de Bahá’u’lláh. Principal exponente de la fe bahá’í, después de la muerte de su padre Bahá’u’lláh. Fue reconocido como el embajador de La Paz, de la justicia social, y de la Unidad.
¡Oh Señor!
Tenemos sed de las aguas vivas se Tus favores y dependemos de las efusiones de las nubes de Tu generosidad.
No abandones a su suerte esta arboleda donde se albergan nuestras esperanzas, ni la prives de las lluvias de Tu bondadoso afecto.
Permite que de las nubes de Tu misericordia caiga una lluvia copiosa para que los árboles de nuestra vida den fruto.


