

Bienvenida


Somos bienvenid@s a este Espacio y Tiempo, donde hacer nuestra experiencia en el Misterio acompañadas y a solas. ¡Cuantas veces repetimos estas palabras!!. Sabemos que para esta experiencia el soporte de los textos de las grandes místic@s de las diferentes tradiciones posibilitan alumbrar la nuestra. Hoy el texto de Teresa de Jesús nos trasmite su experiencia de encuentro de Dios (el Misterio) a través de lo que ella llama “recogimiento”, silencio contemplativo. Tenemos en cuenta que todas las vivencias profundas, místicas-sapienciales, están insertadas en un contexto cultural. Frank Jalics con su texto, quizás por ser coetáneo, nos pone frente a la confusa pelea de aceptar nuestra verdadera identidad; lo llama “orientad@s a Dios” o hacia nosotr@s mism@s. El texto de Kabir amansa la búsqueda. ¡Oh, bendita tradición interreligiosa, ecuménica, carmelita, que acumula tanta riqueza iluminadora en nuestro caminar!
Este Espacio y Tiempo va profundizando en un conjunto de soportes que lo caracterizan y facilitan el camino de cada un@. Por ello no olvidaremos introducir los soportes que cuiden y atienden el cuerpo y la mente. Para el cuerpo; la respiración, la postura y ligeros movimientos. A la mente o pensamiento; el recuerdo personal de la invocación o mantra o frase corta que nos llevan al descanso rumiante y a “no lograr nada”.
Volvamos a ser conscientes del soporte esencial en el Dios Amor y para ello la cercanía de la naturaleza que lo recuerda, el Silencio que lo pregona, la soledad que acompaña, la confidencialidad que cuida y nos cuida, la sabiduría que forma; donde el tiempo de intercambio de nuestra palabra es permitida, deseada, suficiente. Lo Significativo es que caben todas.
Sigue la Invitación natural para nosotr@s de prolongar este espacio y tiempo en el Retiro de Suesa del 9 al 11 de Febrero.
Nos gusta aludir a la casa en la que estamos, habitamos por unas horas, para reconocer la bendición de disponer de este espacio de Dios en nuestro peregrinar en Él.
Texto 1: Extracto ; CAMINO DE PERFECCION. CAPÍTULO 28
de Sta. Teresa de J.
En que declara qué es oración de recogimiento, (…)
1. Ahora mirad que dice vuestro Maestro: «Que estás en los cielos». ¿Pensáis que importa poco saber qué cosa es cielo y adónde se ha de buscar vuestro sacratísimo Padre? Pues yo os digo que para entendimientos derramados que importa mucho, no sólo creer esto, sino procurarlo entender por experiencia. (…)
2. Ya sabéis que Dios está en todas partes. Pues claro está que adonde está el rey, allí dicen está la corte. En fin, que adonde está Dios, es el cielo. Sin duda lo podéis creer que adonde está Su Majestad está toda la gloria. Pues mirad que dice San Agustín que le buscaba en muchas partes y que le vino a hallar dentro de sí mismo. ¿Pensáis que importa poco para un alma derramada entender esta verdad y ver que no ha menester para hablar con su Padre Eterno ir al cielo, ni para regalarse con El, ni ha menester hablar a voces? Por paso que hable, está tan cerca que nos oirá. Ni ha menester alas para ir a buscarle, sino ponerse en soledad y mirarle dentro de sí y no extrañarse de tan buen huésped; sino con gran humildad hablarle como a padre (madre), pedirle como a padre (madre), contarle/a sus trabajos, pedirle/a remedio para ellos,(…).
3. (…) no está la humildad en que si el rey os hace una merced no la toméis, sino tomarla y entender cuán sobrada os viene y holgaros con ella. ¡Donosa humildad, que me tenga yo al Emperador/a del cielo y de la tierra en mi casa, que se viene a ella por hacerme merced y por holgarse conmigo, y que por humildad ni le quiera responder ni estarme con El ni tomar lo que me da, sino que le deje solo. (…) que El os enseñará lo que habéis de hacer para contentarle. Dejaos de ser bobas; pedidle la palabra, (…)
5. Las que de esta manera se pudieren encerrar en este cielo pequeño de nuestra alma, adonde está el que le hizo, y la tierra, (…) crea que lleva excelente camino y que no dejará de llegar a beber el agua de la fuente, porque camina mucho en poco tiempo. (…)
6. (…) Si es verdadero el recogimiento, siéntese muy claro, porque hace alguna operación. No sé cómo lo dé a entender. Quien lo tuviere, sí entenderá. Es que parece se levanta el alma (…) como quien se entra en un castillo fuerte para no temer los contrarios: un retirarse los sentidos de estas cosas exteriores y darles de tal manera de mano (dejar a un lado)
7. Y aunque al principio no se entienda esto, (…) si se acostumbra (…) verse ha claro la ganancia y entenderán, en comenzando a rezar, que se vienen las abejas a la colmena y se entran en ella para labrar la miel, y esto sin cuidado nuestro; porque ha querido el Señor que, por el tiempo que le han tenido, se haya merecido estar el alma con este señorío, que en haciendo una seña no más de que se quiere recoger, la obedezcan los sentidos y se recojan a ella.(…). Y en tornando a llamar la voluntad, vienen con más presteza, hasta que a muchas entradas de éstas quiere el Señor se queden ya del todo en contemplación perfecta.
8. (…) cómo nos acostumbraremos a tan buen modo de proceder (…) Como no hay embarazo de lo exterior, estáse sola el alma con su Dios: hay gran aparejo para entenderse.
9. Pues hagamos cuenta que dentro de nosotras está un palacio de grandísima riqueza, todo su edificio de oro y piedras preciosas, en fin, como para tal Señor; y que sois vos parte para que este edificio sea tal, como a la verdad es así, que no hay edificio de tanta hermosura como un alma (el Ser profundo) (…); y que en este palacio está este gran Rey, (…); y que está en un trono de grandísimo precio, que es vuestro corazón.
10. (…) todo esto es menester para que entendamos con verdad que hay otra cosa más preciosa, sin ninguna comparación, dentro de nosotras que lo que vemos por de fuera. No nos imaginemos huecas en lo interior. (…) si trajésemos cuidado de acordarnos tenemos tal huésped dentro de nosotras, nos diésemos tanto a las cosas del mundo, porque veríamos cuán bajas son para las que dentro poseemos.
12. Cuando un alma comienza, por no la alborotar de verse tan pequeña para tener en sí cosa tan grande, no se da a conocer hasta que va ensanchándola poco a poco, conforme a lo que es menester para lo que ha de poner en ella. Por esto digo que trae consigo la libertad, pues tiene el poder de hacer grande este palacio. Todo el punto está en que se le demos por suyo con toda determinación, y le desembaracemos para que pueda poner y quitar como en cosa propia. (…) mas no se da a Sí del todo hasta que nos damos del todo. Esto es cosa cierta (…).

Texto 2:
Extracto; “Ejercicios de contemplación»* de Franz Jalics
El tercer tiempo
1. La referencia a uno mismo y la referencia a Dios
a) El estado original y la caída
(…) El ser humano fue creado de tal modo que en forma continua y con todo su ser estuviera orientado hacia Dios. Esta es su naturaleza, éste era su estado original y en ello residía su felicidad. A través de este estar dirigido hacia Dios se encontraba en armonía con la naturaleza, en paz con su prójimo y consigo mismo.
El pecado original consistió en que el ser humano de un estar orientado hacia Dios recayó en un estar orientado hacia sí mismo. Se convirtió en su propia norma. En lugar de atender a Dios, su verdadero centro, y de vivir a partir de ahí, quedó adherido a su propio punto de vista egoísta, a su propia voluntad, a sus deseos, planes y metas. (…)
Así sobrevino el «caos». El ser humano quedó separado de su origen. Se quebró su armonía con la naturaleza. (…) Cada uno se colocaba a sí mismo, sus propios intereses, sus propias conveniencias y deseos en un lugar central. Lo más grave fue la dualidad en que se vivió a partir de entonces. En la referencia a sí mismo el ser humano vivía en crasa contradicción con el amor universal para el cual fue creado. Ya no podía aceptarse tal como era. (…) Estaba escindido y roto dentro de sí, no podía encontrar ya su propia identidad y ya no sabía quién era de verdad. Comenzó a huir de sí mismo. Sí, huyó de sí mismo. Muy alejado de su auténtica vida interior, encontró su refugio en exterioridades y distracciones. Debido a este caos, la enfermedad, el dolor y la muerte aquejaron al ser humano. (…) necesitado de redención.
La redención consiste en que Jesucristo (DIOS, el Misterio) nos vuelve a llevar desde la referencia al yo hacia la referencia a Dios.
b) La vivencia de la referencia al yo
¿Cómo experimentamos nuestra referencia al yo? (…) (desde los) sentimientos negativos, puede reconocer fácilmente en ellos su referencia al yo. Quien siente miedo sólo ve al yo amenazado. Quien siente rabia experimenta la impotencia de no poder hacer valer su yo. Quien desprecia sólo ve que es mejor o que sabe más que el despreciado. Así se podría mostrar respecto de cada sentimiento negativo de qué modo nos retrotrae a una referencia al yo.
Otra señal de la referencia al yo es la vida en un mundo de fantasías. (…) Él (la persona) es el omnisapiente, pues en su mundo de ensueño no puede existir ni ocurrir nada que ella no sepa. (…) ha logrado ser Dios en este mundo soñado. … total referencia al yo.
(…) un mundo de pensamientos totalmente computable al mundo de los sueños. Lo vuelve referido a si mismo. En este mundo de ideas él es el omnisapiente y el todopoderoso, el creador y el salvador. De esta maneta podemos reconocer nuestra referencia al yo.
También las preocupaciones nos vuelven, como referencia, a nosotros mismos. Las preocupaciones siempre expresan «mi» preocupación. «mi» carga. que «yo» tengo que arrastrar. Nos hacemos un mundo de preocupaciones en el que el ego es Dios, lo mismo que en el mundo de los sueños y en el de las ideas.
Algo parecido ocurre con los deseos: alimentan nuestra referencia al yo. En la actual sociedad de consumo experimentamos continuamente en nosotros mismos cómo se nos incita a acumular más y más bienes. (….)
La referencia al yo también se manifiesta en la terquedad. … el individuo que juzga absolutamente todo a partir de su punto de vista egoísta y quiere imponer sus propios intereses sin consideración alguna. (…)
Las Escrituras y la teología dividen la referencia al yo en tres grupos: la codicia, el ansia de poder y el ansia de renombre. La codicia refleja la forma fundamental de la referencia al yo (…) su corazón está atado a la posesión.
El ansia de poder consiste en el afán de imponer a otros su propia voluntad, situándose así uno mismo en el centro con sus planes. (…)
El ansia de renombre, orgullo o amor propio también aparece a menudo en las Escrituras. Consiste en un afán de reconocimiento, confirmación, prestigio y alabanza. (…)
c) El cambio que nos lleva desde la referencia al yo hasta la referencia a Dios
¿Cómo se modifica la referencia al yo, es decir, la codicia, la ambición y el ansia de renombre, convirtiéndola en referencia a Dios?
La estructura básica de la referencia al yo consiste en que no se reconoce a ninguna persona como tal. El que está referido a sí mismo se ve a sí como el único ser provisto de la dignidad de persona. Los demás aparecen como objetos de uso. Los objetos no pueden tener ni bienes propios, ni poder, ni prestigio. En el instante en que aparece en el horizonte una persona, reconocida e interiormente apreciada como tal, la codicia se transforma en un poder dar, regalar y compartir. La ambición se transforma en poder servir. El ansia de renombre se vuelve veneración y reconocimiento. Así el ser humano referido a sí mismo se vuelve alguien referido al tú. Ya no le importa el yo sino el encuentro con el tú.
Como la relación con las personas y con Dios siempre corre paralela, la referencia al tú se refleja en el volverse hacia Dios. (…)
g) La ejercitación de la existencia para Dios
(…) Cada vez que comience esta oración contemplativa renueve su propósito de ofrecer su tiempo a Dios. Puede decir: «Esta hora te la ofrendo a ti. Esta es mi entrega. Estoy aquí para ti». O bien puede decir que desea servir a Dios o adorarlo. Es ésta una petición que le hago encarecidamente. No se olvide de hacerlo ni una sola vez. Le recomiendo relacionar esta renovación del propósito con algo, a fin de tenerla siempre presente. Rece al principio un Padrenuestro (o su oración personal) en este sentido, o renueve dicho propósito cuando entre en el cuarto en el que medita, o cuando se siente.
* Libro Ejercicios de contemplación, de Franz Jalics Ed. SIGUEME

Texto 3,de Kabir *

