Queridos amigos del Carmelo Ecuménico e Interreligioso, CEI. El hilo conductor de la oración de este jueves, es atravesar el desierto, las sequedades de la vida, para llegar a la Tierra Prometida, a la unión con Dios.
Jeremías 17 (5-10) dice:»¡Maldito aquel que confía en los hombres, que se apoya en las fuerzas humanas y aparta su corazón del Señor! Será como una zarza en el desierto, no se dará cuenta cuando llegue el bien. Morará en la sequedad del desierto, en tierras de sal, donde nadie habita. Bendito el hombre que confía en el Señor y pone su confianza en Él. Será como árbol plantado junto al agua, que extiende sus raíces hacia la corriente. En época de sequía nunca se angustia y nunca deja de dar fruto”.
Carlos de Foucault, que hizo la experiencia de desierto como forma de su vida, nos dice: “Hay que atravesar el desierto y permanecer en él, para acoger la gracia de Dios. Es aquí donde se vacía de sí mismo, donde uno echa de sí lo que no es de Dios y donde se vacía esta pequeña casa de nuestra alma, para dejar todo el lugar para solo Dios”..
Es la oración del abandono, la que nos pone en las manos de Dios para ser instrumentos de su Amor.
En la mística alemana, el desierto es uno de los símbolos del retiro interior, porque “no se trata de que el hombre huya del mundo y se dirija exteriormente al desierto, sino de aprender a convertirse interiormente en desierto, es decir a desprenderse de las cosas, en la medida en que no son pura transparencia para ir hacia Dios, a fin de ser pobre y abierto para recibirle”.
En el Carmelo se dice que la experiencia del profeta Elías en el desierto es estar directamente ante la faz de Dios; vivir a Dios como fuego que consume..
En la actualidad hay una búsqueda por vivir la espiritualidad del desierto, por encontrar un espacio, un deseo de silencio, de soledad y recogimiento, de vida sencilla, de libertad y verdad. Hay una necesidad de habitar el espacio interior, de reconocer las emociones y las pasiones que nos mueven, de convivir con ellas, porque ahí es donde se juega la vida y donde tiene lugar el encuentro con Dios. Desde esta experiencia de regreso a la casa del Padre, al templo interior donde Dios se nos revela, podemos llegar a ser lo que estamos llamados a ser.
«De lo que se trata, como dice Javier Melloni, es de dejarse tomar por los efectos de la Resurrección y que nos vayan abriendo a realidades inéditas, que ya están aquí, pero que no sabemos ver”.
El ser humano y la creación toda ha sido creada por amor. Dios es la Presencia que nos habita, el Fondo de lo Real; llegar al Horeb del corazón, es llegar a nosotros mismos. Ir hacia el núcleo divino de nuestro ser, es emprender el camino a la Tierra Prometida.
Oración on line:
Día 25.4.2024 jueves, a las 5,30h pm. puntualmente. La sala se abrirá a las 5,15 pm.
La duración será aproximadamente de 1,15h.
Unirse a la reunión Zoom
https://us02web.zoom.us/j/83713636409?pwd=dlhDZ1BJUC90MS92Y3BXZDBNSlFuUT09
ID de reunión: 837 1363 6409
Código de acceso: 8CiBPK
Textos orantes:
Thomas Merton, Francia 1915 – Tailandia 1968, monje trapense, místico, defensor del diálogo y entendimiento entre las religiones.
De su libro “Nuevas semillas de contemplación”.
“Quien no permite que la sequedad y la impotencia abatan y turben su espíritu, sino que se deja guiar pacíficamente por Dios a través del desierto y no desea más apoyo ni guía que la pura fe y confianza en sólo Dios, será conducido hasta la Tierra Prometida. Gustará la paz y la alegría de la unión con Dios. Tendrá, sin “ver”, una habitual, consoladora, oscura y misteriosa consciencia de su Dios, que está presente y actúa en todos los acontecimientos de la vida”.
Ibn ‘Atâ Allâh de Alejandría, místico sufí, siglo XIII-XIV. Llamado el “océano de la mística” y muy estudiado en concordancia con San Juan de la Cruz.
Siempre estás presente
“¡Oh Dios!
Los propios mundos me han empujado hacia Ti;
y el saber de tu bondad me ha inducido a personarme ante Ti.
¿Cómo podrás estar oculto, si siempre Te manifiestas?
O ¿cómo estarás ausente, si siempre estás presente
y velas por nosotros?
Dios mío,
¿cómo podré ser desengañado, si Tú eres mi esperanza?
¿cómo podré ser rechazado, si me abandono a Ti?”.

