Retiro del CEI: La Noche Oscura de San Juan de la Cruz (Octubre 2024)

Reseña del Retiro del Carmelo Ecuménico e Interreligioso, CEI en el Convento Carmelitano de San José de las Batuecas en Octubre de 2024.

El tema del retiro fue el poema de la Noche Oscura de San Juan de la Cruz.

Dice Rumi:

“La noche no es oscura, es un manto que te envuelve para que puedas ver el brillo de las estrellas que guían tu alma”

Es la tercera vez que voy a Batuecas y cada experiencia ha sido distinta.

El entorno mágico y maravilloso es una parte fundamental de la vivencia del retiro. La naturaleza que rodea el recinto evoca la fuerza de la vida. Los verdes de la vegetación y el sonido del agua recuerdan a la «música callada y la soledad sonora». Un sitio ideal para “en soledad vivía y en soledad ha puesto ya su nido”,

Este año se me ha regalado una experiencia muy completa y maravillosa. Fue un grupo protegido, donde compartimos la libertad de expresar y vivir la interioridad, tanto en las actividades con la comunidad carmelita como en las propias del grupo, con oraciones, charlas, meditaciones y danzas.

Con el tema del poema de «La noche oscura» de San Juan de la Cruz, he sentido que Dios me acompaña en el dolor y lo transforma en una infusión de amor. Desde el reconocimiento-vivencia de mi fragilidad, vulnerabilidad, impotencia, inseguridad, miedo y deseo de ser amada, desde el revivir las experiencias de dolor más o menos dormidas, «la noche es oscura, segura y dichosa». Se convierte en un camino, en una «secreta escala», para vivir la vida en clave de Amor-Amar.

La noche encaja con el día, se transforma en confianza, esperanza y compasión, viene la luz y da sentido a que todo es “preciso y necesario” para alcanzar la madurez espiritual. Así, desde la risa y el llanto, desde la pena y la alegría, siento internamente el amor puro que todo lo envuelve, lo inunda, lo une y culmina en un «quédeme y olvídeme, el rostro recliné sobre el Amado”….

Otra reseña de un amigo que participó del Retiro de Batuecas…

Encuentro en el silencio contemplativo

La Noche Oscura de San Juan de la Cruz. Octubre, 2024

Aunque tengamos que atravesar valles oscuros, Él nunca nos abandonará. «Oh noche que guiaste».

CARLOS MARÍA ANTUNES, ¡Oh noche que guiaste!

Siempre me han fascinado los ríos ―y los arroyos―, la lluvia y los cipreses: agua que busca su camino, agua que baja del cielo, tierra que sube al cielo. Pareja fascinación me generan otras dos creaciones, en este caso humanas: los puentes y las ermitas: orillas unidas por los hombres, miradores hacia Dios.

Con semejantes antecedentes, es fácil imaginar qué efecto produjo en mí el descubrimiento del Desierto y Monasterio de San José de Batuecas, «las Batuecas», gracias a las personas que gentilmente e invitaron al Encuentro del Carmelo Ecuménico Interreligioso (12 a 16 de octubre de 2024) y a las que allí me acogieron y acompañaron.

Y aquí es donde quiero llegar: el agua, los cipreses, los puentes y las ermitas de Batuecas poco serían sin las personas que lo habitan: las mismas que unieron las orillas de sus ríos y arroyos; las mismas que edificaron sus incontables ermitas; las mismas que nos juntamos durante aquellos cinco lluviosos días de octubre para compartir silencio, escucha, oración personal ―sí, es posible compartir algo tan íntimo― y oración comunitaria a la luz del diálogo interreligioso.

También compartimos lluvia abundante ―no insistiré más en ello― y paraguas que nos asábamos de mano en mano. Con todo, acabamos calados. Calados de noche oscura.

Una noche oscura que ―veo aquí una de las grandes conclusiones del Encuentro― no es nada oscura, sino «tan luminosa, tan deslumbrante, que ciega».

En fin, dieciséis personas mojadas de noche oscura; cada cual empapada a su manera conforme la manera de cada cual, pues ¡qué diferentes los dieciséis que en Batuecas nos congregamos! Como dicen en mi tierra: cada uno de su padre y de su madre. Y al tiempo ―feliz paradoja― , cuánta unidad en tanta diferencia. ¿La razón? Quizá no haya mucho que rascar, quizá sea tan sencillo como pensar que no éramos dieciséis personas, sino dieciséis almas.

Dieciséis almas rodeadas de cipreses que se elevan y agua que fluye, de ermitas que acogen y puentes que unen. ■

LUIS GONZÁLEZ HERNANDO

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