Queridos amigos del Carmelo Ecuménico e Interreligioso CEI. En esta oración vamos a contemplar nuestro corazón, el fondo de nuestro ser abierto al diálogo con Dios.
Cuando el corazón se abre, se crea un espacio sagrado, un santuario del que brota la palabra en su forma más pura, nacida del silencio profundo. El Espíritu de Dios ama en nosotros y ese amor es nuestro.
El corazón abierto se convierte en canal de la palabra auténtica, aquella que surge desde lo más profundo del ser y que no necesita ser forzada. Cuando nos abrimos verdaderamente, permitimos que nuestras palabras reflejen lo que sentimos y pensamos con transparencia. Es como si la palabra fuera un río, que fluye sin obstáculos cuando el corazón se deja llevar, sin temor, sin juicio.
Este silencio creador se encuentra en la tradición cristiana y en otras espiritualidades místicas. Teresa de Jesús al describir la unión con Dios, habla de un silencio interior, en el que el alma, una vez liberada de sus ataduras, puede comunicarse en un lenguaje, que no son palabras sino presencia y amor.
Lao-Tsé, fundador del taoísmo y autor del Tao Te Ching, nos muestra la fuerza del silencio y de la no-palabra: “El que sabe no habla, el que habla no sabe”. Aquí, el silencio se entiende como un retorno a la fuente, donde la verdad no necesita de palabras para manifestarse.
El corazón, como sede del Espíritu, está muy presente en los Padres del Desierto y de la Iglesia de Oriente. Dice Isaac el Sirio: “El corazón de aquél que visita su propia alma en todo momento goza de revelaciones….El que ha conseguido vencer toda distracción, contempla a su Maestro en el interior de su corazón”.
Juliana de Norwich pudo percibir a Cristo en su corazón: “Nuestro Señor bueno abrió los ojos de mi espíritu y me mostró mi alma en medio de mi corazón. Vi al alma tan limpia como si fuese un mundo sin fin y también como si fuese un bendito reino y por la condiciones, que vi allí, entendí que es una gloriosa ciudad; en medio de esta ciudad está sentado nuestro Señor Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre”.
Oración on line:
Día 14.11.2024 jueves, a las 5,30h pm. puntualmente. La sala se abrirá a las 5,15 pm.
La duración será aproximadamente de 1,15h.
Unirse a la reunión Zoom
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ID de reunión: 837 1363 6409
Código de acceso: 8CiBPK
Textos orantes:
Karl Rahner, S.J. Alemania 1904, Austria 1984. Uno de los más importantes teólogos del siglo XX. Trabajó como perito en el Concilio Vaticano II, alcanzando su teología una repercusión internacional.
De su libro “De la necesidad y don de la oración”.
“Al abrirse nuestro corazón, rompe por sí solo a hablar; un hablar manso, silencioso, sin muchas palabras. Entonces comienza en nuestro corazón el diálogo con Dios, que está en nosotros, que nos sostiene, aunque caemos; que nos da fuerza, aunque somos débiles y está cerca de nosotros, aunque no podemos comprenderle. A Él habla nuestro corazón. ¿Y qué es lo que dice? Dice a su Dios: Tú. Reverente y a la vez confiado. Y cuando habla, todas las fuerzas de este corazón fluyen hacia este Dios presente. Fluyen hacia Dios, no retornan hacia sí. El ser humano se olvida de sí. No hace ya centro de su vivir en sí, sino en Dios… porque Él es más íntimo a nosotros, que nosotros mismos”.
Yahya Ibn Mu’adh Al-Razi, místico sufí, siglo IX. Se le atribuye la primacía de haber divulgado públicamente en las mezquitas la profesión de fe sufí.
“Dios mío, Señor mío, mi única Esperanza.
Dios mío, ¡qué exquisitas las conversaciones íntimas,
cuando surge de ellas el júbilo interno,
que vuela hacia Ti
por las regiones de lo invisible!.
¡Oh Dios mío, mi Señor, mi Gozo!
Tu bondad, siempre presente conmigo,
me consuela de la indignidad de mis actos.
Y la alegría de verme objeto de Tu favor,
me distrae de la bondad de mis acciones.
Pero mi gozo de Ti,
Me distrae del gozo de mi mismo”

