Queridos amigos del Carmelo Ecuménico e Interreligioso, CEI. La oración contemplativa de este jueves tiene como hilo conductor: “El desierto espiritual».
La Cuaresma es tiempo de gracia. “Volveos a mí, que yo os salvaré, confines todos de la tierra” (Is 45, 22). Volver a Dios supone un cambio de mentalidad ante situaciones, que endurecen nuestro interior y nos desconectan de la verdadera vida.
El desierto es el lugar del vaciamiento, de la desnudez del alma, donde todo lo superfluo cae y sólo permanece lo esencial. En la tradición de los místicos, el desierto es más que un espacio físico; es un estado, en el que la persona se desprende de todo ruido, para escuchar la voz de Dios en el silencio. “La llevaré al desierto y le hablaré al corazón”. (Oseas 2,14)
Los místicos de todas las tradiciones han comprendido que el silencio es la puerta de la comunión. Es ahí, donde se purifican los pensamientos y se abre paso la presencia divina. Es en el silencio, donde el ser humano y Dios se encuentran sin intermediarios, sin palabras que separen, en una comunión que lo abarca todo.
En la tradición bíblica, el desierto es una experiencia, un lugar ambivalente; por un lado es un lugar, donde el ser humano, sin seguridades a las que aferrarse, se siente sometido a la pruebas más duras, como son los momentos de sequedad, oscuridad y aparente lejanía de Dios; por otro lado, aparece como el espacio en el que se goza de una especial intimidad con Dios, porque quien se adentra en él, acaba encontrando lo que realmente es: una chispa del amor divino, destinada a fundirse en Él.
El desierto no es un castigo, sino una gracia que nos limpia de apegos desordenados tanto materiales como espirituales; es un lugar propicio para el reconocimiento de la propia fragilidad, de las propias sombras y de la necesidad de dejarnos sostener y abrazar por el Señor, que busca hacer su morada en nuestra historia personal. El desierto nos enseña a confiar en que es Dios el que está obrando en nuestra vida.
En esta oración nos unimos a nuestros hermanos judíos, que celebran la fiesta “Purim» en recuerdo de la salvación milagrosa del pueblo judío durante su exilio en Persia. Fue Esther, mujer judía, quien salvó a su pueblo del exterminio en el complot de Aman, consejero del rey Asuero, para destruirlos. En esta festividad se recuerda la continua protección de Dios.
Nuestros hermanos hinduistas celebran: “Holi”, festival de los colores, que simboliza el inicio de la primavera. Representa, según la tradición, el triunfo del bien sobre el mal.
Oración on line:
Día 13.3.2025 jueves, a las 5,30h pm. puntualmente. La sala se abrirá a las 5,15 pm.
La duración será aproximadamente de 1,15h.
Unirse a la reunión Zoom
https://us02web.zoom.us/j/83713636409?pwd=dlhDZ1BJUC90MS92Y3BXZDBNSlFuUT09
ID de reunión: 837 1363 6409
Código de acceso: 8CiBPK
Textos orantes:
Carlo Carretto, Italia 1910 – 1988. De la congregación religiosa Hermanos menores de Jesús, fundada por Charles de Foucauld.
De su libro “El desierto en la ciudad”.
“Para quien se entrega al Espíritu, que anima la Palabra de Dios, “desierto” es búsqueda de Dios en silencio, es un “puente colgante” tendido por el alma enamorada de
Dios, sobre el abismo tenebroso del propio espíritu, sobre las extrañas y profundas grietas de la tentación, sobre los principios insondables de los propios temores, que
ponen obstáculos en el camino hacia Dios.
Sí, este desierto silencioso y santo, es toda una oración, que se eleva más allá de toda oración, que conduce a la Presencia continua de Dios y a las cumbres de la
contemplación, donde el alma, ya purificada, vive de la voluntad de Aquel que ella ama totalmente, absolutamente, continuamente…”
Bhagavad Gita o Canto del Señor, 9. Siglos V a II a.C. Considerado la síntesis de la mística hindú.
“Krishna: Te revelaré un misterio supremo, porque tu alma tiene fe. Es visión y sabiduría, y una vez que lo conozcas, te hallarás libre de pecado.
Se trata del misterio y de la sabiduría más excelsos, de la purificación suprema. Percibido en una maravillosa visión, constituye una senda muy fácil de seguir y
conduce al más alto fin.
Dame tu mente y tu corazón; dame tus ofrendas y tu adoración; y así, con tu alma en armonía, y haciéndome tu meta suprema, vendrás sin duda a Mi”.

