Queridos amigos del Carmelo Ecuménico e Interreligioso, CEI. EL hilo conductor de la oración de este jueves versa sobre la contemplación. La contemplación, como lugar de revelación de Dios, no como una búsqueda activa de comprender, sino como abandono confiado a su Presencia viva, que nos habita en el silencio, en la oscuridad, en el puro ser, para ser en Él y con Él. Es aceptar la oscuridad de la fe, que no es ausencia, sino plenitud y nos abre al Misterio del Amor sin límites.
En la contemplación, Dios se da a conocer como el que Es. No se revela en el ruido del pensamiento, ni por el esfuerzo de la razón, sino el el silencio del alma vaciada.
La contemplación no es “ver algo”, sino permanecer fiel en la oscuridad del no-saber..
Juan Taulero, dominico del siglo XIV, dice: “Cuando una persona está en el ejercicio de su recogimiento interior, el yo humano no tiene nada para sí. Al yo le gustaría tener algo, le gustaría saber algo y desear algo. Hasta que no muera ese triple algo, le resultará duro. No es cosa de un día, ni de poco tiempo. Hay que tener constancia, entonces llegará a ser fácil y delicioso».
San Juan de la Cruz, en uno de sus poemas nos dice: «Entréme donde no supe: y quedéme no sabiendo, toda ciencia transcendiendo. Yo no supe donde estaba, pero cuando allí me vi, sin saber donde me estaba, grandes cosas entendí; no diré lo que sentí, que me quedé no sabiendo, toda ciencia transcendiendo….”
Juan de la Cruz, maestro de la contemplación, nos enseña que el camino para llegar a la contemplación, es la “advertencia amorosa» que se dirige a la escucha interior, porque: “habla Dios al corazón en esta soledad”. Se tarda un tiempo para percibir este conocimiento amoroso de la luz interior, porque es tan sutil, que aún estando habituada a otro ejercicio de meditación, no echa de ve,r ni casi siente, estotra no verdad insensible..”. (Subida II).
La contemplación es ese lugar del alma, donde dejamos atrás todo deseo de comprender y nos dejamos mirar, amar; donde dejamos a Dios, ser Dios en nosotros.
Hoy nos unimos a nuestros hermanos judíos en la festividad de Sucot, de las Cabañas o de los Tabernáculos, en la que se celebra la recolección de la cosecha. Sucot es la fiesta de la alegría, en la que el pueblo, después de haber recogido las mieses antes de la fiesta y libre de preocupaciones, podía descansar de los trabajos y celebrarla durante siete días en Jerusalén. También rememora las vicisitudes del pueblo israelita y la milagrosa protección, que Dios les brindó, cuando salieron de Egipto.
Nos unimos, en el Espíritu, no desde las ideas, a todos los hermanos que están sufriendo el dolor de la injusticia y la violencia. Allí nos encontramos como hijos del Dios Amor, más allá de toda frontera, religión o historia.
Oración on line:
Día 9.10.2025 jueves, a las 5,30h pm. puntualmente. La sala se abrirá a las 5,15 pm.
La duración será aproximadamente de 1,15h.
Unirse a la reunión Zoom
https://us02web.zoom.us/j/83713636409?pwd=dlhDZ1BJUC90MS92Y3BXZDBNSlFuUT09
ID de reunión: 837 1363 6409
Código de acceso: 8CiBP
Textos Orantes:
Thomas Merton, monje trapense. 1.915 – 1.968. Teólogo, místico. Defensor entusiasta del diálogo y el entendimiento entre las religiones.
De su libro “Nuevas Semillas de contemplación”.
“Cuando Dios se revela a nosotros en la contemplación, tenemos que aceptarlo tal como Él llega a nosotros, en Su oscuridad, en Su silencio, sin interrumpirlo con razonamientos, palabras, concepciones que pertenecen al nivel de nuestra existencia.
“Vacíate y contempla que yo soy Dios”. Lo que alaba a Dios es nuestro vacío en la presencia del abismo de Su realidad, nuestro silencio en la presencia de Su silencio infinitamente rico, nuestra alegría en el seno de la oscuridad serena, donde Su luz nos absorbe.
¡Esto es lo que hace que brote en nosotros el amor de Dios, la admiración y la adoración, como olas que se alzan desde lo hondo de esa paz y rompen contra las costas de nuestra conciencia en un vasto y aquietado oleaje de alabanza y gloria no articuladas!”
HALEL, Salmos de alabanza, que se recitan durante todos los días de Sucot, que expresan gratitud a Dios.
Del salmo 118:
“¡Dad gracias a Yahvéh porque es bueno,
porque es eterno su amor!
¡Diga la casa de Israel: que es eterno su amor!
¡Diga la casa de Aarón: que es eterno su amor!
¡Digan los que temen a Yahvéh: que es eterno su amor!
Tú eres mi Dios, yo te doy gracias,
Dios mío, yo te exalto.
¡Dad gracias a Yahvéh porque es bueno,
porque es eterno su amor!”

