Segunda edición del encuentro poético-musical promovido por el Carmelo Ecuménico e Interreligioso “Cuán Delicadamente me Enamoras”
Como diría Javier Melloni, así como otras voces contemporáneas, es tiempo de síntesis, entendida ésta, no como un cóctel de espiritualidades para servirse a gusto de lo que más le place al ego; al contrario, se trata de la comprensión de que cada cuál desde su fe, pueda enriquecerse desde otras fuentes, que la humanidad, a lo largo de milenios, ha ido transportando como el mejor de sus tesoros: el camino espiritual, la perla escondida. En este sentido, síntesis es comprensión, es ahondar en el propio camino entendiendo que no es “la única verdad” o “la verdadera religión”, sino sólo un sendero por el que caminar, para llegar al mismo lugar al que otros llegarán por otros senderos.
El CEI es una pequeña semilla de unidad, que busca abrir caminos de diálogo y comunión, donde cada uno se convierte en palabra para el otro.
El CEI, tanto por su tradición carmelitana como por su vocación ecuménica e interreligiosa, quiere inspirarse también en ese soplo del Espíritu, que clama que “todos sean uno” y en la línea de tantos otros grupos y comunidades, persigue el encuentro y el conocimiento de que en su origen todas las búsquedas llevan al mismo lugar, a ese centro, que todo ser humano posee en su interior como su más íntima esencia.
«¡Oh llama de amor viva
que tiernamente hieres
de mi alma en el más profundo centro!»
Y desde allí, aquellos benditos seres, que han obtenido la iluminación (que han visto), han cantado la buena nueva e invitan a toda la humanidad a un “venid y veréis”
El pasado 25 de noviembre, en el Espacio “O_Lumen” en Madrid, tuvo lugar la segunda edición del evento “Cuán Delicadamente me Enamoras”, en el que, bajo una actitud de profundo silencio, el lugar se llenó con el centenar de asistentes, que era posible acomodar y que, en la penumbra de la sala y en actitud contemplativa, escucharon los poemas de Rumi, San Juan de la Cruz y Kabir, de las tradiciones sufí, cristiana e hinduista, presentados bajo el hilo conductor de voces, cantos y música de sitar, declamados, danzados, cantados e interpretados por Pilar Awa, Jessica Cabrera, Sagrario Gómez, primo de Saint Tropez y Juan Carlos Oyola, cuya puesta en escena hicieron del evento un momento único, un espacio de oración, de aromas, de sabores y, sobre todo, de silencio, en los noventa minutos que fueron regalados a la eternidad.
Podemos decir que se creó entre todos, una atmósfera de meditación y escucha silenciosa, y atenta de esos poemas que es, en sí misma, una forma de contemplación, de “advertencia amorosa” que diría nuestro Juan de la Cruz, remarcando el silencio entre las sílabas, rellenando y cubriendo todo espacio de sonido con una presencia que es consciencia presente.
«¡Cuán manso y amoroso
recuerdas en mi seno,
donde secretamente solo moras;
y en tu aspirar sabroso,
de bien y gloria lleno,
cuán delicadamente me enamoras!»
En definitiva, se vivió como un viaje al fondo del ser, ese lugar donde no hay ni yo, ni tú, solo hay Unidad. Sólo hay un mismo Centro, que nos habita. Y ese centro es Amor.





