ORACIÓN CEI ON LINE 18.12.2025

Queridos amigos del Carmelo Ecuménico e Interreligioso, CEI. Llenos de alegría, nos reunimos un jueves más en oración para celebrar el Misterio del Amor, la Encarnación del Hijo de Dios en Jesús de Nazaret.

En la tradición cristiana Navidad simboliza la gran alegría de que Dios se hace uno de nosotros, tomando la forma de lo más pequeño e indefenso, un bebé en el que se revela como amor.

En el Romance de la Encarnación San Juan de la Cruz nos introduce a través de un diálogo silencioso en el seno de la Trinidad, en el que Dios se abaja, sale de sí, se vacía y entra en la carne, para unirse al ser humano desde dentro, por desbordamiento de amor.

San Juan de la Cruz canta la Encarnación como el gran gesto de Amor, que entra en la noche. El Hijo viene a la pequeñez, al límite, a la carne, a la noche. Dios se hace vulnerable, el Amor se deja herir y el alma participa de esa herida amorosa. Dios no espera a que el alma sea perfecta para unirse a ella; la habita para transformarla desde dentro.

Así dice S. Juan en el Romance de la Encarnación:

“Entonces llamó a un Arcángel

que San Gabriel se decía,

y enviólo a una doncella

que se llamaba María,

de cuyo consentimiento

el misterio se hacía;

en la cual la Trinidad

de carne al Verbo vestía;

y aunque tres hacen la obra,

en el uno se hacía;

y quedó el Verbo encarnado

en el vientre de María…

..por lo cual Hijo de Dios

y del hombre se decía…”

El nacimiento del Verbo se produce en lo más puro y valioso de nuestra alma, en ese lugar silencioso, donde no hay imágenes y donde la voluntad se rinde. El Maestro Eckhart nos invita a vivir y permanecer en nuestro fondo, en nuestra esencia, pues es ahí donde Dios nos toca “con su simple esencia, sin que haya ninguna imagen como intermediaria”. Nos toca allí “donde todas las potencias están retiradas de toda su actividad”

Los místicos renanos contemplan el nacimiento eterno de Dios en el alma vaciada. “El mismo vaciamiento que vive Dios en la Encarnación, es el que debe vivir el alma para ser lugar de Dios”.

Jesús es el ser humano en el que todo su espacio es de Dios y para Dios, porque todo él se sabe proveniente de Dios. Estamos llamados a participar de la esencia de Cristo Jesús por el mismo don que él participa de la nuestra. Tal es el sentido de lo que llamamos la encarnación de Dios, que es inseparable de la divinización de lo humano.

La Encarnación está sucediendo cuando no nos apropiamos de nada, ni siquiera de Dios. Dejemos que el Verbo siga naciendo en lo más pobre y verdadero del fondo del ser, sin ruido ni apropiación alguna. Dejemos que descienda y nazca en nosotros, porque cuando el alma sale del propio yo y se vacía de sí, Dios puede serlo todo en ella.

Oración on line:

Día 18.12.2025 jueves, a las 5,30h pm. puntualmente. La sala se abrirá a las 5,15 pm.

La duración será aproximadamente de 1,15h.

Unirse a la reunión Zoom

https://us02web.zoom.us/j/83713636409?pwd=dlhDZ1BJUC90MS92Y3BXZDBNSlFuUT09

ID de reunión: 837 1363 6409

Código de acceso: 8CiBP

Textos Orantes:

Maestro Eckhart, O.P. Turingia 1.260 – Aviñón 1.328. Teólogo y místico dominico. Uno de los grandes pensadores del siglo XIV.

Sermones.

“Dios nace siempre en el ser humano. Pero ¿cómo nace Dios siempre en el ser humano? Atiende a esto: cuando el ser humano descubre y desnuda la luz divina, que Dios ha creado en él de forma natural, entonces se revela en él la imagen de Dios. Por el nacimiento se conoce la revelación de Dios, pues que el Hijo se diga nacido del Padre, viene del hecho de que el Padre le ha revelado paternalmente su misterio. Y por eso, cuanto más y en forma más clara el ser humano descubre en sí mismo la imagen de Dios, tanto más claramente nace Dios en él”.

Karl Barth, Suiza 1.886 – 1.968.Teólogo protestante, uno de los más importantes e influyentes del siglo XX.

Adviento. Estudios bíblicos.

“Hemos llegado al final del Adviento, de un Adviento que es ya Navidad.

Y celebraremos de veras la Navidad, si también nosotros nos dejamos invitar y llamar. Si como Juan Bautista, aceptamos ese puesto de sumisión humilde y sencilla, pero también de inconcebible grandeza: el puesto de mensajeros de Dios.

Y ahora, que Dios nos conceda a todos poder festejar juntos la Navidad en la adoración de ese Dios, que ha dado testimonio ante nosotros y ante el mundo entero, de una bondad infinita, como lo dice y no cesa de repetirlo el Evangelio.

Y que Él nos conceda entrar en el nuevo año cantando y repitiendo, como está escrito en el salmo: “Gustad y ved cuan suave es el Señor. Dichoso el que confía en Él”.

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