

Introducción
Una vez más tuvimos la suerte de habitar física y espiritualmente la antigua casa monástica de las Clarisas hoy albergue de peregrinos sostenido por la parroquia de la Asunción de Torrelavega. Veinticuatro personas en una mañana fría pero sostenida por una buena estufa de peles.
Índice del Articulo
– Bienvenida
– Textos: Introducción breve al Cantico Espiritual. Forma y doctrina.
1º Extracto del Cantico B; el prologo .
1 Extracto del articulo «Fenomenología de una Presencia» de J. A. Marcos
Texto sufí Poema de Al-Ansari
-Algunas Características de este Espacio Y Tiempo en el Silencio Contemplativo

Bienvenida
(Santilla del Mar, noviembre 2025)
Bienvenidas somos. Nos sabemos bienvenidas a este espacio y tiempo de relación con Dios, quizás podemos sentirlo.
Este “curso” vamos a dejarnos acompañar por Juan de la Cruz. Sus textos son uno de los más grandes intentos de hablar del encuentro de, con, en Dios-Amor. Para Juan toda la variedad de preposiciones que existen para señalan la relación-encuentro con Dios son necesarias e insuficientes. Nos invita en nuestra relación con Dios a usarlas y experimentar la que mejor nos va encajando en cada momento vital. Juan de la cruz intenta transmitir, aunque solo sea un módico reflejo, la experiencia de Dios que le constituye, y para ello necesita transformarlo en poesías. Es su gran instrumento de cantar y contar la emoción del encuentro que le embarga todo. La prosa será los comentarios a la poesía, es el intento de hacer entendible su experiencia para la razón, para la inteligencia de la iglesia (la teología) y aun así, se le esparrama en ella la sensibilidad amorosa del encuentro que convierte el texto en inspiración. San Juan de la Cruz tiene un numero pequeño pero intenso de obras. Hemos elegido el Cántico Espiritual para este año. Queremos buscar en cada encuentro, además de los de Juan algún texto que nos ayude a modernizar y comprender el pozo místico, la unión en Dios a la que nuestro deseo profundo repiquea en el alma. Hoy lo iniciamos con un artículo del padre Juan Antonio Marcos ocd, profesor de comillas y del cites. Como decía Clara Caro, la inspiradora del CEI, y siguiendo a Teresa, que sean de personas “con letras y muy espirituales”.
El cambio que se da entre Teresa a Juan de la Cruz es, sobre todo, las maneras de contar su relación con la “Presencia” de Dios. La Presencia es la misma, la profundidad es la misma, ambos se realimentaron entre sí en su camino de encuentro con Dios. El corazón enamorado que late en la prosa autobiográfica de Teresa está en Juan especialmente en la poesía. Una poesía que trasciende una tradición religiosa católica, pues habla de la esencia humana de encuentro en Amor-Dios, sin palabras ritualizadas ni religiosas. Es por ello universal e interreligioso al ser comprendido en la mayoría de las tradiciones espirituales.
El camino de relación con/en Dios, vamos descubriendo la necesidad de hacerlo acompañad@s (la sociedad de consumo sin freno nos invita hacerlo todo sol@s, como si no hubiera para todas). Teresa habla de hacernos espaldas juntas, hoy se podría usar la palabra gimnasio, hacer hábitos, costumbres. Jesús necesitaba retirarse habitualmente para su encuentro con Dios-Padre-Madre. Estas son las intenciones de construir los Retiros en el silencio contemplativo. Cerca de nuestra casa que lo facilite, en el monasterio de Suesa, con la ayuda de la hna. Carmelita Misionera Bestrice construiremos uno el próximo febrero, del 13 viernes tarde-noche al domingo 15 después de comer. Estamos INVITAD@S.
Gracias a esta casa, antiguo monasterio de las Clarisas, morada donde se amasaron la relación espiritual durante muchos años sin tiempo, hoy con el tiempo del peregrino, a Dios-Amor todo está bien. Gracias a los voluntarios y a la comunidad de la parroquia de la Asunción que la sustenta. Nosotras podemos sentir las raíces de los encuentros Amorosos que habitan en ella.

Introducción al CÁNTICO ESPIRITUAL
(segunda redacción – CB). OBRAS COMPLETAS. José Vicente Rodríguez, OCD. Federico Ruiz Salvador, OCD
FORMA Y DOCTRINA.
El amor, que anima la vida entera de Juan de la Cruz e inspira sus escritos, asume en Cántico toda la fuerza de una vocación, de una pasión.
Es la obra predilecta de Juan, su creación más querida y laboriosa, a juzgar por los cuidados constantes que le dedica. Empieza con ella su actividad literaria en la cárcel de Toledo, simultanea su redacción con los otros escritos, y aún tiene tiempo y ánimos para reelaborarla después de haber concluido las demás obras. Los continuos retoques que advertimos en su composición denotan por parte del autor, lectura repetida, reexperiencia, repensamiento. La tenía siempre entre manos. No manifiesta cariño semejante hacia ningún otro de sus escritos.
Refleja fielmente su propia alma. Sabemos que Juan repetía los versos del Cántico en la cárcel, en el momento original de la composición y después. En clave de amor ha vivido y cantado los momentos decisivos de su existencia. Amar es para Juan de la Cruz la vida entera, luces y tinieblas, y no solamente el gozo de la unión. Cántico es la oración de un místico poeta, que vive de amor de Dios. Debe ser considerado el poema más completo y más cercano a su experiencia. Tomado en conjunto, dice mucho de su autobiografía espiritual.
Amor que canta. El poema original lo llamaba el Santo “las canciones”, “las canciones de la esposa”. Cuando añade el comentario, designa la obra entera con el título “Declaración de las canciones”. Juan cantaba estos versos en la cárcel para consuelo de su alma. Como cantar lo tomaron sus primeros discípulos y lectores, que, efectivamente, lo cantaban con música. Canto es alabanza, júbilo y gloria. Respetando el significado original de la canción y buscando un título breve y sencillo que lo recogiera, el primer editor de la obra en España lo llamó Cántico Espiritual. Título apropiado que perdura.
El epígrafe o subtítulo que le da el Santo define con precisión y brevedad el tema: “Declaración de las canciones que tratan del ejercicio de amor entre el alma y el Esposo Cristo”. Así es, poema y comentario tratan del ejercicio de amor. No es un tratado sobre el amor, sino un canto del amor en ejercicio, del amar mismo, más que del amor. Entre el alma y el Esposo Cristo: símbolo y realidad que afirman juntos desde el primer momento. La belleza del símbolo y de la poesía cumple su función de expresar con mayor fuerza, de no ocultar o debilitar, el realismo de encuentro y creciente comunión entre Dios y el ser humano que se relata en las páginas de Cántico.

DECLARACIÓN DE LAS CANCIONES QUE TRATAN DEL
EJERCICIO DE AMOR ENTRE EL ALMA Y EL ESPOSO CRISTO
Prólogo
1. Por cuanto estas canciones [poema], religiosa Madre, parecen ser escritas con algún fervor de amor de Dios, cuya sabiduría y amor es tan inmenso, … toca desde un fin hasta otro fin, … no pienso yo ahora declarar toda la anchura y copia que el espíritu fecundo del amor en ellas lleva; antes sería ignorancia pensar que los dichos de amor en inteligencia mística, cuales son los de las presentes canciones, con alguna manera de palabras se puedan bien explicar; porque el Espíritu del Señor…, morando en nosotros, pide por nosotros con gemidos inefables lo que nosotros no podemos bien entender ni comprehender para lo manifestar. Porque ¿quién podrá escribir lo que a las almas amorosas, donde él mora, hace entender? Y … las hace sentir? Y las hace desear? Cierto, nadie lo puede; cierto, ni ellas mismas por quien pasa lo pueden. Porque ésta es la causa por que con figuras, comparaciones y semejanzas, antes rebosan algo de lo que sienten y de la abundancia del espíritu vierten secretos misterios, que con razones lo declaran. …
2. Por haberse, pues, estas canciones compuesto en amor de abundante inteligencia mística, no se podrán declarar al justo [tal cual], ni mi intento será tal, sino sólo dar alguna luz general, pues Vuestra Reverencia [Ana de Jesús priora de Granada]así lo ha querido; y esto tengo por mejor, porque los dichos de amor es mejor dejarlos en su anchura, para que cada uno de ellos se aproveche según su modo y caudal de espíritu, que abreviarlos a un sentido a que no se acomode todo paladar. Y así, aunque en alguna manera se declaran, no hay para qué atarse a la declaración; porque la sabiduría mística (la cual es por amor, de que las presentes canciones tratan) no ha menester distintamente entenderse para hacer efecto de amor y afición en el alma, porque es a modo de la fe, en la cual amamos a Dios sin entenderle.
3. Por tanto, seré bien breve; aunque no podrá ser menos de alargarme en algunas partes donde lo pidiere la materia y donde se ofreciere ocasión de tratar y declarar algunos puntos y efectos de oración, que, por tocarse en las canciones muchos, no podrá ser menos de tratar algunos. Pero, dejando los más comunes, trataré brevemente los más extraordinarios que pasan por los que han pasado, con el fervor de Dios, de principiantes. … aunque a Vuestra Reverencia le falle el ejercicio de teología escolástica, con que se entienden las verdades divinas, no le falla el de la mística, que se sabe por amor, en que no solamente se saben, mas juntamente se gustan.
Anotación
1+. Cayendo el alma en la cuenta de lo que está obligada a hacer, viendo que la vida es breve (Job 14, 5), la senda de la vida eterna estrecha (Mt. 7, 14), que el justo apenas se salva (1 Pe. 4, 18), que las cosas del mundo son vanas y engañosas, que todo se acaba y falta como el agua que corre (2 Re. 14, 14), el tiempo incierto, … sin dilatar un día ni una hora, con ansia y gemido salido del corazón herido ya del amor de Dios, comienza a invocar a su Amado y dice:
“Canciones entre el alma y el esposo”:
las 6 primeras
| Esposa 1 ¿Adónde te escondiste, Amado, y me dejaste con gemido? Como el ciervo huiste, habiéndome herido; salí tras ti clamando, y eras ido. 2 Pastores, los que fuerdes allá por las majadas al otero, si por ventura vierdes aquel que yo más quiero, decilde que adolezco, peno y muero. 3 Buscando mis amores, iré por esos montes y riberas; ni cogeré las flores, ni temeré las fieras, y pasaré los fuertes y fronteras. | 4 ¡Oh bosques y espesuras, plantadas por la mano del Amado! ¡Oh prado de verduras, de flores esmaltado! Decid si por vosotros ha pasado. 5 Mil gracias derramando pasó por estos sotos con presura, y, yéndolos mirando, con sola su figura vestidos los dejó de hermosura. 6 ¡Ay, quién podrá sanarme! Acaba de entregarte ya de vero; no quieras enviarme de hoy más ya mensajero, que no saben decirme lo que quiero. |

I Extracto articulo:
“Fenomenología de una ‘presencia” (El Dios de Juan de la Cruz)
JUAN ANTONIO MARCOS OCD
… ‘Presencia’ como sensación, sentimiento y conciencia; la experiencia de la presencia de Dios en Juan de la Cruz. Dicha experiencia se contempla desde … la así llamada neurobiología de las emociones. … la fe ya no puede seguir apoyándose en el ambiente cultural sin más, y que precisa, más que nunca, de categorías tales como la experiencia, el encuentro y la presencia.
Es la ‘presencia’ un tema clave y recurrente entre los místicos. … Pier Teilhard de Chardin quien, desde el comienzo de El medio divino, deja clara la intencionalidad que le ha movido a escribir dicho libro: “Enseñar a ver a Dios por todas partes”. E insiste más adelante: “¿Cómo temer que la ocupación más banal, la más absorbente, o la más atractiva, nos fuerce a salir de Él? Repitámoslo: en virtud de la Creación, y aún más de la Encarnación, nada es profano aquí abajo para quien sabe ver”.
En el estudio que Martín Velasco lleva a cabo del fenómeno religioso apunta a un centro que cada vez se perfila más nítidamente como una ‘Presencia’ que el sujeto religioso pretende hacer suya, de la que anhela tomar conciencia y con la que quiere entrar en contacto. Pues bien, en esta misma línea se mueve Juan de la Cruz cuando afirma que “para el limpio de corazón todas las cosas son noticia de Dios” (3S 26,6). Todo le habla de Su presencia. Y con todo, se trata de una presencia ‘elusiva’, que se nos escapa siempre (como el agua entre los dedos). Tan difícil (y tan fácil) de percibir hoy como hace 2.000 años, cuando Jesús pesaba y pisaba sobre esta tierra.
Son los místicos los que, a lo largo de la historia, más y mejor han abierto una ventana nueva a la presencia de lo divino en este mundo. El mismo Juan de la Cruz, ante la experiencia de dicha presencia, enumera toda una cascada de fenómenos biopsíquicos que la acompañan. Fenómenos que él describe como ‘elevación de la mente en lo alto’ (2S 14,11), ‘vuelco en el cerebro’ en que ‘parece se desvanece toda la cabeza’ (3S 2,5). Y es que da la impresión de que nuestro cerebro tiene la posibilidad de preguntarse por otra dimensión, sospecharla, apropiarse de ella. ¿Por qué…? ¿Por qué produce la evolución un cerebro tan complicado, que no sólo percibe por los sentidos y piensa de manera conceptual, sino que por encima de ello, con una razón trans-(no sub-) racional que medita y percibe, puede llegar a sospechar ‘un tercer orden de la realidad’ y permitirse la idea de ‘Dios’?
Además, dicha idea, experimentada por los místicos como la poderosa sensación de una presencia, conlleva siempre unos efectos psicoterapéuticos: ‘olvido’ de todo y sensación de ausencia de ‘tiempo’ psicológico (2S 14,10-11); sentirse como ‘pájaro solitario’ en el tejado (2S 14,11); verse como ‘volando’, ‘perderse’, desaparecer… Experimentar por dentro algo así como un ‘fuego amoroso’ (L 2,10). Pero dichos efectos sólo son perceptibles allí donde el sujeto en cuestión se ‘hace consciente’, se ‘vuelve sensible’, ‘cae en la cuenta’y ‘destapa el agujero’ (L 3,46).
1. LA ‘SENSACIÓN’ (Y ANHELO) DE UNA PRESENCIA ‘ENCUBIERTA’ Y ‘ESCONDIDA’
Si a manera de deprecación [súplica] podemos exclamar con Juan de la Cruz: ¡Descubre tu presencia!, es sólo para caer en la cuenta de que Dios, desde siempre, ya está presente en nuestras vidas. Dios, como creador de todo, está presente, desde siempre, en todo, en cada rincón de nuestro mundo, en cada corazón humano. Además, “un Dios que crea por amor vive volcado con generosidad total sobre todas y cada una de sus criaturas. El Dios que ‘hace salir el sol sobre malos y buenos y llover sobre justos e injustos’, llama a todos y desde siempre: no hubo desde el comienzo del mundo un solo hombre o una sola mujer que no nacieran amparados, habitados y promovidos por su revelación y por su amor incondicional”.
A nivel bíblico, Caná (‘el vino’) o el episodio de la samaritana (‘el agua’), en los primeros capítulos del evangelio de Juan, marcan el inicio de la nueva alianza, la sustitución de lo viejo, comenzando por el templo: ahora Jesús es el nuevo lugar de la PRESENCIA de Dios. “Maestro, ¿dónde vives?” (Jn 1,38): Jesús, la presencia dinámica de Dios entre los seres humanos, no tiene residencia fija, no tiene domicilio permanente, ni un centro de operaciones, va y viene según las circunstancias, pero donde Él esté, allí se encuentra el acceso a Dios.
Jesús usa la palabra ‘santuario’, que era la tienda del desierto, y en el templo la capilla que simboliza la presencia de Dios: Jesús es el santuario, que como Hijo asegura la presencia de Dios en el mundo. Y da como señal su propia muerte, que será su máximo servicio a la humanidad, y la máxima manifestación de la gloria de Dios, o sea, de la presencia de su amor… Jesús desafía a sus paisanos a suprimir el templo que es él mismo: ellos le matarán, pero no lograrán destruirlo, volverá a levantarlo a los tres días. Con la muerte de Jesús se acaban los templos, pero él va a rehacer la presencia de Dios que ellos suprimen. Ese templo quedará definitivamente levantado con la resurrección.
Y es que la fe implica una presencia salvadora absoluta de Dios junto a los seres humanos.
Lo que significa que, sean cuales sean las circunstancias en que nos encontremos, no hay situación alguna de la vida en la que Dios no pueda estar cerca de nosotros y en la que nosotros no podamos encontrarlo. La absoluta presencia de Dios en nuestro mundo se extiende no sólo a todo lo que hay lleno de encanto, belleza o justicia, sino incluso a lo que en la vida de los hombres hay de injusticia o violencia o egoísmo (Dios está allí presente como experiencia de perdón y de gracia), o de dolor o enfermedad (Dios está con el enfermo y en contra de la enfermedad, Dios es su ‘fuerza’). Pero no siempre resulta fácil ‘descubrir’ dicha presencia.
Texto sufí de AL-ANSARI, Abd Allah*
(1.006 -1.089, el sufí de la búsqueda y el encuentro) *
¡Dios mío! Si ha sido buscándote como alguien Te ha encontrado, yo, sin embargo, te he encontrado huyendo de Ti. Si ha sido mediante la búsqueda como alguien Te ha encontrado, yo he encontrado que eres Tú quien otorga la búsqueda.
Tú eres el camino que permite llegar a Ti. Tú eras al principio y serás al final. Tú eres todo y basta. Todo lo demás es locura.
Tu descubrimiento es una aurora que por sí misma surge de repente. Dios mío, solo hay alegría mediante Tu conocimiento, y vida mediante Tu descubrimiento.
Tu descubrimiento es vida del alma, invisible resurrección Tú, a quien descubrimos sin buscarte y, que en Tu descubrimiento, escapas a toda inteligencia.
Tú no estás lejos para que te busquemos, Ni ausente para que te reclamemos; Y no sabríamos encontrarte, sino por Ti mismo.
Señor, lo que siembra mi corazón, es la esperanza de verte. La primavera de mi corazón está en el prado de Tu encuentro”.
* Citado por Emilio Galindo Aguilar en su obra “La experiencia del Fuego”


Características de este Espacio y Tiempo en el silencio contemplativo
En cada encuentro nos gusta recordar los elementos que vamos construyendo, como son:
Silencio: donde el ritmo de un mantra o invocación personal acalla la mente y posibilita percibir la infinita atención de Dios hacia cada un@. Silencio como senda, hábito, que abre la mirada de nuestra atención hacia los demás, hacia todo, hacia Dios.
Textos inspirados: que quieren lanzar hacia el infinitito nuestro andar; el Carmelo tiene una riqueza singular de místic@s, sobre todo mujeres: Teresa de Jesús, Isabel de la Trinidad, Teresita de Lisieux … nos comunican su camino y su encuentro con Dios-Amor. Textos de nuestra diversa tradición cristina, ecuménicos, abiertos a la profundidad de todos los linajes y senderos. Y un anhelo, es nuestra identidad, también de textos místicos de otras tradiciones, en los que se refleja el camino y la relación con Dios, con otras palabras y maneras.
El Cuerpo que somos: reconocer su hablar, hablares. Atender la postura, la respiración, el movimiento, la relajación, la quietud; en nuestro cuerpo habita la relación con Dios.
En Soledad y en Compañía: donde la libertad de la experiencia personal se hace consciente y donde se cimentan las relaciones que somos con todo.
La Naturaleza: los “vestidos” de Dios, ojos del Amado, donde mirarla y ser miradas, donde sentirnos queridas en la Presencia.
El Amor Misterio de Dios: Hacemos consciente su Presencia como invocación, que sustenta y acoge todo y la “nada” que menciona Juan de la Cruz. Donde la confidencialidad que cuida, nos cuida y la sabiduría que nos legaron, nos forma. Donde el intercambio de nuestras palabras es apropiada, contagiosa, suficiente y caben todas.
