Queridos amigos del Carmelo Ecuménico e Interreligioso, CEI. El hilo conductor de la oración de este jueves trata sobre el abajamiento de Dios en el alma.
El abajamiento divino, el vínculo que Dios ha querido establecer con su criatura, se realiza por amor. La unión entre lo divino y el alma es pura gracia de Dios, que busca la transformación del ser humano y la comunión en un intercambio amoroso.
El abajamiento en la mística se experimenta como un descenso amoroso de Dios, que se inclina, se comunica, se derrama hacia su criatura. Es pura gracia, puro don, amor gratuito.
El ser humano vive la experiencia de ser habitado por un amor, que no se posee, sino que se recibe. Dios se abaja al alma cuando el alma deja de apropiarse, incluso de Dios.
Los místicos describen este descenso, como la presencia escondida de Dios en el centro del alma.
En el Cristianismo este abajamiento, kénosis o vaciamiento, se ha manifestado en la Encarnación y en la Cruz: “Así Dios nos manifestó su amor: envió a su Hijo único al mundo, para que tuviésemos Vida por medio de Él”.
S. Pablo en Filipenses (2, 6-8) dice: “Cristo Jesús, siendo de condición divina, no hizo alarde de su divinidad, sino que se despojó de sí mismo, tomando la condición de siervo…”
Jesús es la imagen viviente de Dios, es el hombre nuevo, que vive como hijo de Dios en el amor; el hombre que, ante el mal del mundo, se implica en la historia y elige el camino de la humildad, soportando la injusticia y la muerte. El misterio de la Cruz es el umbral de ese otro mundo, donde prevalece la plenitud y el amor.
Para Eckhart, el alma es receptáculo del absoluto, que posee una simiente divina, un núcleo interior que, cuando se cultiva mediante el desapego, la renuncia del yo y la entrega total, permite que Dios nazca en el alma. El alma ha de vaciarse de todo lo que no es Dios, para llegar a la experiencia de la unión mística, flujo constante entre contemplación y acción.
El nacimiento de Dios en el alma es al mismo tiempo un acto de gracia divina y una respuesta humana de libertad y receptividad.
El desasimiento nos permite vaciar el alma, para llenarla con la plenitud de Dios, de lo Absoluto. Este principio nos recuerda la paradoja evangélica: “Quien pierda su vida la salvará”.
Oración on line:
Dia 29.1.2026 jueves, a las 5,30h pm. puntualmente. La sala se abrirá a las 5,15 pm.
La duración será aproximadamente de 1,15h.
Unirse a la reunión Zoom
https://us02web.zoom.us/j/83713636409?pwd=dlhDZ1BJUC90MS92Y3BXZDBNSlFuUT09
ID de reunión: 837 1363 6409
Código de acceso: 8CiBPK
Textos orantes:
SANTA TERESA DE LISIEUX, OCD, Francia 1873 – 1897. Patrona de las Misiones, Doctora de la Iglesia, Doctora Amoris (del Amor). También figura en el calendario litúrgico de la iglesia anglicana.
De su Manuscrito A.
“Comprendí también que el amor de Nuestro Señor se revela lo mismo en el alma más sencilla, que no opone resistencia alguna a su gracia, que en el alma más sublime. Abajándose de tal modo, Dios muestra su infinita grandeza. Así como el sol ilumina a la vez a los cedros y a cada florecilla, como si solo ella existiera en la tierra, del mismo modo se ocupa también Nuestro Señor de cada alma personalmente, como si no hubiera más que ella.… todo está ordenado al bien de cada alma”.
Bhagavad Gita, 9
“Para todos los seres soy el mismo, y mi amor siempre es el mismo; pero quienes me adoran con devoción están en mí, y yo en ellos.
Pues aun si el más grande pecador me adora con toda su alma, ha de ser considerado entre los justos, pues justa es su voluntad. Y pronto se tornará puro y alcanzará la paz imperecedera.
Pues en esta promesa pongo mi palabra: el que me ama no perecerá”.

