

…. a modo de introducción
A primeros del mes de Mayo el Carmelo Ecuménico e Interreligioso, CEI, celebramos el encuentro anual de primavera. Mayo, en la huerta del convento de San juan de la Cruz es florido y hermoso casi tanto como su poema “Cantico Espiritual”. ¡Y cómo estaba de primaveral la huerta del Convento de Segovia! Un
convento en el que el propio fray Juan de la Cruz trabajó con sus manos tanto en las piedras como en el interior del alma conventual que hoy sigue hablando de espiritualidad, de Dios amor. Nos sentimos como en casa, el Carmelo Ecuménico e Interreligioso formamos parte de la gran familia teresiana san juanista.
El padre fray José María Hernández, Chema familiarmente, nos acogió y nos cuidó durante los 4 días que duró el encuentro, sabe del aprecio que nos provoca quien cuida con gran entrega de esta casa.
El padre fray Salvador Ros nos dirigió este nuestro retiro de formación. Nos habló, nos encandilo al trasmitir su saber y experiencia de la noche oscura de Santa Teresa, de su conversión progresiva y profunda, de su grandeza y de su humildad. Una continua invitación al encuentro con Dios, a permitir también el nuestro, abandonándonos en sus manos, como hizo Teresa.
Las reseñas que encontraréis a continuación hablan de lo que disfrutamos en esos días, de la alegría, el buen humor, de la comunión entre los participantes, de la fecundidad, la positividad y diversidad de la experiencia, de su hondura. A todo ello nos condujo el padre Salvador, la actitud personal de cada uno, las vísperas interreligiosas cotidianas, las danzas contemplativas…
En resumen, un regalo que Dios, nuestro buen Abba, nos preparó y del que gozamos en unidad.

Cali

Reseña del retiro de formación del CEI en Segovia, mayo del 2025.
Fue para mí algo muy grande, muy holístico, podría decir: experiencias de todo tipo; sociales, sensoriales, mentales y desde el alma.
Una experiencia de relación, por la acogida afectuosa y servicial de los frailes, y porque es un grupo “de ángeles”, protegido, de mentes abiertas. Como decía el poeta Rumí: “Ven, quien quiera que seas, ven; todo lo que se eleva converge.”
La belleza del huerto en primavera, esa exuberancia de vida nueva en la brisa, los olores, los colores: verdes tiernos, rojos de amapola, amarillos florales, el cielo azul, profundo y limpio… (Nos acompañó un tiempo ideal). El Alcázar, a lo lejos, como una visión espiritual del castillo de Santa Teresa; sus moradas en esa tensión del “sí, pero todavía no”.
También la experiencia implicó el cuerpo: hicimos estiramientos antes de las lecturas meditativas, danzas de oración, contemplación y alabanza en unión.
Preciosas fueron las vísperas interreligiosas, con lecturas cargadas de profundidad, significado, tolerancia y universalidad.
Las charlas de Salvador Ros me quitaron los prejuicios. Antes, entenderla me resultaba árido por el castellano antiguo, pero sus palabras me calaron más allá de la mente. No fue solo lo cognitivo (que transmitía con gran rigor de las fuentes sobre la conversión progresiva y profunda de Santa Teresa); había mucho más que conocimiento: transmitía su experiencia personal y una gran comprensión de su humanidad; revelaba una personalidad impresionante: lúcida, fuerte, sincera, franca, inteligente, poderosa, sensible, vulnerable, cercana, agradecida, buscadora, inteligente… y completamente actual en pedagogía, psicología y espiritualidad.
Comprendí mucho más su grandeza. Incluso, salvando las distancias infinitas, pude identificarme (e identificar a otros) con ella, en su proceso de conversión, con sus presencias, ausencias y ese deseo insaciable de Dios. La expetesis, que nos explicaba Salvador, es esa tensión del deseo que supone más deseo; hasta soltar completamente todo deseo y abandonarse, con la humildad de sentirse frágil e impotente, como san Agustín en el huerto, ante el amor de ese Jesús crucificado: “Haz tú lo que es en ti, y déjame tú en Mí.”
Saqué la conclusión de que Santa Teresa, en su conversión, nos deja el testimonio de un proceso “teopático”, (nos decía): pasa del “muero porque no muero” al “quiero vivir para servir, “Vuestra soy, para Vos nací, ¿qué mandáis hacer de mí?”; al abandono confiado en la voluntad de Dios. Ocurra lo que ocurra, en Él está la paz del corazón. Todo tiene sentido, aun sin entender: “Nada te turbe, nada te espante; Dios no se muda, la paciencia todo lo alcanza.”


Reseña de Paco del Retiro en Segovia.
¡Qué bondad, lo recibido en estos días ¡. Que irradiación de conocimientos, ideas, mensajes, historia, etc. transmitidos por Salvador. Todo ello en pro del crecimiento espiritual de cada uno de nosotros conforme a sus características individuales, facilitando la comprensión e infundido con flexibilidad, humanismo y cercanía. También con esa alegría y buen humor.
A esa densidad, también se le ha añadido el resto de actividades en la agenda. Laudes, misas, vísperas, momentos de oración y meditación, actividades en común, danzas y relajaciones. Todo muy variado, con mucho contenido y fuera de nuestros ambientes habituales y con personas conocidas de antes, o conocidas por primera vez.
Es una gracia cómo se puede confraternizar y vivir en esos espacios llenos de cálidas miradas, sin ‘trampantojos’, con esa bondad y esa confianza del uno en el otro. Ese estar sabiéndote protegido, amparado y querido, sin necesidad de ninguna protección, porque estás en la confianza de grandes personas que ni juzgan y tratan de aceptar la libertad y la individualidad del otro.
Que Dios os bendiga ¡
Conchi
El encuentro de Oración y Formación organizado por el CEI en Segovia ha sido una experiencia muy positiva en mi vida.
El lugar me cautivó desde el primer momento, sentía que todo en el Convento de San Juan de la Cruz hablaba de espiritualidad. Se percibía una energía muy especial que calaba hondo y se hacía notar en las oraciones y en los encuentros que teníamos, todo ello muy fecundo.
Hubo ambiente de comunión desde el principio que favoreció la relación interpersonal entre nosotros.
La formación impartida por Salvador Ros me pareció una maravilla, vivía lo que transmitía y llegaba al corazón. No todo lo que dijo lo comprendí bien, sé que la semilla está plantada y que germinará a su tiempo.
Al hablar del proceso de conversión de Santa Teresa nos adentrábamos en nuestro propio proceso de conversión por lo cual sus palabras resonaban dentro. Me llegó cuando dijo que “en toda auténtica conversión hay rendición”, es decir una confianza absoluta en Dios que transforma nuestras vidas. En sus palabras intuí una invitación a rendir mi vida a Dios, a no poner tantas resistencias, a vivir una vida en mayor plenitud y profundidad. Una llamada a la oración contemplativa y a conocer más a Santa Teresa y a San Juan de la Cruz.
Gracias al CEI por darme la oportunidad de tener esta experiencia en mi vida, un encuentro muy bien organizado, todo cuidado al detalle.


